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La Habana se queda sin gas y suma nuevos sobresaltos en medio del deterioro energético

La empresa estatal responsable del servicio no ha ofrecido un parte técnico detallado, pero reconoció que la avería es de “gran envergadura” y que las reparaciones avanzan lentamente debido a la falta de piezas y equipos especializados. Foto medios sociales.

Redacción Central

La Habana. PLC | La Habana atraviesa otra semana marcada por fallas críticas en los servicios básicos. Una avería en el sistema de gas manufacturado dejó sin suministro a siete municipios de la capital, afectando a miles de hogares que dependen de ese combustible para cocinar y realizar tareas esenciales. La interrupción, que comenzó de manera súbita, obligó a muchas familias a improvisar con resistencias eléctricas, fogones artesanales o carbón, en un contexto donde la electricidad tampoco es estable.

La empresa estatal responsable del servicio no ha ofrecido un parte técnico detallado, pero reconoció que la avería es de “gran envergadura” y que las reparaciones avanzan lentamente debido a la falta de piezas y equipos especializados. En barrios de Centro Habana, Cerro, Habana Vieja y Diez de Octubre, los vecinos describen colas para acceder a alimentos ya cocinados, discusiones con brigadas locales y un clima de creciente irritación. La paralización del gas manufacturado se suma a los apagones prolongados que han golpeado la capital en las últimas semanas, profundizando la sensación de colapso de la infraestructura urbana.

A este panorama se añade la actualización sobre el incendio ocurrido días atrás en una instalación de CUPET en La Habana. De los seis trabajadores lesionados, cuatro han sido dados de alta, mientras dos permanecen hospitalizados bajo observación médica. El siniestro, que generó una columna de humo visible desde varios puntos de la ciudad, reavivó las preocupaciones sobre la seguridad industrial en un sector marcado por la obsolescencia tecnológica y la falta de mantenimiento.

La combinación de averías, incendios y cortes eléctricos dibuja un escenario cada vez más frágil para la vida cotidiana en la capital cubana. Las autoridades insisten en que trabajan para restablecer los servicios, pero la población percibe que cada reparación llega tarde y que cada falla abre una nueva grieta en un sistema que ya no logra sostenerse. En La Habana, la normalidad se ha convertido en un ejercicio de resistencia diaria.


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