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La visita secreta del director de la CIA coincide con decretos clasificados en Moscú y abre un canal de tensión diplomática sin precedentes

Fuentes citadas por The Wall Street Journal apuntan a que Ratcliffe transmitió una advertencia grave basada en nueva inteligencia estadounidense. Según estas evaluaciones, el Kremlin podría estar preparando una provocación dirigida contra un país miembro de la OTAN. Foto del director de la CIA, John Ratcliffe, medios sociales

Washington. PLC |La presencia del director de la CIA, John Ratcliffe, en Moscú el 25 de agosto —su primer viaje a Rusia desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania— ya era un hecho extraordinario. Pero la coincidencia con la firma de tres decretos clasificados por parte de Vladímir Putin ese mismo día ha elevado la visita a un nivel de inquietud geopolítica que pocos analistas pasan por alto. El Kremlin confirmó la llegada del alto funcionario estadounidense, aunque insistió en que no hubo encuentro con el presidente ruso. Según Dmitri Peskov, Ratcliffe mantuvo reuniones únicamente con representantes de los servicios de inteligencia rusos, en un formato que recuerda los contactos más delicados de la Guerra Fría.

La secuencia de decretos firmados por Putin añade un elemento de opacidad. Los documentos 608, 609 y 610, publicados oficialmente, se describen como trámites administrativos rutinarios, según The Moscow Times. Sin embargo, los tres decretos inmediatamente anteriores —605, 606 y 607— permanecen bajo secreto absoluto. La laguna es llamativa porque llega justo después del decreto 604, que autorizaba al Gobierno a tomar control de activos privados que no estuvieran protegidos contra ataques con drones, una medida que ya había generado preocupación entre empresarios rusos y observadores internacionales. La simultaneidad entre la visita de Ratcliffe y la firma de estos decretos reservados alimenta la percepción de que Moscú estaba preparando decisiones sensibles que no desea revelar.

El motivo de la reunión sigue sin confirmarse públicamente, pero fuentes citadas por The Wall Street Journal apuntan a que Ratcliffe transmitió una advertencia grave basada en nueva inteligencia estadounidense. Según estas evaluaciones, el Kremlin podría estar preparando una provocación dirigida contra un país miembro de la OTAN o buscando poner a prueba la cohesión de la alianza en un momento de tensiones internas y cambios políticos en Europa. La posibilidad de un incidente calculado, diseñado para medir la respuesta occidental, ha sido mencionada por varios analistas desde principios de verano, y la visita del jefe de la CIA parece encajar en ese patrón de prevención estratégica.

Peskov, por su parte, ha intentado rebajar la tensión, calificando los contactos entre servicios secretos como “un proceso positivo”, incluso en los momentos más complicados de la relación bilateral. El portavoz recordó que Putin ha defendido la importancia de mantener canales de comunicación operativos para evitar escaladas peligrosas. Sin embargo, la insistencia en que no hubo reunión con el presidente y la falta de detalles sobre el contenido de los encuentros refuerzan la idea de que se trató de conversaciones de alto riesgo, probablemente centradas en escenarios de seguridad que ninguna de las partes desea discutir públicamente.

La jornada estuvo marcada además por otro movimiento diplomático inesperado: la llegada a Moscú del arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano. Gallagher se reunió con el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, y expresó la disposición de Roma a contribuir a un proceso de paz. “Estamos dispuestos a ofrecer nuestros buenos oficios de todas las formas posibles”, afirmó, señalando que ambas partes habían encontrado puntos en común. La coincidencia entre la misión de la CIA y la visita del Vaticano sugiere que Moscú está recibiendo mensajes simultáneos desde actores muy distintos, cada uno con objetivos propios pero todos conscientes de que la guerra en Ucrania ha entrado en una fase crítica.


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