ESTADOS UNIDOS-ELECCIONES DE MITAD DE MANDATO
Redacción Central
Washington. PLC | A menos de dos semanas de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, una advertencia especialmente incómoda para Donald Trump ha llegado desde un lugar difícil de descalificar como hostil: Fox News. Brit Hume, uno de los analistas políticos más veteranos de la cadena, ha puesto en duda que la intensa campaña del presidente esté ayudando realmente a los candidatos republicanos y ha llegado a plantear la posibilidad de un serio revés electoral para su partido.
No se trata simplemente de una impresión televisiva. Las encuestas explican la preocupación.
El último sondeo Reuters/Ipsos, realizado entre el 16 y el 19 de octubre, sitúa la aprobación de Donald Trump en apenas el 31%, el nivel más bajo registrado por esa encuesta durante cualquiera de sus dos presidencias. En la pregunta sobre intención nacional de voto al Congreso, los demócratas aventajan además a los republicanos por doce puntos, 47% frente a 35%.
Una encuesta aislada podría ser un accidente estadístico. El problema para la Casa Blanca es que la tendencia aparece también en otras mediciones.
La media de RealClearPolling, que reúne sondeos realizados entre finales de septiembre y el 19 de octubre, coloca a los demócratas en 50,8% y a los republicanos en 42,5% en la papeleta genérica para el Congreso: una diferencia de 8,3 puntos. Y el patrón atraviesa encuestadoras muy diferentes. Fox News registra una ventaja demócrata de nueve puntos; NBC News Decision Desk, diez; Economist/YouGov, ocho; y ABC/Washington Post/Ipsos, también ocho. Rasmussen, más favorable a los republicanos que la mayoría de las encuestas recientes, mantiene aun así a los demócratas cuatro puntos por delante.
Esto no significa que el resultado del 3 de noviembre esté decidido. El voto genérico nacional no se traduce automáticamente en el reparto de escaños y el Senado se disputa estado por estado. NBC News señala que los republicanos llegan a las elecciones con 53 escaños en el Senado frente a 47 del bloque demócrata, por lo que los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro para alcanzar la mayoría.
Pero sí existe una señal política difícil de ignorar: prácticamente todas las encuestas recientes incluidas en el promedio nacional colocan a los demócratas por delante.
Y ahí aparece el dilema de Donald Trump.
El presidente está recorriendo el país para movilizar a su electorado y ha intentado convertir las elecciones de medio término en una nueva prueba de fidelidad hacia él. Pero precisamente esa estrategia puede estar chocando con el deterioro de su popularidad.
Brit Hume lo expresó con una franqueza poco habitual dentro de Fox News. Tras observar que en otras campañas es posible percibir cómo un partido rezagado encuentra un asunto que modifica la dinámica electoral y empieza a recuperar terreno, dijo que todavía no observa ese cambio entre los republicanos. Acerca de la campaña de Trump, señaló que el presidente está actuando vigorosamente, pero cuestionó que esté produciendo alguna diferencia positiva.
Su advertencia no comenzó esta semana. El 15 de octubre, Hume llegó a decir que los republicanos debían contemplar incluso la posibilidad de un “big washout”, un descalabro en el que el partido no solo perdiera las contiendas muy disputadas, sino otras que inicialmente ni siquiera parecían estar en peligro. Aclaró que no estaba pronosticando que ocurriría, pero consideró que era una posibilidad real.
La contradicción para los republicanos es evidente. Trump continúa siendo la figura central de su partido y constituye una herramienta importante para movilizar a una parte de su base. Pero convertirlo en protagonista absoluto de unas elecciones cuando una mayoría considerable del país desaprueba su actuación puede terminar movilizando también, y quizá con mayor intensidad, a quienes quieren castigarlo.
Ya había aparecido una señal inquietante en otro sondeo de Reuters/Ipsos concluido el 5 de octubre. Entre quienes habían votado por Kamala Harris en 2024, el 46% se declaraba “muy entusiasmado” con acudir a las urnas en las elecciones legislativas. Entre los votantes de Trump, solamente el 30% respondía lo mismo. Además, el 13% de sus votantes de 2024 todavía estaba indeciso sobre qué partido apoyar, frente al 7% entre los antiguos votantes de Harris.
Ese dato ayuda a comprender por qué la campaña personal del presidente se ha intensificado. El problema republicano no consiste únicamente en convencer a independientes o conquistar nuevos electores. Necesita también que quienes llevaron a Trump nuevamente a la Casa Blanca regresen a votar en una elección en la que su nombre no figura en la papeleta.
Sin embargo, al intentar conseguirlo, el presidente puede estar nacionalizando todavía más unas elecciones que los candidatos republicanos preferirían disputar sobre circunstancias locales.
Las palabras de Hume resultan particularmente reveladoras porque no proceden de un adversario demócrata. El analista cuestionó incluso algunos de los recursos de campaña del presidente. Citó los ataques de Trump contra el candidato demócrata al Senado por Texas, James Talarico, y criticó otros episodios recientes de la actuación presidencial. Su conclusión fue que no observa que la Casa Blanca ni la campaña del presidente hayan conseguido hasta ahora el avance político que normalmente resulta perceptible cuando una candidatura empieza a recuperar impulso.
La geografía electoral amplifica el problema. NBC News destaca que buena parte de la batalla por el Congreso se está produciendo en territorio actualmente republicano, incluidos estados y distritos que Trump ganó en 2024. Por ello, un desplazamiento relativamente pequeño de votantes puede obligar al partido a defender terreno que inicialmente esperaba conservar.
Pero conviene separar la señal de las encuestas de una predicción del resultado. Los sondeos describen la situación política actual, no certifican el ganador de unas elecciones que todavía no se han celebrado. El control de la Cámara de Representantes dependerá de centenares de elecciones distintas y el Senado, de un reducido grupo de estados decisivos.
Lo que sí puede afirmarse es que Trump llega a la recta final convertido simultáneamente en el principal movilizador republicano y en uno de sus mayores factores de vulnerabilidad.
Durante años, la fuerza política del presidente se ha sustentado precisamente en la capacidad para transformar casi cualquier elección republicana en un referéndum sobre él mismo. Ahora corre el riesgo de que esa fórmula funcione en sentido contrario.
Ese es, en definitiva, el fondo de la advertencia de Brit Hume. La pregunta ya no es solamente cuánto puede ayudar Trump a los candidatos republicanos. Es si, con una aprobación del 31% en la última encuesta de Reuters/Ipsos y los demócratas aventajando al Partido Republicano en todas las mediciones recientes recogidas por el promedio de RealClearPolling, su omnipresencia electoral está ayudando a movilizar más a sus seguidores o a sus adversarios.
El 3 de noviembre dará la respuesta.
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