CUBA-SOCIEDAD
Por Juan Moreno -Prensa Libre Cuba
La Habana. PLC | Los apagones interminables, de 20 y hasta 30 horas diarias, han convertido a Cuba en un escenario propicio para el crecimiento de la criminalidad. La oscuridad no solo apaga la luz de los hogares; también puede abrir paso a asaltos, asesinatos, violaciones, secuestros y actos de vandalismo.
La crisis multisistémica que atraviesa la Isla —marcada por la falta de alimentos y productos básicos, así como por una economía prácticamente paralizada— empuja a miles de personas a la desesperación, mientras los delincuentes encuentran en la penumbra un terreno favorable para actuar.
Lejos de garantizar la seguridad ciudadana, el régimen muestra, según sus críticos, desinterés e incapacidad para mantener el orden público. Sus recursos y prioridades no estarían dirigidos exclusivamente a proteger a las familias, sino también a controlar y reprimir a la población.
La criminalidad no es solo una consecuencia de la crisis: también puede convertirse en un instrumento de control social. El miedo a ser víctima de un delito se suma al temor a la represión, creando un círculo vicioso que paraliza a la sociedad y contribuye a mantener el poder de quienes gobiernan.
Los apagones no son simples fallas eléctricas: son el telón de fondo de un país donde la oscuridad se convierte en parte de la vida cotidiana. El aumento de la inseguridad en las calles refleja la gravedad de una crisis que ha dejado a millones de cubanos viviendo entre la penumbra, la incertidumbre y el temor.

La Habana. Periodista independiente, integrante del equipo editorial de Prensa Libre Cuba.
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