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El régimen endurece su ofensiva contra la libertad de expresión: el caso de El4tico y la nueva doctrina del miedo

La Fiscalía Provincial de Holguín acusa a Medina y Zayas de propaganda contra el orden constitucional, difamación de instituciones y héroes, e instigación a delinquir. Captura de uno de los videos del El4tico. En la foto Kamil Zayas Pérez | Facebook El4tico

Redacción central

4 minutos de tiempo de lectura.

La Habana. PLC | La petición fiscal de ocho y diez años de prisión contra Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas, creadores del proyecto independiente El4tico, marca un nuevo punto de inflexión en la ofensiva del régimen cubano contra la libertad de expresión. El caso, que se suma a la reciente condena de Anna Bensi y su madre, confirma una estrategia represiva que ya no se limita a silenciar voces críticas, sino que busca desarticular cualquier intento de pensamiento autónomo entre los jóvenes.

La Fiscalía Provincial de Holguín acusa a Medina y Zayas de propaganda contra el orden constitucional, difamación de instituciones y héroes, e instigación a delinquir. Los cargos, formulados con la elasticidad habitual del aparato judicial cubano, se basan en la producción de contenidos audiovisuales críticos y en supuestos vínculos con opositores en el exilio. El documento fiscal, al que tuvo acceso Martí Noticias, describe como “actividad subversiva” el hecho de acondicionar un cuarto para grabar videos, usar teléfonos y micrófonos comprados en el exterior y mantener comunicación con figuras como Yunior García Aguilera, Carolina Barrero o Amelia Calzadilla.

La madre de Ricardo Medina lo resume con una claridad que desarma cualquier retórica oficial: “En Cuba no existe un Estado de Derecho. No tenemos ninguna garantía jurídica. Los condenarán porque ejercieron el derecho de la libertad de expresión”. Su afirmación coincide con la percepción generalizada de que la Seguridad del Estado es la única institución que funciona con precisión en un país donde casi todo lo demás se derrumba. Es el mecanismo que garantiza la perpetuación del poder, y su eficacia represiva se exhibe ahora como prueba de lealtad ante los nuevos equilibrios geopolíticos del régimen.

El4tico no era un movimiento clandestino ni un proyecto de resistencia organizada. Era un espacio de crítica, análisis y humor político que buscaba incentivar el pensamiento crítico entre los jóvenes. “Nos hemos acostumbrado durante muchos años a que nos impongan una forma de pensar, pero las nuevas generaciones ya no aceptan eso”, dijo Medina. Esa frase, más que cualquier video, explica por qué el régimen ha decidido aplastar el proyecto: la crítica espontánea, horizontal y no partidista es más peligrosa para el poder que cualquier organización formal.

Los jóvenes llevan ocho meses en prisión preventiva, recluidos en la Prisión Provisional de Holguín. Durante ese tiempo, han sido presionados para retractarse. Medina denunció que la Seguridad del Estado intentó obligarlo a grabar un video de arrepentimiento. Se negó. “Arrepentirme sería una mentira”, escribió en una carta divulgada por su madre. Zayas, por su parte, envió un mensaje que ya circula como símbolo de resistencia: “Ha valido la pena. No se rindan. Construyamos ahora un pueblo, uno justo y bueno. Viva Cuba Digna”.

El caso llega en paralelo a la condena de Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, a dos años de limitación de libertad. La coincidencia temporal no es casual: el régimen busca enviar un mensaje claro. No importa si la crítica viene de un influencer cristiano, de un proyecto audiovisual independiente o de una madre que graba a un policía para protegerse. Toda expresión autónoma será castigada.

La acusación contra El4tico también revela la nueva doctrina del miedo: criminalizar la tecnología, la comunicación y el vínculo con la diáspora. La Fiscalía presenta como prueba de “actividad contrarrevolucionaria” el uso de computadoras, cámaras y micrófonos, herramientas comunes en cualquier proyecto audiovisual. También intenta convertir en delito la comunicación con exiliados que, en algún momento, han expresado desacuerdo con el régimen. Es un intento de aislar a los jóvenes, de cortar puentes, de impedir que la sociedad civil cubana se nutra de ideas y experiencias externas.

La reacción internacional ha sido inmediata. Cubalex, el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa, Prisoner Defenders, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han denunciado el caso como una violación flagrante de derechos fundamentales. La comunidad internacional observa con preocupación cómo el régimen endurece su aparato judicial para convertir la libertad de expresión en delito.

El juicio oral se celebrará en un plazo mínimo de diez días. Nadie espera justicia. La madre de Medina lo dijo sin rodeos: “Quizás se les rebaje un poco la condena, pero que van a ser condenados no nos cabe la menor duda”. En Cuba, la sentencia no la dicta el tribunal, sino la Seguridad del Estado.

El caso de El4tico no es un episodio aislado. Es parte de una estrategia más amplia: sofocar la crítica, intimidar a los jóvenes, controlar la narrativa y demostrar que el Estado puede aplastar cualquier iniciativa independiente. Pero también es evidencia de algo que el régimen no puede detener: la emergencia de una generación que ya no acepta el silencio como destino.


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