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La noche cubana estalla en protestas mientras el sistema eléctrico se derrumba

Imagen de una de las protestas en Centro Habana. Foto captura video propagado por Internet.

La Habana. PLC — La Habana atraviesa otra noche de tensión, ruido metálico y sombras alargadas. Los cacerolazos, que comenzaron como estallidos aislados en barrios periféricos, se han extendido hacia zonas más céntricas de la capital, donde la población lleva más de 40 horas sin electricidad. En Centro Habana, el eco de las ollas golpeadas se mezcla con el olor a basura quemada y el zumbido de las patrullas policiales que recorren las calles con las luces apagadas, intentando contener un descontento que ya no se oculta.

Los videos que circulan desde la madrugada muestran grupos de vecinos reunidos frente a edificios oscuros, algunos con teléfonos en alto para registrar lo que ocurre, otros encendiendo pequeños fuegos para iluminar las esquinas. En varias calles, montones de desechos arden como señal de protesta y como forma de espantar la oscuridad absoluta que cubre la ciudad. “La Habana está en candela”, repiten los vecinos, no como metáfora, sino como descripción literal de una ciudad que arde en múltiples puntos mientras la policía intenta dispersar a los manifestantes.

A medida que las protestas crecían, comenzaron también los reportes de cortes selectivos de internet en zonas críticas de la capital. Usuarios de varios municipios denunciaron la caída repentina de los datos móviles justo en los momentos de mayor concentración de personas en las calles. La interrupción, que afecta sobre todo a barrios donde se registran cacerolazos y fogatas, impide transmitir en directo, compartir ubicaciones o coordinar nuevas concentraciones. Para muchos habaneros, la oscuridad eléctrica se ha visto acompañada por una oscuridad digital que busca aislar a los manifestantes y reducir la visibilidad internacional de lo que ocurre.

El origen inmediato de esta nueva ola de protestas es el colapso energético que golpea al país desde hace semanas y que este sábado alcanzó uno de sus picos más críticos. Según datos internos de la Unión Eléctrica, Cuba enfrenta un déficit cercano a los 2.000 MW, una cifra que deja al país prácticamente a oscuras. Nueve de las 16 termoeléctricas están fuera de servicio por averías, falta de combustible o mantenimiento prolongado. El resultado es un apagón masivo que afecta simultáneamente a varias provincias y que ha dejado a La Habana en una situación inédita: cortes de más de un día completo en zonas densamente pobladas.

La tensión acumulada estalló con fuerza al caer la noche. En barrios como Cerro, Diez de Octubre, Centro Habana y Marianao, los vecinos salieron a las calles golpeando cacerolas, gritando consignas y exigiendo el restablecimiento del servicio eléctrico. En algunos puntos, los manifestantes encendieron fogatas improvisadas con basura acumulada, mientras la policía desplegó unidades motorizadas y agentes vestidos de civil para intentar dispersar los grupos.

La escena se repite con variaciones en distintos puntos de la ciudad: calles completamente a oscuras, fachadas apenas iluminadas por las llamas de los contenedores incendiados, y un silencio tenso que se rompe de pronto con un estallido de cacerolas o un grito colectivo. La falta de electricidad no solo afecta a los hogares; también ha paralizado el suministro de agua en varios municipios, lo que agrava la sensación de abandono y desesperación. A ello se suma la imposibilidad de comunicarse libremente: sin luz, sin agua y ahora también sin internet, muchos habaneros sienten que el país se les apaga por todos los frentes.

Mientras tanto, el Gobierno mantiene un silencio casi absoluto. No hay explicaciones detalladas, no hay cronogramas de recuperación, no hay señales de alivio inmediato. Solo la presencia creciente de fuerzas de seguridad en las calles y los cortes de conectividad, un recordatorio de que la respuesta oficial sigue siendo la contención antes que la solución.

La Habana, una ciudad acostumbrada a sobrevivir a la penuria, parece haber llegado a un punto de quiebre. La combinación de apagones interminables, incendios espontáneos, protestas nocturnas, interrupciones de internet y un aparato policial desplegado en cada esquina dibuja el retrato de una capital al borde del colapso. Y mientras la oscuridad persista, la tensión seguirá creciendo, alimentada por un malestar que ya no se oculta en los susurros, sino que resuena en cada golpe de cacerola que atraviesa la noche cubana.


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