CUBA CONMEMORACIÓN
Por Marta Pérez | Prensa Libre Cuba
Estocolmo. PLC Opinión | El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes encendió en La Demajagua la llama de la independencia cubana. Aquel día comenzó una lucha contra el dominio colonial español, pero también contra la injusticia, la opresión y la negación de los derechos fundamentales.
158 años después, Cuba enfrenta una realidad dolorosa: la nación que nació de una gesta por la libertad continúa sometida a un sistema que niega a sus ciudadanos el derecho a decidir su propio destino.
El régimen castrista celebra cada año el Grito de Yara y se presenta como heredero de aquellos patriotas. Sin embargo, persiste una contradicción imposible de ocultar: quienes se proclaman defensores de la independencia mantienen un sistema de partido único, persiguen la disidencia y restringen las libertades políticas por las que generaciones de cubanos sacrificaron sus vidas.
¿De qué independencia puede hablar una dictadura que teme la voz de su propio pueblo?
Los mambises lucharon contra un poder colonial que les negaba derechos y representación. Hoy, los cubanos viven bajo un régimen que impide la alternancia política, controla los medios de comunicación y castiga a quienes se atreven a cuestionar al poder.
Las cárceles cubanas siguen albergando presos políticos. Los periodistas independientes son perseguidos, los opositores hostigados y miles de familias se han visto forzadas al exilio. Mientras tanto, la población enfrenta una profunda crisis económica y social, marcada por la escasez, los apagones y el deterioro de los servicios básicos.
El régimen insiste en presentar la soberanía nacional como su principal conquista, pero ha confundido deliberadamente la soberanía de Cuba con la permanencia de su propio poder.
Cuba no pertenece al Partido Comunista, ni a sus dirigentes, ni a ninguna familia gobernante. Cuba pertenece a todos los cubanos.
La independencia no consiste únicamente en liberarse de una potencia extranjera. Una nación tampoco es plenamente libre cuando sus ciudadanos carecen de derechos políticos, cuando disentir puede conducir a prisión y cuando el Estado decide qué se puede decir, publicar o pensar.
El verdadero legado del 10 de octubre no pertenece a quienes utilizan la historia como instrumento de propaganda. Pertenece a todos los cubanos que siguen aspirando a una patria donde la libertad no sea un privilegio concedido por el poder, sino un derecho garantizado para cada ciudadano.
Y, pese a décadas de represión, esa aspiración permanece viva.
Está presente en quienes denuncian las injusticias desde dentro de la isla, en los familiares de los presos políticos, en los periodistas independientes y en los cubanos del exilio que se niegan a aceptar que la dictadura sea el destino inevitable de nuestra nación.
El 10 de octubre debe recordarnos que la historia de Cuba no terminó en 1959 y que ningún régimen tiene derecho a apropiarse para siempre del futuro de un pueblo.
La esperanza de una Cuba libre y democrática no es una fantasía ni una concesión que deba esperarse de sus gobernantes. Es una aspiración legítima, sustentada en los mismos principios de libertad y dignidad que inspiraron a nuestros patriotas.
Honrar a Céspedes y a los hombres y mujeres que lucharon por nuestra independencia significa defender esos principios sin aceptar que la soberanía sirva de excusa para justificar la represión.
La independencia comenzó a conquistarse el 10 de octubre de 1868. La libertad plena de los cubanos sigue siendo una tarea pendiente.
Y esa deuda histórica solo quedará saldada cuando Cuba sea una nación democrática, con elecciones libres, justicia independiente, respeto a los derechos humanos y un futuro que sus ciudadanos puedan construir sin miedo.
Porque el mejor homenaje a nuestros libertadores no son los discursos oficiales ni las ceremonias del régimen.
El mejor homenaje será una Cuba verdaderamente libre.

Marta Pérez nació en Cuba y vive en Suecia desde 1994. Se formó en Kiev y en la Universidad de Linköping, y trabaja como consultora especializada en tecnología, procesos empresariales y transformación digital. Comprometida con la defensa de la libertad, los derechos humanos y la democracia en Cuba, forma parte de la directiva de la Alianza Sueco-Cubana por la Democracia. Asimismo, dirige la sección internacional y colabora como columnista en Prensa Libre Cuba.
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