UCRANIA-GIRO HACIA EUROPA
Estocolmo. PLC | La guerra aérea en Ucrania está entrando en una fase decisiva y, paradójicamente, el avión que debía marcar la diferencia —el F‑16 estadounidense— se ha convertido en un símbolo de las limitaciones del apoyo occidental. Según datos confirmados por expertos presentes en la feria MSPO de Kielce, menos de diez F‑16 ucranianos están operativos al mismo tiempo. El resto permanece en tierra, desmontado o a la espera de piezas de recambio. Es un problema estructural: Ucrania ha recibido entre 34 y 39 unidades de segunda mano, pero la cadena logística para mantenerlos en vuelo nunca llegó a consolidarse.
El caso belga es ilustrativo. De los siete F‑16 donados por Bruselas, solo tres pueden volar misiones de combate. Los otros cuatro se han convertido en almacenes de piezas y plataformas de entrenamiento técnico. En una guerra donde la disponibilidad diaria de aeronaves es más importante que el número total entregado, esta situación es insostenible.
La consecuencia es un giro estratégico: todas las nuevas adquisiciones ucranianas se orientan hacia Europa, con el Saab JAS 39 Gripen sueco como protagonista. La carta de intenciones firmada en 2025, que inicialmente hablaba de “cientos” de Gripen, podría traducirse en más de 100 aviones. La primera fase ya está definida: 20 Gripen E/F nuevos y 16 Gripen C/D de segunda mano. El primer contrato está cerrado: 16 Gripen E por 24.600 millones de coronas suecas, con entregas previstas entre 2029 y 2030. Mientras tanto, Ucrania recibirá unidades C/D procedentes de la Fuerza Aérea sueca.
El atractivo del Gripen no reside solo en el avión, sino en el misil que lo acompaña: el Meteor de MBDA. Con su motor ramjet y su alcance superior al de cualquier misil de medio alcance en servicio en la región, el Meteor crea una “zona sin escapatoria” que cambia por completo la ecuación aérea. Para Ucrania, esta capacidad es vital. Permite atacar a los Su‑30, Su‑34 y Su‑35 rusos antes de que estos lancen bombas planeadoras contra ciudades ucranianas. Ningún F‑16 ucraniano puede hacer eso hoy. Tampoco los Mirage 2000‑5 de segunda mano procedentes de Catar, que carecen de integración con el Meteor.
El giro ucraniano refleja un fenómeno mayor: Estados Unidos está perdiendo terreno en el mercado de defensa europeo. Altos directivos de BAE Systems, Leonardo y Saab coinciden en que decisiones estadounidenses recientes han erosionado la confianza de los aliados. La exigencia de que los países europeos pagaran por adelantado el equipamiento destinado a Ucrania generó malestar. A ello se suma la percepción de imprevisibilidad política en Washington, que afecta la planificación a largo plazo.
El impacto ya se observa en varios países. Suiza recortó su pedido de F‑35 tras un aumento de precio de 1.300 millones de francos. Canadá, bajo el liderazgo de Mark Carney, quiere reducir su dependencia de Estados Unidos y considera el Gripen como complemento del F‑35 para sustituir su flota de 88 aviones. La erosión del vínculo transatlántico está abriendo espacio para soluciones europeas más flexibles, más rápidas y menos condicionadas políticamente.
Para Saab, el momento es histórico. El Gripen, durante años considerado un producto de nicho, se ha convertido en la primera opción en una Europa que se rearma aceleradamente. La empresa ya ha reducido a la mitad el tiempo de montaje de cada avión —de 24 a 12 días— y aspira a duplicar la producción anual de 15 a 25 o 30 unidades. Con un contrato firmado y más de 100 aviones en cartera, el cuello de botella ya no es la demanda, sino la capacidad de entrega.
La guerra en Ucrania está redefiniendo el equilibrio industrial y militar del continente. El fracaso operativo del F‑16 en manos ucranianas no es solo un problema técnico: es un síntoma de un cambio geopolítico profundo. Europa está construyendo su propio ecosistema de defensa, y el Gripen se ha convertido en el símbolo de esa transición. Mientras Estados Unidos pierde influencia, Suecia emerge como proveedor clave en el nuevo mapa militar europeo.
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