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Cuba entra en zona de colapso energético mientras la Guiteras suma su avería número 23

La salida de la Guiteras agrava un panorama ya crítico. Antes de la avería, la Unión Eléctrica preveía para el pico nocturno una disponibilidad de apenas 1.170 MW frente a una demanda de 3.020 MW. Foto archivo

Redacción Central

La Habana. PLC | La termoeléctrica Antonio Guiteras volvió a salir del sistema electroenergético nacional este viernes, apenas cinco días después de su anterior avería. Con esta nueva parada —la número 23 en lo que va de 2026— la principal planta del país confirma un deterioro estructural que ya no puede ocultarse con partes oficiales optimistas ni promesas de reparaciones “en pocas horas”. La crisis energética cubana, lejos de estabilizarse, se profundiza y adquiere rasgos de colapso técnico.

La salida de la Guiteras se debió a un “salidero en línea de atemperamiento de vapor”, según el periodista oficialista José Miguel Solís. El subdirector técnico de la planta, Elmer García Romero, aseguró que la restitución de la tubería averiada concluiría rápidamente porque se trata de una línea exterior que no requiere enfriar la caldera. La central, dijo, “retomará el arranque en muy poco tiempo”. Sin embargo, la experiencia reciente contradice ese optimismo: la planta acumula fallos sucesivos, demoras en reparaciones y una obsolescencia que hace imposible prever su comportamiento.

La Guiteras había regresado al sistema el domingo pasado tras casi una semana fuera de servicio. Durante esa parada, brigadas especializadas realizaron soldaduras y sustituyeron tuberías dañadas. Que la nueva avería provenga precisamente de una tubería vuelve a poner en duda la calidad de los trabajos y la capacidad del régimen para ejecutar un mantenimiento integral que lleva meses prometiendo. La planta funciona como un cuerpo exhausto: cuando se sustituye una pieza, falla otra.

La salida de la Guiteras agrava un panorama ya crítico. Antes de la avería, la Unión Eléctrica preveía para el pico nocturno una disponibilidad de apenas 1.170 MW frente a una demanda de 3.020 MW. La afectación estimada era de 1.880 MW. Con la pérdida de los 180 MW que aportaba la Guiteras, el déficit total ascendió a 2.060 MW. Es un nivel de afectación que implica apagones prolongados en todo el país, incluso en horarios tradicionalmente protegidos.

A este déficit contribuyen las averías simultáneas en la Unidad 2 de Felton, la Unidad 8 de Mariel y las unidades 3 y 6 de Renté, además de los mantenimientos en Santa Cruz, Nuevitas y Renté. Otros 477 MW están indisponibles por “limitaciones en la generación térmica”. La red eléctrica cubana opera así en un estado de emergencia permanente, con múltiples bloques fuera de servicio y sin capacidad de reserva.

La Guiteras, que debería ser el pilar del sistema, se ha convertido en su principal fuente de inestabilidad. Su economizador —pieza que falló repetidamente durante meses— no presentó daños en las últimas dos averías, lo que confirma que el deterioro es ya integral: cuando un componente se estabiliza, otro colapsa. La planta no está fallando por un punto débil, sino por un desgaste acumulado que afecta a toda su estructura.

El régimen ha prometido desde principios de año un mantenimiento general profundo que nunca llega. Mientras tanto, la población enfrenta apagones de más de 20 horas, pérdida de alimentos, interrupciones del agua, afectaciones en hospitales y un deterioro social que se agrava cada semana. La crisis energética no es coyuntural: es el resultado de décadas de desinversión, improvisación y dependencia de plantas envejecidas que ya no pueden sostener la demanda nacional.

Para el PLC, la situación exige una lectura clara: Cuba no sufre una crisis eléctrica, sino un colapso del modelo energético estatal. La Guiteras es el síntoma más visible de un sistema que ha agotado su vida útil y que el Gobierno intenta mantener con soldaduras, promesas y partes oficiales que ya nadie cree. La falta de transparencia, la ausencia de planificación y la incapacidad para ejecutar inversiones reales han llevado al país a un punto en el que cada avería es un recordatorio de que el sistema ya no puede sostenerse.


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