CUBA-CRISIS ENERGETICA
La Habana. PLC | La explosión de paneles solares en los techos de La Habana, celebrada por algunos como una oportunidad histórica para aliviar los apagones, se ha convertido en un síntoma más del desorden técnico y regulatorio que atraviesa Cuba. En los últimos meses, miles de ciudadanos han instalado sistemas fotovoltaicos por su cuenta, sin asesoría profesional ni permisos, en un intento desesperado por enfrentar la crisis energética que golpea a la Isla desde hace años. El fenómeno, que comenzó como una solución doméstica, ya preocupa al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), que advierte sobre riesgos estructurales, fallas técnicas y un crecimiento descontrolado que podría generar problemas mayores.
Armando Rodríguez Batista, titular del Citma, reconoció que la proliferación de paneles solares en los techos constituye una oportunidad inédita para aprovechar la energía solar en zonas urbanas, pero alertó que el proceso debe ser ordenado para evitar daños en viviendas y edificios. Su mensaje, publicado en redes sociales y retomado por la prensa oficial, subraya que la instalación masiva de paneles no puede seguir avanzando sin criterios técnicos ni supervisión.
La arquitecta Dania González Couret, profesora de la CUJAE y fundadora de Cuba Solar, ha sido una de las voces más claras sobre el problema. Sus estudios en El Vedado demuestran que los paneles, cuando se colocan correctamente entre 15 y 30 grados respecto a la horizontal, no solo generan electricidad sino que reducen la carga térmica de las viviendas. Pero la especialista advierte que muchas instalaciones se están realizando sin conocimientos adecuados, con paneles colocados en ángulos incorrectos, estructuras improvisadas y montajes que no cumplen requisitos de seguridad. “Se están haciendo cosas mal hechas”, afirmó, señalando que hay personas cobrando por instalar paneles sin tener preparación técnica.
El caos se agrava en edificios multifamiliares, inmuebles antiguos y zonas históricas, donde cualquier modificación estructural requiere permisos y evaluaciones de carga. Sin embargo, la urgencia por enfrentar los apagones ha llevado a muchos ciudadanos a actuar por su cuenta, sin consultar a especialistas ni autoridades. Las consecuencias pueden ir desde filtraciones y daños en techos hasta riesgos de colapso en estructuras debilitadas.
La mayoría de los usuarios ha optado por sistemas autónomos, desconectados de la red eléctrica, porque los primeros intentos de conexión a la red fracasaron: cuando se iba la electricidad, los paneles conectados también dejaban de funcionar. Estos sistemas independientes requieren baterías costosas, con ciclos de vida que generan impacto ambiental y que, además, no permiten aprovechar la red como almacenamiento. La improvisación técnica y la falta de regulación han creado un ecosistema desigual, donde cada familia intenta resolver como puede, sin garantías de seguridad ni eficiencia.
El Gobierno ha anunciado que no aplicará sanciones a quienes ya tienen paneles instalados, pero insiste en la necesidad de ordenar el proceso y unificar criterios entre municipios. La Resolución 114 del Ministerio de Finanzas y Precios, que fija en 90 pesos el pago por cada kilovatio inyectado al sistema eléctrico y exime de impuestos esos ingresos, intenta incentivar la integración de la energía solar en la red nacional. Sin embargo, la falta de infraestructura, la debilidad del sistema eléctrico y la ausencia de una política clara para la conexión de paneles domésticos siguen siendo obstáculos.
El boom de paneles solares es, en realidad, una respuesta ciudadana a la incapacidad del Estado para garantizar un servicio eléctrico estable. Los apagones prolongados, la obsolescencia de las termoeléctricas y la falta de inversión han empujado a los cubanos a buscar soluciones individuales. Pero la improvisación masiva revela otra grieta: sin planificación, sin asesoría técnica y sin regulación efectiva, la transición hacia energías renovables puede convertirse en un problema estructural más, sumándose a la crisis habitacional y al deterioro urbano.
La energía solar podría ser una salida parcial a la crisis, pero solo si se integra de manera segura, planificada y con criterios técnicos. De lo contrario, el caos de los paneles en los techos de La Habana será recordado como otro capítulo de la larga historia de soluciones improvisadas que intentan tapar, sin éxito, las fallas profundas del sistema energético cubano.
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