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Las maldades del destino

El remolcador 13 de marzo era una embarcación similar a esta. Foto cortesía de Jorge García.

Por Jacobo Manchover

Murió en Miami Jorge Antonio García Mas. Era un hombre entrañable. Había perdido a 14 (catorce) miembros de su familia en el hundimiento del remolcador « 13 de marzo » por los esbirros castristas el 13 de julio de 1994. Fui a entrevistarlo en 2006 en Miami junto con mi amiga Rosy Pujol. Todavía lo estoy oyendo enumerar los nombres de sus muertos, con una intensa emoción. Esta entrevista salió en « El libro negro del castrismo », publicado por Ediciones Universal en 2009. Su hija, María Victoria, sobreviviente de la tragedia, había fallecido poco antes. He aquí mi homenaje.   

JORGE ANTONIO GARCÍA MAS

“Soy pedagogo de profesión. Llegué a los Estados Unidos en mayo
de 1999. Es decir eché a perder en Cuba toda mi juventud, que se fue
a pique. Yo perdí catorce familiares en el remolcador. Yo no soy sobreviviente.
No viajaba allí.
De mi casa salió el ómnibus que los transportó hacia el muelle
de salvamento en el puerto de La Habana.
Era mi familia la que estaba en el intento e, incluso, yo cedí
mi puesto a mis sobrinos porque ya yo tenía cincuenta y cinco años
y a los jóvenes había que salvarlos del servicio militar, de la falta
de libertades. Había que salvarlos de la cárcel. Si yo llego a saber
de estas maldades que me jugó el destino, habría hecho lo contrario.
Ellos salieron de mi casa en un ómnibus al filo de las doce de la
noche. Mi cuñado Ramel Prieto, jefe de operaciones del puerto de
La Habana, tenía para su trabajo en el puerto el remolcador 13 de
marzo. Él, de común acuerdo con toda la tripulación, decidió salir
hacia los Estados Unidos con los familiares. Hubo varios intentos,
pero se produjeron situaciones que impidieron la salida y por eso se
pospuso. Ya para esa fecha, el 13 de julio de 1994, las condiciones
estaban dadas aparentemente, porque el puerto de La Habana estaba
lleno de ardides ocultos, y eso no lo sabia nadie. Entonces, llegaron
al muelle de salvamento, que fue el lugar por donde salieron, y recorrieron
a oscuras el puerto. Cuando ellos pasaron la zona de las
lanchitas de Regla,ya ellos vieron que había dos remolcadores que
los perseguían. A la altura del muelle de la Francesa los interceptaron
y empezaron a darles bandazos y trataron de meter el remolcador
13 de marzo contra el muelle de la Francesa, pero no lo lograron.
Se les escaparon por detrás y salieron por la boca del Morro, a
oscuras. Había otro remolcador en la playa del Chivo que estaba
oculto allí. Ése se les sumió en la persecución y ya eran tres. Con
un solo remolcador Polargo bastaba para hundir el remolcador 13
de marzo. Son remolcadores de mayor tamaño, de mayor potencia.
El casco es de acero. El remolcador 13 de Marzo era más pequeño
y de madera. Eran tres los remolcadores que estaban dando bandazos
por ambos lados y echando chorros de agua. Los chorros no
iban disparados por mangueras, no. Es algo más cruel: iban disparados
por cañones de agua. Un chorro de ésos disparado contra una
pared de concreto la derriba. Así los chorros de agua fueron disparados
contra los cuerpos de los niños, las mujeres y las otras personas
que estaban allí. Porque los viajeros les dijeron a las mujeres
que salieran con los niños, para que vieran que había mujeres y niños.
Pero no mermaron los ataques, al contrario. Así salieron disparados
niños de los brazos de las madres, que se ahogaron en la superficie
del puerto; probablemente quedaron triturados entre las
embarcaciones que estaban allí.

