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La Habana estalla de nuevo: cacerolazos, marchas y bloqueos en una ciudad agotada por la oscuridad

la Habana PLC. / La Habana vivió este jueves otra noche de tensión creciente, marcada por protestas espontáneas en varios barrios de la capital en medio del colapso energético que atraviesa Cuba desde hace meses. Residentes de San Isidro, Centro Habana, Guanabacoa y San Miguel del Padrón salieron a las calles para exigir el restablecimiento del servicio eléctrico y denunciar la falta de agua, alimentos y las condiciones de vida impuestas por apagones que, en algunos casos, superan las 72 horas consecutivas.

Los videos difundidos en redes sociales muestran cacerolazos, marchas y bloqueos de vías, con vecinos gritando consignas contra Miguel Díaz-Canel mientras golpean ollas y encienden pequeños fuegos para iluminar calles completamente a oscuras. En zonas como Guanabacoa y Centro Habana, los manifestantes quemaron basura y levantaron barricadas improvisadas, desafiando a las patrullas policiales que intentaban dispersarlos. “Aquí no hay miedo”, se escucha repetir a coro en varios de los registros audiovisuales.

El estallido social coincide con una semana crítica para el Sistema Eléctrico Nacional, que ha sufrido tres apagones generales en menos de diez días y cinco en lo que va de 2026. La desconexión total del SEN del 14 de julio dejó sin electricidad a unos diez millones de personas, agravando una crisis que combina la obsolescencia de las termoeléctricas, fallos en líneas de transmisión y una severa escasez de combustible. Según datos oficiales, la isla opera con apenas un tercio de la energía que necesita, lo que provoca cortes prolongados de hasta 30 horas en La Habana y más de 72 en otras provincias.

La respuesta del Gobierno ha sido mínima y centrada en justificar la crisis por la falta de combustible y el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, mientras Washington responsabiliza al régimen por el deterioro del sistema eléctrico. En el terreno, la reacción más visible es el despliegue de fuerzas policiales y los cortes de internet focalizados en barrios donde estallan las protestas, una práctica que se ha vuelto habitual desde 2021 y que busca impedir la coordinación entre manifestantes.

El Observatorio Cubano de Conflictos registró en junio 107 protestas callejeras en el país —82 de ellas en La Habana—, la cifra mensual más alta desde que existen registros. Cubalex documentó al menos 38 arrestos vinculados a los cacerolazos, incluidos menores de edad, mientras artistas y activistas han sido detenidos o trasladados a prisiones de la capital.

La Habana, sumida en la oscuridad literal y política, parece haber entrado en una fase de resistencia cotidiana. Cada apagón prolongado se convierte en un detonante, cada noche sin luz en un escenario de protesta. Y mientras el sistema eléctrico continúa colapsando, la capital cubana vuelve a demostrar que, incluso en la penumbra, la ciudadanía sigue encontrando maneras de hacerse escuchar.


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