DERECHOS HUMANOS
La Habana. PLC / En una operación que reproduce punto por punto el esquema aplicado días atrás contra Luis Manuel Otero Alcántara, el régimen cubano sacó este viernes al rapero y activista Maykel “Osorbo” Castillo Pérez de la prisión de Kilo 8, en Pinar del Río, sin notificación oficial, sin comunicación con su familia y sin información sobre su destino. El artista, uno de los rostros más visibles del Movimiento San Isidro y coautor del himno contestatario Patria y Vida, se encuentra ahora en paradero desconocido, según confirmaron fuentes cercanas y organizaciones de derechos humanos.
La maniobra reproduce un patrón que ya ha encendido alarmas internacionales: traslado extrajudicial, incomunicación absoluta y opacidad total por parte del Estado. En el caso de Otero Alcántara, la desaparición llevó al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU a activar una Acción Urgente, un mecanismo reservado para situaciones de riesgo extremo. La salida de Osorbo de Kilo 8, sin registro público ni explicación, sugiere que el régimen está aplicando la misma estrategia con otro de los presos políticos más emblemáticos del país.
Osorbo cumplía una condena de nueve años por los delitos de desacato, atentado y desórdenes públicos, en un proceso ampliamente cuestionado por organizaciones internacionales. Su salud se había deteriorado en prisión, con reportes de infecciones, pérdida de peso y falta de atención médica adecuada. La abrupta extracción del penal, sin garantías ni supervisión judicial, incrementa la preocupación sobre su integridad física y sobre la posibilidad de que el Gobierno esté recurriendo a desapariciones temporales como mecanismo de presión, silenciamiento y control político.
La desaparición de dos figuras centrales del Movimiento San Isidro en menos de una semana ocurre en un contexto de máxima tensión en Cuba. Los apagones prolongados, la escasez de combustible, el colapso económico y las protestas espontáneas han debilitado la capacidad del régimen para sostener la narrativa oficial. En este escenario, la represión selectiva contra líderes culturales y opositores con alta visibilidad internacional parece formar parte de una estrategia para evitar nuevos focos de movilización.
Organizaciones como Cubalex, Prisoners Defenders y Amnistía Internacional han exigido información inmediata sobre el paradero de Osorbo y han alertado sobre el riesgo de que el régimen esté aplicando un patrón sistemático de desapariciones forzadas. Diplomáticos europeos consultados señalan que estos casos serán incorporados a los informes sobre derechos humanos en la Isla, en un momento en que la relación entre La Habana y la comunidad internacional atraviesa su punto más frágil en años.
El Gobierno cubano, como en el caso de Otero Alcántara, guarda silencio. La desaparición de Maykel Osorbo no solo agrava la crisis de derechos humanos en Cuba, sino que confirma que el régimen ha adoptado una táctica de opacidad extrema para gestionar a sus opositores más influyentes. En medio del deterioro institucional y social, el paradero del rapero se convierte en un símbolo inquietante de la deriva represiva del Estado.
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