Por Jacobo Machover | París. PLC Espacio Literario
Un poemario reciente de Roberto Méndez Martínez me deslumbró. Se titula «Las bibliotecas perdidas » y está publicado por la editorial Betania.
No conozco a su autor pero lo siento cercano, por sus breves anotaciones sobre el exilio (nació en Cuba en 1958 y vive en Extremadura, al parecer). Pero, sobre todo, por sus nostalgias parisinas. Sobre la que viene a ser nuestra ciudad de adopción, ha escrito «Diez canciones parisinas y una fuga», insertadas en ese poemario, de las que doy abajo dos fragmentos.
El primero concluye con una referencia al pintor Maurice Denis, uno de los principales integrantes del grupo de los «Nabis» (un término que significa «Profetas» en hebreo), junto con Pierre Bonnard, Edouard Vuillard, Paul Sérusier y otros, posterior a los impresionistas, que efectuó la transición entre los siglos XIX y XX.
Resulta que, durante este verano, tuvimos el placer de descubrir no la obra sino la casa-museo de Maurice Denis, situada en Saint-Germain-en-Laye, en las afueras de París. El lugar se merece, ya que no es fácil llegar. Una revelación para mí. No tanto por las obras «Nabis», que había visto varias veces en el museo de Orsay sino por los cuadros y esculturas que el pintor había coleccionado, esculturas de Aristide Maillol y de Antoine Bourdelle, particularmente su conmovedor Centauro agonizante, que adornan un jardín espectacular. Y, más que nada, por el lado místico del conjunto de su producción. «El inefable Maurice Denis», como lo designa el poeta Roberto Méndez Martínez, se había construido su propia capilla, pintando sus vitrales y realizando frescos crísticos de grandes dimensiones, antes del «retour aux sources», la salutaria «vuelta a las fuentes», las de los Nabis.
Supongo que es el aspecto católico el que más le interesa al autor de las «canciones parisinas», quien proclama su fe con delicadeza y pasión.
Y con nostalgia, una nostalgia desesperada de París, a la que «quizás no vuelva jamás». Tal vez… Sin embargo, supo sugerir como pocos, con una erudición que abarca desde Blaise Pascal hasta Toulouse-Lautrec y tantos más, filósofos, pintores, músicos…, la magia artística de esta ciudad que, desgraciadamente, se está perdiendo bastante, igual que las bibliotecas.
«El pino de la calle Paulin Méry
es más feliz que yo
porque atado a la sombra
de su callejuela
o protegen del tiempo
llovizna, amanecer y olvido.
El árbol
que apenas conocen
lunáticos y rentistas
no es más feliz que yo:
ninguna sorpresa
podrá sobresaltar
su refugio inocente,
el limbo
que pasa cada mañana
y saluda con un sombrero de nube,
como en los frescos del inefable
Maurice Denis.»
«Si yo volviera a París,
si yo volviera,
me sentaría en el Mogador
ante una sopa de cebollas
de las que saben a laurel y a lágrima,
de postre, una boina color estío.
Si yo volviera,
cosa improbable,
iría a contemplar un arlequín
todavía con el aroma
del pimentón de España.
Haría fotos de los escolares
o reclamaría piedad
para los músicos subterráneos
y ciegos.
Si yo volviera a París
tomaría un billete
para el carrusel de la plaza
justo cuando la luna se vuelve roja.
Quizá no vuelva jamás,
pero si me atreviera,
me abrazaría al pino de la calle Paulin Méry
y lloraríamos juntos
por las cosas que no vivimos
o sencillamente las que olvidamos.»
(Roberto Méndez Martínez)

Jacobo Machover (La Habana, 1954) es escritor, periodista y profesor universitario radicado en Francia desde 1963. Figura central del exilio cubano, se ha dedicado a documentar la represión del castrismo, desmontar mitologías oficiales y preservar la memoria de las víctimas. Autor de obras clave como “La cara oculta del Che” y “El libro negro del castrismo”, es una de las voces más respetadas en Europa sobre Cuba y el totalitarismo en la isla. Su novela “Memoria de siglos” ha sido reeditada recientemente por la editorial Betania.
Integrante del equipo editorial de Prensa Libre Cuba.
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