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Ucrania golpea el Ártico ruso en un ataque de “profundidad récord” que expone la vulnerabilidad aérea de Moscú

El ataque también expone la debilidad estructural de la defensa aérea rusa. Foto Facebook

Estocolmo. PLC | Ucrania ha ejecutado uno de los ataques más profundos en territorio ruso desde el inicio de la guerra, alcanzando instalaciones gasíferas en el Ártico a unos 300 kilómetros de la frontera. La operación, confirmada por la unidad de fuerzas especiales ucranianas SSO, utilizó drones de largo alcance FP‑1 y ha sido descrita como “de una profundidad sin precedentes”, un golpe simbólico y estratégico que demuestra que Kiev puede impactar incluso zonas consideradas intocables por el Kremlin.

Los objetivos fueron dos plantas de procesamiento de gas en Novyi Urengoy y Purovskiy, en el distrito de Yamalo‑Nentsia, una región clave para la industria energética rusa. Hasta ahora, esa zona era vista como una retaguardia segura, lejos de la línea de fuego y protegida por la distancia. El ataque, según la empresa ucraniana Fire Point, implicó drones capaces de recorrer más de 3.300 kilómetros y alcanzar velocidades de hasta 205 km/h, una capacidad que Ucrania ha perfeccionado en los últimos meses.

El gobernador de Yamalo‑Nentsia, Dmitri Artjuchov, reconoció que se repelió un ataque con drones y que los restos de uno de ellos provocaron un incendio en una instalación industrial. Aunque Rusia intenta minimizar el impacto, analistas occidentales consideran que el golpe es verosímil y significativo. El experto militar sueco Jörgen Elfving afirma que Ucrania ha desarrollado drones cada vez más sofisticados y misiles balísticos de mayor alcance, lo que hace posible un ataque tan profundo. Para Elfving, el mensaje es claro: Ucrania quiere demostrar que puede golpear donde Rusia se siente segura.

El ataque también expone la debilidad estructural de la defensa aérea rusa. Según Elfving, Moscú no dispone de recursos suficientes para proteger todos los objetivos estratégicos del país. En los últimos meses, Rusia ha improvisado unidades de voluntarios equipados con jeeps y ametralladoras para vigilar instalaciones críticas, un síntoma de la precariedad del sistema. En mayo, el gobierno ruso autorizó incluso la creación de defensa aérea privada, permitiendo que bancos y entidades financieras adquirieran sus propios sistemas para proteger sus edificios.

Pero estas medidas no han resuelto el problema. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) señala que el ataque en Siberia demuestra lo insuficiente que sigue siendo la defensa aérea rusa para cubrir un territorio tan vasto y cómo la falta de coordinación entre la industria y el ejército deja vulnerables instalaciones industriales clave. La guerra ha obligado a Rusia a dispersar sus sistemas antiaéreos, debilitando la protección de zonas alejadas del frente.

Ucrania, por su parte, tampoco dispone de recursos ilimitados. Los drones de largo alcance y las armas más avanzadas son escasos, lo que obliga a Kiev a priorizar cuidadosamente sus objetivos. Que haya elegido atacar en Siberia, lejos de los frentes tradicionales, revela una estrategia de impacto psicológico y político: demostrar que Rusia no tiene retaguardia segura y que su infraestructura energética puede ser alcanzada en cualquier punto del mapa.

Para Elfving, el ataque agrava los problemas del Kremlin. La industria del gas es uno de los pilares económicos de Rusia y un elemento central de su influencia internacional. Golpear instalaciones en Yamalo‑Nentsia no solo tiene valor militar, sino también simbólico: muestra que Ucrania puede vulnerar la seguridad de regiones que Moscú consideraba fuera del alcance de la guerra.

El ataque en el Ártico marca un nuevo capítulo en el conflicto: uno donde la profundidad estratégica ya no es garantía de protección y donde la guerra tecnológica redefine los límites del territorio ruso.


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