Berlín. PLC | Alemania dio este martes el paso que llevaba semanas insinuando: responsabilizó directamente a Rusia del ataque con drones ocurrido el 4 de agosto en el aeropuerto de Leipzig, un incidente que puso en alerta a la OTAN y que Berlín considera uno de los actos de guerra híbrida más graves contra su territorio en años. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, afirmó que la investigación alemana ha identificado “similitudes claras” con operaciones previas vinculadas a los servicios de inteligencia rusos. Aunque evitó detallar esas coincidencias, el mensaje político fue inequívoco: Berlín ya no habla de una “potencia extranjera”, sino de Rusia.
El ataque del 4 de agosto provocó una reacción inmediata en Alemania. Un dron con carga explosiva apareció a pocos metros de un avión de carga ucraniano estacionado en Leipzig, un aeropuerto que funciona como centro logístico para envíos militares hacia Ucrania. La situación se volvió aún más desconcertante cuando se supo que el dron no fue detectado por las autoridades durante cuatro horas y que fue un camionero quien lo encontró y, según su propio testimonio, lo derribó de una patada. El episodio alimentó la preocupación sobre la vulnerabilidad de infraestructuras críticas alemanas y sobre la capacidad rusa para operar dentro del territorio europeo.
Desde entonces, otros incidentes han reforzado las sospechas de Berlín. El 21 de agosto se descubrió un depósito clandestino de armas cerca de la capital alemana, que según filtraciones a la prensa estaría vinculado al servicio de seguridad ruso. Este martes se localizaron artefactos explosivos en una central eléctrica del este del país, una instalación que anteriormente perteneció a Vattenfall. Para el Gobierno alemán, el patrón es evidente: Rusia está intensificando su campaña de sabotaje en territorio europeo.
La respuesta alemana no se ha hecho esperar. El ministro de Asuntos Exteriores, Johan Wadephul, anunció el cierre del Consulado General ruso en Bonn y de la Casa Rusa en Berlín, una institución cultural que Berlín considera instrumentalizada por Moscú. Además, Alemania endurecerá los requisitos de entrada para ciudadanos rusos. La medida ha generado reacciones inmediatas en Europa. Ursula von der Leyen afirmó que discutirá el incidente con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien declaró que los intentos rusos de intimidar a Europa “fracasarán”. El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, expresó su solidaridad con Alemania y calificó el ataque como un acto de guerra híbrida ruso.
Moscú respondió con furia. La portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zakharova, calificó las acusaciones de “absurdas” y “sin precedentes”, y prometió represalias. La embajada rusa en Berlín afirmó que Alemania está “fabricando una escalada artificial”. El presidente Vladímir Putin fue más lejos: acusó a Alemania de haber “colocado pruebas” para incriminar a Rusia y sostuvo que Berlín está utilizando el incidente para desviar la atención de la caída en las encuestas del canciller federal Friedrich Merz. Según Reuters, Putin insinuó que el Gobierno alemán está instrumentalizando el ataque para resolver problemas internos.
La tensión entre Berlín y Moscú se intensifica en un momento en que Europa enfrenta una oleada de ataques híbridos que afectan infraestructuras críticas, redes digitales y operaciones logísticas vinculadas al apoyo militar a Ucrania. El aeropuerto de Leipzig es uno de los puntos neurálgicos de ese apoyo, y el ataque del 4 de agosto se interpreta como un intento de interrumpir el flujo de armamento hacia Kiev. Para Alemania, el incidente marca un antes y un después: ya no se trata de sospechas, sino de una acusación formal contra Rusia.
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