CUBA-HISTORIA
Estocolmo. PLC / La historia oficial insiste en que Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución el 16 de abril de 1961, en la víspera de la invasión de Bahía de Cochinos, como una respuesta heroica al ataque. La escena es conocida: Fidel en 12 y 23, rodeado de milicianos, declarando que la Revolución era socialista, “de los humildes y para los humildes”. Pero esa fecha no explica cuándo se convirtió Fidel en comunista, ni por qué esperó hasta ese momento para admitirlo públicamente. Tampoco explica por qué su hermano Raúl, desde mucho antes, ya era marxista-leninista declarado.
La pregunta sobre cuándo se volvió comunista Fidel Castro ha generado debates durante décadas. Él mismo afirmó en varias entrevistas que siempre fue marxista-leninista, incluso desde su juventud. Pero quienes lo conocieron antes de 1959, incluidos compañeros de estudios, militantes del Partido Ortodoxo y miembros del M‑26‑7, coinciden en que esa afirmación es falsa. Fidel no era comunista en la universidad, ni en el Partido Ortodoxo, ni durante el asalto al Moncada. Su ideología era una mezcla de nacionalismo radical, ambición política y un discurso antioligárquico que encajaba en la tradición populista latinoamericana. Su marxismo fue una construcción posterior, moldeada por las circunstancias y por la influencia decisiva de su hermano menor.
Raúl Castro sí era comunista antes que Fidel. Desde finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, Raúl frecuentaba círculos juveniles vinculados al Partido Socialista Popular (PSP), el partido comunista cubano. Viajó a Europa del Este, asistió a congresos juveniles organizados por la Internacional Comunista y mantuvo contactos con militantes del PSP que luego serían claves en la alianza con la URSS. Raúl era, en esencia, un cuadro ideológico en formación. Fidel, en cambio, era un político en busca de poder. La diferencia es fundamental para entender lo que ocurrió después.
Durante la lucha contra Batista, Fidel evitó cualquier asociación pública con el comunismo. Sabía que el PSP apoyaba a Batista en sus primeros años y que la sociedad cubana, profundamente anticomunista, no aceptaría una revolución marxista. El M‑26‑7 se presentó como un movimiento nacionalista, democrático y constitucionalista. La Constitución de 1940 era su bandera, no el marxismo. Incluso en la Sierra Maestra, Fidel mantuvo distancia con el PSP, que solo se acercó al movimiento rebelde cuando la caída de Batista parecía inevitable.
El giro ideológico comenzó después de 1959. La alianza con el PSP se consolidó rápidamente. Los comunistas ocuparon posiciones clave en el aparato estatal, en los sindicatos y en el sistema de propaganda. Raúl Castro y el Che Guevara presionaron para acelerar la radicalización del proceso. La reforma agraria, las nacionalizaciones y la confrontación con Estados Unidos empujaron a Fidel hacia la órbita soviética. Pero aun así, Fidel evitó proclamarse comunista. Necesitaba tiempo para consolidar el poder, eliminar a sus rivales y reconfigurar la estructura del Estado.
La proclamación del carácter socialista de la Revolución en abril de 1961 no fue un acto espontáneo. Fue un movimiento calculado. La invasión de Bahía de Cochinos ofreció el pretexto perfecto para anunciar públicamente lo que ya estaba decidido en la práctica: la alianza estratégica con la URSS y la adopción del modelo marxista-leninista. La declaración buscaba cohesión interna, legitimidad internacional y una narrativa épica que justificara la transformación total del país. Fidel presentó el socialismo como una respuesta patriótica al ataque, pero la decisión estaba tomada mucho antes.
La pregunta sobre cuándo se volvió comunista Fidel Castro no tiene una fecha exacta, pero sí un proceso claro. No fue en la universidad, ni en el Moncada, ni en la Sierra. Fue entre 1959 y 1961, en el momento en que comprendió que el comunismo le ofrecía lo que el nacionalismo democrático no podía darle: un modelo de poder absoluto, un aparato ideológico disciplinado y un aliado internacional dispuesto a sostenerlo. Raúl Castro fue el puente hacia ese mundo. Fidel cruzó ese puente cuando vio que le garantizaba la permanencia en el poder.
La Revolución cubana no nació comunista. Se volvió comunista. Y lo hizo no por convicción doctrinal, sino por cálculo político. La historia oficial intenta presentar ese giro como una evolución natural, casi inevitable. La evidencia muestra otra cosa: una decisión estratégica que transformó a Cuba en un Estado totalitario y que definió el destino del país durante más de seis décadas. La pregunta sobre cuándo se volvió comunista Fidel Castro es, en realidad, la pregunta sobre cuándo decidió que la libertad debía sacrificarse para que su poder fuera absoluto.
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