CUBA-MANIFESTACIONES
La Habana. PLC / La Habana volvió a encenderse, no por la corriente que falta, sino por la determinación de sus vecinos. En la noche del miércoles, madres cubanas, ancianos y familias enteras del barrio El Fanguito bloquearon la avenida 23, una de las arterias principales de la capital, después de soportar más de 48 horas sin electricidad, agua ni gas. Sentados en plena vía, rodeados por la oscuridad y el cansancio acumulado, exigieron el restablecimiento de los servicios básicos y denunciaron unas condiciones de vida que ya consideran insoportables.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran a mujeres con niños pequeños, ancianos y vecinos golpeando cazuelas y negándose a abandonar la calle. “Hay niños llorando, estamos sin luz desde hace más de 24 horas”, gritó una manifestante a un conductor que intentó atravesar el bloqueo. La protesta, registrada por el rapero y activista El Funky, se convirtió en un desafío directo al silencio oficial.
La respuesta del régimen llegó rápido. Funcionarios del MININT y policías acudieron al lugar para intentar persuadir a los manifestantes, mientras un técnico de la Unión Eléctrica subió a un poste y manipuló una caja de conexiones para devolver la electricidad a la zona. Activistas interpretaron el gesto como una maniobra para desmovilizar la protesta sin atender las causas estructurales del colapso energético. Según denuncias locales, la corriente habría sido desviada para beneficiar solo a unas pocas viviendas, entre ellas la de un alto funcionario.
El Fanguito es uno de los asentamientos más precarios de La Habana, marcado por décadas de abandono institucional. En 2016, casi 200 de sus viviendas ni siquiera figuraban en el censo oficial. La protesta de este miércoles no fue un hecho aislado: durante la misma noche se registraron cacerolazos y bloqueos en Lawton, Santos Suárez, La Güinera, Palatino, La Gallega, Centro Habana, Arroyo Naranjo y La Lisa. En Lawton, una mujer fue atropellada durante un toque de cazuelas; el vehículo no fue detenido. En Santiago de Cuba, los calderos resonaron en varios repartos, denunciando apagones que superan las 20 horas diarias.
La crisis energética atraviesa su peor momento histórico. La Unión Eléctrica pronosticó un déficit de 2.380 MW, suficiente para dejar sin electricidad al 74% del país durante el horario pico. En julio se han producido al menos tres colapsos totales del sistema, con apagones que han alcanzado hasta 87 horas consecutivas en algunas provincias. El Gobierno atribuye la situación a la falta de combustible, pero no ofrece soluciones concretas a una población que vive entre la oscuridad, la escasez y el deterioro acelerado de los servicios esenciales.
La noche en la avenida 23 dejó una imagen que resume el momento cubano: madres sentadas en el asfalto, ancianos apoyados en bastones, niños llorando, y un barrio entero decidido a no moverse hasta ser escuchado. En un país donde la electricidad se ha vuelto un lujo intermitente, la protesta se ha convertido en la única forma de iluminar, aunque sea por unas horas, la desesperación de una ciudad que ya no quiere esperar más.
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