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La purga de Hegseth desorienta al Ejército estadounidense y abre una grieta en la seguridad nacional

Desde abril, cuando Hegseth destituyó sin explicación al jefe de Estado Mayor, el general Randy George, el Ejército carece de liderazgo operativo estable. Foto medios sociales.

Washington. PLC | El Pentágono atraviesa uno de los momentos de mayor inestabilidad interna en décadas. Lo que debería ser una estructura diseñada para transmitir calma, continuidad y control en tiempos de guerra se ha convertido en un escenario de incertidumbre, marcado por destituciones abruptas, vacantes críticas y tensiones políticas que han dejado al Ejército de Estados Unidos sin rumbo claro. En el centro de esta tormenta se encuentra Pete Hegseth, el ex presentador de Fox News convertido en secretario de Defensa por decisión personal del presidente Donald Trump. Su gestión ha desencadenado una purga masiva que ha reducido drásticamente el número de altos mandos y ha debilitado la cadena de mando en un momento en que las tropas estadounidenses enfrentan amenazas crecientes en el extranjero.

Desde abril, cuando Hegseth destituyó sin explicación al jefe de Estado Mayor, el general Randy George, el Ejército carece de liderazgo operativo estable. Tres posibles sustitutos fueron apartados posteriormente, mientras que el máximo responsable civil del departamento, Daniel P. Driscoll, se prepara para dimitir tras un conflicto personal con el secretario de Defensa, según informó The New York Times. El número de generales de cuatro estrellas en servicio activo ha caído de diez a cinco desde que Hegseth asumió el cargo, dejando a la institución con su equipo directivo más reducido e inexperto en décadas. Legisladores de ambos partidos han expresado preocupación por la rápida rotación de personal y por el impacto que esta situación puede tener en la seguridad nacional. El congresista demócrata Pat Ryan, oficial de inteligencia, advirtió que la eliminación de los líderes más experimentados “significa que las tropas están menos seguras y que tenemos menos posibilidades de ganar”.

La vulnerabilidad es especialmente grave porque coincide con un aumento de los riesgos en el campo de batalla. Tropas estadounidenses han sido atacadas por misiles iraníes en Oriente Medio, incluido un ataque en Jordania que causó la muerte de tres militares. El Mando del Ejército en Europa, responsable de proporcionar inteligencia crucial a Ucrania en su defensa contra Rusia, también se ha visto afectado por la falta de personal en puestos clave. Algunas posiciones responsables de entrenar a las tripulaciones de los sistemas Patriot han permanecido vacías durante meses, lo que genera inquietud entre antiguos oficiales que temen que la lealtad política hacia Hegseth y Trump esté sustituyendo a la experiencia profesional. Ryan lo expresó con claridad: “Estamos causando un daño generacional a la percepción de que el ejército es una organización apolítica y de confianza que presta juramento a la Constitución, no a un presidente”.

La portavoz del Ejército, Cynthia O. Smith, ha intentado restar importancia a estas preocupaciones, asegurando que los mandos “garantizan que se alcancen nuestros objetivos estratégicos, que nuestras iniciativas de modernización se mantengan dentro del calendario previsto y que nuestra preparación global nunca se vea comprometida”. Sin embargo, las tensiones han llegado hasta la Casa Blanca. Tras la destitución del general George, un funcionario llamó directamente al presidente Trump para protestar y recordarle que los padres del general habían votado por él. Trump respondió culpando a Hegseth y afirmó que la decisión había sido exclusivamente del secretario de Defensa. En un gesto poco habitual, ofreció una disculpa: “Dile al general que lo siento”.

La situación revela una fractura profunda entre la dirección política y la estructura militar, en un momento en que Estados Unidos enfrenta desafíos simultáneos en Europa y Oriente Medio. La purga de Hegseth no solo ha debilitado la capacidad operativa del Ejército, sino que ha sembrado dudas sobre la estabilidad del liderazgo militar y sobre la capacidad del Pentágono para responder a crisis internacionales con eficacia. En un contexto de guerra activa y amenazas crecientes, la falta de claridad en la cadena de mando no es solo un problema administrativo: es un riesgo estratégico que podría tener consecuencias de largo alcance para la seguridad nacional.


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