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Cuba entra en su segundo día de apagón total sin una ruta clara de recuperación

Fuera de la capital, el panorama es aún más severo. Un residente de Las Tunas aseguró llevar 40 horas sin electricidad, pues el apagón en su zona comenzó antes del colapso nacional. Foto captura pantalla YouTube.

Redacción Central

La Habana. PLC | Cuba amaneció este sábado sumida en una oscuridad que ya supera las 24 horas, tras la octava desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional en lo que va de 2026. El colapso, ocurrido el viernes a la 1:57 de la tarde, ha dejado al país funcionando a retazos, con microsistemas aislados, circuitos que se energizan y vuelven a caer, hospitales sostenidos por grupos electrógenos y una población exhausta que acumula horas —y en algunos casos días— sin electricidad ni agua.

La Unión Eléctrica informó que el sistema logró reconectarse desde Pinar del Río hasta Nuevitas, en Camagüey, pero la interconexión con el oriente seguía sin confirmarse. En La Habana, la madrugada trajo breves momentos de alivio para algunos barrios, solo para sumirlos nuevamente en la oscuridad horas después. A las siete de la mañana, amplias zonas de la capital seguían sin servicio, con apenas las luces de generadores y circuitos priorizados rompiendo la penumbra. La Empresa Eléctrica reportó haber restablecido el servicio al 47,7% de los clientes, pero la cifra era engañosa: muchos de los circuitos recuperados volvieron a apagarse por la inestabilidad del SEN y el déficit de generación.

El suministro de agua también se vio afectado. Aunque los 18 sistemas principales de bombeo recuperaron electricidad en algún momento, solo nueve estaban operativos en la última actualización. Los hospitales habaneros, 46 en total, lograron mantener el servicio, pero la situación en los barrios seguía siendo crítica. En Centro Habana, la electricidad regresó cerca de las once y media de la noche y volvió a cortarse a las dos de la madrugada. En Plaza de la Revolución, el patrón fue similar: servicio a las diez y media, apagón a las tres. En Nuevo Vedado, la redacción de 14ymedio recuperó la corriente a las tres de la mañana y volvió a perderla a las 5:23.

Fuera de la capital, el panorama es aún más severo. Un residente de Las Tunas aseguró llevar 40 horas sin electricidad, pues el apagón en su zona comenzó antes del colapso nacional. En varias provincias, la única forma de sostener servicios esenciales ha sido la creación de “islas” de generación. En Pinar del Río, la subestación Pinar Oeste alimentó el Hospital Abel Santamaría y otros centros prioritarios. En Matanzas, varios circuitos se recuperaron mediante microsistemas durante la noche. En Sancti Spíritus, los hospitales funcionaban con grupos electrógenos y el proceso dependía de la escasa disponibilidad de combustible. En Santiago de Cuba, microsistemas vulnerables daban servicio parcial a cinco circuitos. En Guantánamo, los hospitales lograron conectarse gracias a sistemas en isla.

La recuperación enfrenta además un obstáculo mayor: una nueva avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, la planta más importante del país. Su director informó que la desconexión del SEN provocó tensiones mecánicas que dañaron la caldera, posiblemente con perforaciones en varios puntos del generador de vapor. La instalación necesita 72 horas para enfriarse antes de iniciar la inspección, prevista para el lunes por la tarde. Solo entonces se conocerá el alcance real de los daños y el tiempo de reparación. La Guiteras llevaba 44 días consecutivos en funcionamiento desde su reincorporación el 4 de agosto, y ahora permanece fuera de servicio sin fecha de retorno.

Mientras tanto, el Ministerio de Energía y Minas reportó que el ciclo combinado de Boca de Jaruco genera de forma estable, junto con cinco unidades que utilizan gas acompañante, dos del Mariel y dos de Santa Cruz del Norte. Las dos unidades de la central Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos, estaban en proceso de arranque. Pero la fragilidad del sistema es evidente: la desconexión comenzó con el disparo de dos líneas de transmisión de 220 kV —Matanzas-Cienfuegos y Matanzas-Santa Clara— que dividieron el país en dos zonas antes del colapso total. La UNE atribuyó parte del problema a condiciones meteorológicas inestables.

La imagen que deja este apagón es la de un país que opera en modo de emergencia permanente, con un sistema eléctrico envejecido, dependiente de parches y vulnerable a cualquier perturbación. La población, acostumbrada a apagones diarios por déficit de generación, enfrenta ahora un escenario más extremo: incertidumbre total sobre cuándo volverá la electricidad y cómo se sostendrán los servicios básicos mientras tanto.


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