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Estados Unidos impone el bloqueo en Ormuz mientras continúan los ataques contra posiciones iraníes

El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz ya está en vigor y marca una nueva fase de tensión en una región- Foto Facebook

Washington. PLC /  El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz ya está en vigor y marca una nueva fase de tensión en una región donde cualquier movimiento militar puede desencadenar una escalada de alcance global. La medida se implementa apenas horas después de que el presidente Donald Trump anunciara su restablecimiento y declarara que Estados Unidos actuará a partir de ahora como “guardián del estrecho de Ormuz”, una afirmación que ha generado preocupación entre aliados y adversarios por igual.

Mientras el bloqueo se consolida, llegan informes de nuevos ataques estadounidenses en el estrecho, dirigidos contra infraestructuras militares iraníes y posiciones consideradas estratégicas para Teherán. Aunque los detalles operativos permanecen bajo reserva, fuentes militares estadounidenses han confirmado que las acciones forman parte de un esfuerzo coordinado para limitar la capacidad de Irán de proyectar fuerza en la zona y para impedir cualquier intento de romper el bloqueo.

Según la agencia AP, al menos 19 buques de guerra y un buque anfibio estadounidense se encuentran desplegados en la región para sostener la operación. La presencia naval incluye destructores, fragatas, unidades de vigilancia electrónica y embarcaciones de apoyo logístico, configurando uno de los mayores despliegues estadounidenses en Ormuz desde la década de 1980. El objetivo declarado es garantizar que ningún buque iraní pueda acceder o salir de los puertos del país sin autorización, una medida que Teherán ha calificado de acto de guerra.

El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial, se convierte así en el epicentro de una crisis que amenaza con alterar el mercado energético global. Los precios del crudo han comenzado a reaccionar ante la incertidumbre, mientras las principales potencias intentan calibrar el impacto de un bloqueo que podría prolongarse durante semanas o meses. La Unión Europea ha pedido contención y ha instado a Washington y Teherán a evitar acciones que puedan desencadenar un conflicto abierto, pero la dinámica militar parece avanzar más rápido que la diplomática.

Irán, por su parte, ha denunciado el bloqueo como una violación flagrante del derecho internacional y ha advertido que responderá “en el momento y lugar adecuados”. Aunque no ha confirmado ataques directos contra buques estadounidenses, sí ha reforzado su presencia en la costa y ha movilizado unidades de la Guardia Revolucionaria en puntos estratégicos. La retórica oficial insiste en que el país no permitirá que Estados Unidos controle su acceso al mar, y que cualquier intento de estrangular su economía será respondido con firmeza.

La situación en Ormuz se desarrolla en un clima de creciente incertidumbre. Los ataques estadounidenses, el bloqueo naval y la respuesta iraní configuran un escenario en el que cualquier error de cálculo puede desencadenar un conflicto regional de gran escala. Mientras tanto, el mundo observa con inquietud cómo una de las rutas marítimas más importantes del planeta se convierte en un tablero de confrontación militar directa entre dos Estados que llevan años enfrentados en una guerra fría que ahora amenaza con calentarse.


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