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La pesca estatal cubana se hunde: el combustible escaso reduce a la mitad las capturas y golpea la mesa de los hogares

A la escasez de combustible se suman obstáculos ambientales: el aumento del nivel de la presa Zaza empuja a los peces hacia la maleza, dificultando aún más las capturas y obligando a los pescadores a modificar constantemente sus estrategias. Foto Cubadebate.

La Habana. PLC / La crisis energética que atraviesa Cuba ha golpeado de lleno a uno de los sectores más sensibles para la seguridad alimentaria: la pesca estatal. En la provincia de Sancti Spíritus, considerada la mayor zona de producción de agua dulce del país, las capturas se han reducido a la mitad debido a la falta de diésel para las embarcaciones, según confirmaron directivos de la empresa pesquera provincial.

En condiciones normales, la entidad captura entre 15 y 18 toneladas mensuales, pero hoy apenas logra ocho toneladas, un descenso que refleja la magnitud del deterioro. La empresa opera con solo cinco de sus 14 brigadas, obligadas a rotar entre el río, la presa Zaza y otras zonas para optimizar el consumo de combustible. El racionamiento llega incluso a las propias embarcaciones, que deben limitar el uso del diésel disponible.

A la escasez de combustible se suman obstáculos ambientales: el aumento del nivel de la presa Zaza empuja a los peces hacia la maleza, dificultando aún más las capturas y obligando a los pescadores a modificar constantemente sus estrategias. La empresa reconoce que trabaja “muy por debajo” de su capacidad habitual y que la situación compromete el abastecimiento de pescado en una isla donde este alimento ya escasea desde hace años.

El impacto sobre la población es directo. El pescado, que en décadas pasadas formaba parte de la dieta regular, es hoy un producto difícil de encontrar y demasiado caro para la mayoría de los cubanos. La caída de la producción estatal se suma a la crisis general del sector, afectado también por la falta de hielo, artes de pesca y embarcaciones modernas, lo que ha reducido el consumo nacional a apenas 3,8 kilogramos por habitante al año, según datos oficiales.

Mientras el Gobierno insiste en planes para incrementar la pesca marítima, la realidad en tierra es otra: menos brigadas, menos combustible, menos capturas y menos alimentos disponibles. En un país rodeado de mar, la pesca estatal se ha convertido en otro termómetro del colapso económico que atraviesa Cuba, y en un recordatorio de que la crisis energética no solo apaga ciudades, sino también la ya limitada oferta de comida en la mesa de los hogares.


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