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El primer feminicidio de julio confirma el avance imparable de la violencia machista en Cuba

El asesinato de Dayana Borges, una joven madre de 26 años en Centro Habana, marcó el inicio de julio con una tragedia que vuelve a exponer la profundidad de la violencia machista en Cuba. El crimen, confirmado por el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT), dejó a dos menores huérfanos y reveló un patrón que se repite con alarmante frecuencia: el presunto agresor, pareja de la víctima y padre de los niños, tenía antecedentes de maltrato extremo contra Dayana y contra otras mujeres con las que había mantenido relaciones. Tras cometer el asesinato, el hombre se quitó la vida.

El feminicidio ocurrió el 1 de julio en la vivienda familiar, donde los dos niños presenciaron el ataque. Activistas y especialistas han insistido en que los menores requieren atención especializada, no solo por la pérdida de ambos padres, sino por el trauma directo de haber sido testigos de la agresión. Vecinos del barrio auxiliaron a los pequeños en los primeros momentos, un gesto que OGAT destacó en medio de la ausencia de protocolos institucionales para atender emergencias de violencia de género.

El caso de Dayana Borges es el primer feminicidio del mes y el número 38 del año, según el registro independiente de Alas Tensas, aunque otras fuentes como EFE sitúan la cifra en 35. La organización también reporta 19 intentos de feminicidio y dos asesinatos de hombres por motivos de género en lo que va de 2026, además de una veintena de hechos en investigación. Desde 2019, el observatorio ha documentado alrededor de 350 feminicidios en Cuba, un subregistro que intenta suplir el vacío dejado por la falta de datos oficiales.

La directora de OGAT, Ileana Álvarez, explicó que el caso reúne elementos que se repiten en la mayoría de los feminicidios verificados: agresores con historial de violencia, ausencia de intervención institucional y un contexto agravado por el consumo de drogas ilícitas, presente también en este crimen. Aunque las drogas no son la causa estructural de la violencia machista, sí actúan como un factor que intensifica la brutalidad en un entorno de impunidad.

El aumento de feminicidios es sostenido. Entre mayo y junio, OGAT registró un incremento de más del 100% respecto al mismo período del año anterior. En el 93,8% de los casos, el agresor es alguien cercano a la víctima: pareja, expareja o familiar. La violencia ocurre en el espacio doméstico, el lugar que debería ser seguro y que en Cuba se ha convertido en el escenario más frecuente de los asesinatos machistas.

Aunque el Gobierno declara una política de “tolerancia cero” contra la violencia de género, Cuba sigue sin tipificar el feminicidio en su Código Penal y carece de mecanismos efectivos de prevención, protección y atención a las víctimas. La respuesta institucional continúa siendo insuficiente frente a una crisis que se agrava cada mes y que deja una estela de familias destruidas, niños huérfanos y comunidades marcadas por el miedo.

El asesinato de Dayana Borges no es un hecho aislado: es el reflejo de una tendencia que se acelera y que golpea a mujeres de todas las edades y provincias. En un país sumido en una crisis económica, social y energética sin precedentes, la violencia machista se ha convertido en una emergencia nacional que exige acciones inmediatas, transparentes y sostenidas. Mientras eso no ocurra, cada nuevo mes en Cuba seguirá comenzando con una víctima más.


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