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La ONU alerta de un riesgo epidemiológico en Cuba: la crisis de servicios básicos ya compromete la salud pública

La ONU advierte que este escenario incrementa el riesgo de brotes de hepatitis, dengue, leptospirosis y otras enfermedades infecciosas. Foto de archivo

Nueva York. PLC | Las agencias de la ONU en Cuba han emitido advertencias inusualmente duras sobre el deterioro sanitario, señalando que la inseguridad alimentaria crece, los servicios básicos colapsan y el país se desliza hacia un riesgo epidemiológico que podría desbordarse en cualquier momento.

En los barrios de Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre y Marianao, los contenedores rebosan desde hace semanas. La Empresa de Comunales, sin combustible suficiente para operar con regularidad, ha reducido los ciclos de recogida y depende de improvisaciones que ya no alcanzan. Las lluvias recientes han convertido los vertederos informales en focos de mosquitos, roedores y aguas contaminadas. Residentes denuncian que los camiones pasan cada diez o quince días, cuando pasan, y que la acumulación de residuos ya supera los niveles vistos durante la pandemia. La ONU advierte que este escenario incrementa el riesgo de brotes de hepatitis, dengue, leptospirosis y otras enfermedades infecciosas que encuentran en la basura y el agua estancada un terreno fértil.

La crisis energética agrava todo. Los apagones prolongados han obligado a hospitales a operar con plantas de emergencia que no siempre resisten la carga. En centros oncológicos, los cortes interrumpen tratamientos de radioterapia y comprometen la conservación de medicamentos que requieren refrigeración constante. La ONU señala que la capacidad de tratar enfermedades graves está “seriamente afectada” y que la escasez de insumos básicos, desde antibióticos hasta reactivos de laboratorio, coloca a los médicos en una situación límite. La falta de combustible también golpea el transporte sanitario: ambulancias detenidas, traslados cancelados y pacientes que deben recorrer kilómetros para recibir atención.

La inseguridad alimentaria, que ya afecta a más del 40% de los hogares según estimaciones internacionales, se profundiza con la caída de la producción agrícola y la imposibilidad de distribuir alimentos de manera estable. Los apagones dañan la cadena de frío, provocan pérdidas en mercados y reducen la disponibilidad de productos frescos. La ONU advierte que los niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas son los más afectados por esta combinación de desnutrición, calor extremo y falta de medicamentos.

El Gobierno cubano atribuye la crisis a las sanciones energéticas de Estados Unidos, que han limitado la compra de combustible incluso para fines humanitarios. Pero la prensa internacional subraya que el deterioro estructural del sistema sanitario y de los servicios comunales es anterior y responde a décadas de falta de inversión, gestión deficiente y un modelo económico incapaz de sostener infraestructura básica. La acumulación de basura, los hospitales debilitados y la escasez de medicamentos no son fenómenos aislados: forman parte de un colapso progresivo que se acelera con cada apagón y cada día sin combustible.

La Habana intenta mantener la narrativa de resistencia, pero la ciudad muestra otra realidad: un deterioro visible, cotidiano, que afecta la salud pública y erosiona la vida urbana. La crisis sanitaria ya no es un riesgo futuro. Es presente, es diaria y se extiende como una sombra sobre una población que vive entre la oscuridad de los apagones y el olor persistente de la basura que nadie recoge.


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