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El Che que murió antes de ser asesinado en Bolivia

Ernesto Guevara de la Serna fue asesinado hace 58 años, pero llevaba muerto desde 1965, cuando acabó su tiempo cubano hasta el extremo que, una vez derrotado, Fidel Castro volvió a bajarle la ventanilla porque si lo dejaba regresar a La Habana, corría el riesgo de convertirlo en el Quijote de la Tricontinental. Foto ©PLC

Por Carlos Cabrera Pérez -Prensa Libre Cuba

Madrid. PLC | Ernesto Guevara de la Serna fue asesinado hace 58 años, pero llevaba muerto desde 1965, cuando acabó su tiempo cubano hasta el extremo que, una vez derrotado, Fidel Castro volvió a bajarle la ventanilla porque si lo dejaba regresar a La Habana, corría el riesgo de convertirlo en el Quijote de la Tricontinental, lo escondió en Praga y Manuel Piñeiro se encargó de operarlo hasta su suicida entrada en Bolivia.

Algunos foros zurdos, rosados y wokes, suelen reproducir el psicológico enfoque de contraponer un Che idealista a un Fidel pragmático, eludiendo las causas reales del destierro del  argentino y sin atreverse siquiera a reconocer que el comandante en jefe estaba atrapado entre Washington y Moscú y vivió la angustia de tener que elegir y soltó una potala que complicaba su travesía.

Castro avanzó al comunismo desde la conquista y consolidación del poder, Che juzgaba al poder y a quienes lo detentaban, desde las exigencias de una auténtica revolución. El argentino no cuadraba la caja con los bolos, el jesuita entró por el aro. Guevara criticaba el burocratismo, pero no era un liberal y rechazó las acusaciones de maoísta que empezó a endilgarle la maquinaria castrista y sus adláteres.

¿Qué pasó entonces para que Guevara, habiendo ocupado cargos relevantes, ostentar el grado de comandante y convertirse en santón laico del igualitarismo, acabara largándose al Congo, donde un blanco afrancesado tenía todas las de perder; como reconoce en su diario: Esta es la historia de un fracaso y también cuenta “Pombo” en sus recuerdos censurados y maquillados por la Editora Política.

Para embarajar el tiro de gracia al Che, Castro y sus repetidores de antena difundieron y aún repiten la teoría oportunista de que la salida de Guevara fue un pacto entre ambos, sellado en México, durante los preparativos de la expedición del Granma y que la revolución no debía quedar atrapada en las fronteras de la isla. Aquello de uno, dos, tres, muchos Viet Nam. Pero los boleros revolucionarios ocultan que Ñico López, cripto del GRU/PSP infiltrado en el M-26-7, caminó al argentino con sus jefes en Moscú, desde que lo perfiló en casa de María Antonia.

Fidel tuvo una capacidad extraordinaria para aglutinar fuerzas diferentes y convertir una coalición nacionalista y antibatistiana en una estructura de poder, que fue depurando; en sucesivos ñámpiti gorrión a los majaderos, y al Che se la aplicó, usando la típica emboscada comunista de generar un debate de ideas entre revolucionarios, pero con cartas marcadas.

La discusión-celada sobre el socialismo, que fue su hilo argumental, bajo el manto de un gran debate económico, tuvo lugar en publicaciones de ministerios cubanos de la época y en ella participaron; entre otros:

1. Ernesto Guevara de la Serna. Defendía el Sistema Presupuestario de Financiamiento: dirección centralizada de la economía, empresas integradas en un plan común y predominio de los incentivos morales, sin conceder a la ley del valor el papel regulador de la producción.

2. Carlos Rafael Rodríguez Rodríguez. Defendía el cálculo económico: autonomía financiera de las empresas estatales, contabilidad de costes y resultados y utilización de mecanismos monetarios y de incentivos materiales. Su intervención recogida en el libro es una valoración posterior de la contribución del Che, no uno de los textos originales de la polémica.

3. Marcelo Fernández Font. Defendía el cálculo económico y el papel de la banca y el crédito en la economía socialista; posteriormente reconoció que, en el plano conceptual, el sistema del Che se acercaba más a la sociedad futura que ambos pretendían construir.

4. Alberto Mora Becerra. Defendía la vigencia de la ley del valor durante la transición socialista y, por tanto, la utilidad de las categorías mercantiles en la economía estatal.

5. Luis Álvarez Rom. Respaldaba el sistema del Che y trabajó en su aplicación financiera; defendía que el presupuesto estatal podía servir como instrumento de transformación económica y política.

6. Joaquín Infante Ugarte. Defendía la empresa autofinanciada, con autonomía financiera y responsabilidad por sus resultados económicos.