El primer testimonio de una sobreviviente

Mi hija, María Victoria García Suárez, es sobreviviente. Ella fue la
primera voz que inundó el mundo a través de un video narrando lo
que había sucedido, mientras que el gobierno cubano estaba diciendo
que se trataba de un accidente, que una embarcación había zozobrado.
Todo eso es mentira. Mi hija estaba desmintiendo al gobierno
cubano. Yo quizás sepa más que los mismos viajeros que iban en el
remolcador, porque yo tengo la versión de todos. Fueron tan crueles
los ataques que el que iba en la popa no supo lo que sucedía en la
proa, y el que estaba abajo en el cuarto de máquinas no sabía lo que
sucedía en cubierta. Cada cual ha resumido lo que le sucedió en su
lugar de viaje, pero a mí cada uno me contó. La única persona que
queda viva de los que iban allá abajo en el cuarto de máquinas es mi
sobrino Dariel Prieto. Se salvó milagrosamente, y narró los últimos
instantes que sucedieron allá adentro. Ellos se veían ya presos; se
iban a entregar. Sus mochilas las llevaban cargadas de refrescos, de
sandwichs, de golosinas para los niños, todo para comer durante el
viaje, y como sabían que la policía se lo iba a quitar todo, decidieron
comérselo y empezaron a distribuirse las cosas. Fue su última cena.
Se murieron con la barriga llena, gracias a Dios. En esos instantes, se
sintió un golpe que los estremeció a todos y entró una cascada de
agua adentro, los bombillos explotaron. Mi sobrino había conseguido
aguantarse a una baranda de la escalera que había en el cuarto de
máquinas. Sintió que alguien se le aguantaba del tobillo intentando
salvarse, pero no pudo, porque la fuerza del agua lo arrastró. Cuando
la turbulencia se calmó, consiguió salir del fondo del remolcador. No
sabía si estaba nadando hacia abajo, o hacia arriba, o hacia adelante,
simplemente nadó. Quedó vivo para narrarnos esta estampa final en
la barriga del remolcador.
Mi hija se encontraba en la parte de atrás del remolcador cuando
un Polargo los embistió, casi se les encaramó encima y partió el
remolcador por detrás. Ella no sabe nadar y se vio en el mar con el
niño en brazos tratando de salvarse, yéndose al fondo del mar y subiendo,
tratando de salvarse y de salvar al niño, de no ahogarse, y es
cuando le lanzaron un chorro de agua. Le arrancaron al niño de los
brazos.

“Morir o llegar”

Ni los propios viajeros sabían la cantidad de gente que iba allí porque
todo se hizo muy oculto, muy callado. Yo, estando en Cuba,
hice una investigación in situ, casa por casa, carnet de identidad de
cada uno, nombres completos, edades. La cifra es de treinta y siete
muertos.
De los míos, catorce murieron y tres se salvaron.
Si algún sentimiento de culpa tengo es que, al no conocer los
enredos del destino, cedí mi puesto cuando debí ocuparlo. Eso me
deja un poquito de sabor amargo por esa situación. Pero sentimiento
de culpa porque yo los haya impulsado a salir, porque yo como familiar
haya aprobado que ellos salieran, no. Todo lo contrario. Porque
la decisión era de morir o llegar. Fatalmente, murieron. Ésa era la
decisión desde la salida.
Y aunque no albergo sentimiento de venganza ninguno, sí pienso
que tiene que hacerse justicia. Yo no soy Dios para perdonar.”

Miami, 2006

Jacobo Machover (La Habana, 1954) es escritor, periodista y profesor universitario radicado en Francia desde 1963. Figura central del exilio cubano, se ha dedicado a documentar la represión del castrismo, desmontar mitologías oficiales y preservar la memoria de las víctimas. Autor de obras clave como “La cara oculta del Che” y “El libro negro del castrismo”, es una de las voces más respetadas en Europa sobre Cuba y el totalitarismo en la isla. Su novela “Memoria de siglos” ha sido reeditada recientemente por la editorial Betania.


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