7. Alexis Codina Jiménez. Analizó los mecanismos de control dentro del Sistema Presupuestario de Financiamiento desde su experiencia en una empresa estatal; su contribución se sitúa en el campo de la aplicación práctica del modelo del Che.

8. Mario Rodríguez Escalona. Defendía el Sistema Presupuestario de Financiamiento y examinaba la función de las finanzas públicas en la transición al socialismo.

9. Miguel Cossío Woodward. Intervino sobre la ley del valor. Su posición se aproximaba a la crítica del Che a la regulación mercantil, aunque conviene consultar el texto completo para precisar sus matices.

10. Charles Bettelheim (francés). Defendía una planificación socialista que tuviera en cuenta el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones económicas objetivas; aceptaba un papel más amplio de las categorías mercantiles que el propuesto por Guevara.

11. Ernest Mandel. (belga) Consideraba que las categorías mercantiles podían sobrevivir durante la transición, pero distinguía esa supervivencia de que la ley del valor tuviera que dirigir la producción. Su posición era próxima a la crítica del Che, aunque no idéntica.

De aquella pelea teórica, Guevara salió derrotado y sintió que su tiempo en Cuba había acabado, no sin antes pitar regao en Argel contra Moscú; criticando abiertamente sus relaciones económicas “perjudiciales” con los países pobres.

El cuarto de Aleida cogió candela y su marido tomó  las de Villadiego, eligiendo un enclave raro y peligroso porque África estaba inmersa en plena descolonización, sus jóvenes dirigentes eran muy celosos de su autonomía y pugnaban con rivalidades de tribu, las viejas metrópolis intentaban preservar su influencia geopolítica, en medio de la Guerra Fría, que puso a competir a Estados Unidos, la Unión Soviética y a China en el tablero africano.

El mito Che Guevara parte de la industria turística de Cuba. Foto © PLC

Guevara llegó a un Congo belga sacudido por una independencia precipitada, una crisis de Estado y las apetencias neocoloniales de consorcios extranjeros en busca de su cobre, cobalto, estaño, diamantes y uranio; mientras las nuevas autoridades carecían de la preparación adecuada, la administración mantuvo sus tics viejos, el ejército era precario y el país estaba sacudido por notables divisiones políticas y regionales y un claro enfrentamiento entre gobierno y rebeldes y secesionistas.

Una clave para entender el fracaso del Che en el Congo es que no bastaba con exportar combatientes, armas y experiencia guerrillera cubanos, era imprescindible comprender las fuerzas políticas congoleñas, sus relaciones y sus objetivos, y conseguir que la injerencia castrista se integrara eficazmente en ellas.

Pero nunca lo consiguió y tuvo que huir a Praga, quedando atrapado en la intrincada tela de araña urdida por Barbarroja y sus muchachos, entre marzo y julio de 1966.

En esos cuatro meses, Guevara viajó por Europa Occidental, probando su identidad y apariencia falsas, sin ser detectado por la CIA y sus homólogas de Francia, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica o Alemania, porque los cubanos ocultaron a los checos la verdadera identidad del huésped de una casa operativa de la propia StB.

El sigilo de Piñeiro obedecía al temor de que la seguridad checoslovaca estuviera penetrada por la Contrainteligencia estadounidense, como confirmó después la deserción de Josef Frolík, un oficial de la Inteligencia checa que, previamente colaboró con la CIA.

Pombo dejó testimonio de que su jefe, desde la Sierra Maestra y la invasión, planeó trasladarse a vivir en Francia, en abril de 1966, pasar allí un tiempo con una identidad encubierta y dirigirse después a Perú. Bolivia no era el destino inicial para reincorporarse a la lucha armada. Pero Liberación; feudo de Piñeiro tras su salida formal de la Inteligencia para complacer a los soviéticos, consideró arriesgada la idea.

DIOSDADO O RICARDO BENÍTEZ

José Gómez Abad fue Diosdado para el Che y Ricardo Benítez para Tania; la guerrillera que no disparó un tiro, hizo un regalo invaluable a la Contrainteligencia boliviana, siendo jefa de una red de Ilegales con experiencia operativa y la única muerta en la emboscada de Vado del Yeso, que recibió cristiana sepultura, por orden expresa del presidente boliviano, el general René Barrientos.

A comienzos de junio, Diosdado y Guevara acordaron preparar pasaportes uruguayos para el Che y Alberto Fernández Montes de Oca, “Pachungo”. Gómez Abad recuerda que lo hicieron porque esperaba que Guevara decidiera salir pronto de Praga rumbo a Francia. Sin embargo, a finales de junio, Piñeiro le comunicó que el viaje quedaba cancelado y que el Che regresaría a Cuba. Diosdado asegura que no le explicaron las razones del cambio de planes.

Mientras esto sucedía en Europa y Cuba, Rodolfo Saldaña y Luis Tellería; miembros del partido comunista boliviano gestionaron la compra de una finca y la concesión de una explotación forestal en la región de El Alto Beni, fronteriza con el Ayacucho peruano. Pero el partido comunista de ese país se opuso al desembarco del Che y aquella negativa provocó que se partiera en dos, el grupo prosoviético y el grupo que después se conoció como Sendero Luminoso, de dilatada ejecutoria terrorista y sangrienta, pero que nunca tuvo vínculos con Cuba.

Por tanto, la elección de Bolivia fue un recurso precipitado, que obligó a La Habana a engañar a Mario Monge, demonizado por el castrismo, pese a que cumplió lo prometido a Fidel, a petición del comandante en jefe: apoyar el tránsito hacia Argentina de una figura revolucionaria relevante. El propio Che pidió disculpas a Monge en la tensa entrevista entre ambos del 31 de diciembre de 1966.

La historia del segundo y mortal fracaso guerrillero de Guevara es más conocida. En once meses no consiguió reclutar a un solo nuevo integrante, los refuerzos prometidos por La Paz y entrenados por La Habana -que cortó toda comunicación con la guerrilla- nunca llegaron, Regis Debray y Ciro Bustos hablaron como gallinas (Che dixit), Tania la guerrillera dejó documentación operativa de la red urbana en el yipi en el que viajó hasta Camiri y que cayó en manos del ejército. Un descuido impensable en una oficial operativa.

La CIA quería mantener vivo a Guevara, el alto mando boliviano impuso su criterio de matar al invasor y nacieron el Guerrillero heroico, la ruta turística del Che y la leyenda brujera de que quien visita la casa natal y la tumba en Santa Clara, termina enfermo y muerto; como Fidel y Chávez, o grave como el ex diputado italiano Alessandro Di Battista.

FIDEL CONTRA EL CHE

Pero cuando Castro constató que Guevara lo superaba en popularidad mundial, intentó arrinconarlo con el sugestivo título de Guerrillero heroico, que solo fue otro de sus papalotes en almíbar, porque el Che fue un fracaso como combatiente, pero la mayoría de la progresía mundial compró el mensaje de La Habana sin rechistar, convirtió al héroe en merchandaising y difundió la famosa foto de Alberto Korda por los cuatro puntos cardinales.

Fidel Castro y Che Guevara en el imaginario revolucionario. Foto © PLC

Parte del Partido Comunista de Bolivia y sus camaradas en la región nunca entendieron el afán de La Habana en un Che bélico y el ocultamiento de su pensamiento.

Como la ola guevariana no amainaba, el comandante en jefe convocó a Gianni Miná a La Habana, donde le contó el secretico operativo de que el Che había estado clandestinamente en Cuba, antes de ir a suicidarse en Bolivia, tras una escala técnica en Praga, y lo llevó al Centro de Biotecnología, a conocer un aparato con nombre de trabalenguas: espectrómetro de masas. Favor no confundir con los cedeerres.

Corría 1987 y -como era habitual en Castro, que olía el peligro a leguas- ordenó a Carlos Tablada Pérez que “rescatara” el pensamiento económico del Che porque tenía que darle bajanda a Afanasiev y a todo lo que oliera a la guardarraya de Volokolamsk. Tablada, que no había tenido suerte editorial con su rastreo guevariano de tres quinquenios; pese a trabajar cerca de Fidel, como director económico de la EMPROVA, ganó el premio Casa de las Américas en la modalidad de Ensayo.

El cambio de palo pa rumba fue tan copernicano, que varios miembros de la guara económica, que no habían cogido la seña correcta, se opusieron a que el libro se presentara en un congreso de economistas, celebrado en noviembre de aquel año. Fidel Castro que, otra vez gato, se había leído el manuscrito, respaldó su publicación y difusión y, el 8 de octubre de 1987 llamó públicamente a estudiar las ideas económicas del Che, que consideraba insuficientemente conocidas en Cuba.

¿Quien sería el culpable de tan escasa difusión?

Este jueves y viernes, La Habana se llenará de elogios fúnebres y ditirambos oportunistas; sin que nadie exija explicaciones del sacrificio inútil de 13 cubanos en la flor de sus vidas.

Mientras la decadente y casi silente ciudad letrada tardocastrista seguirá atrapada en una olla reina atiborrada de arroz con mango, donde los cocineros de guardia  meten a José Martí, Antonio Gramsci, Fidel y Raúl Castro, Oskar Lange, Ernesto Guevara, Deng Xiaoping y Nguyễn Phú Trọng para intentar socorrer al desastre comunista en su baba recurrente: cambios económicos baldíos, sin democracia; mientras pioneritos debutantes exclamarán que serán como el Che…


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