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Cinco años después, el 11J sigue vivo

La Habana. PLC / El quinto aniversario del 11J llegó a Cuba como llegan todas las fechas incómodas para el poder: sin actos oficiales, sin menciones públicas, sin espacio para la memoria. Pero la ausencia no es silencio. La isla amaneció con el mismo clima que produjo aquel estallido: apagones nacionales, protestas pequeñas y dispersas, un descontento que ya no necesita convocatorias para expresarse y una represión que ha alcanzado cifras históricas.

El país llegó a la fecha con 1.306 presos políticos, según Prisoners Defenders, el número más alto registrado desde 1959. Solo en junio se verificaron 32 nuevos encarcelamientos y otros 21 están en proceso de confirmación. Activistas dentro de la isla describen un ambiente de “pérdida del miedo” y una ciudadanía que protesta “de día y de noche”, pese a la vigilancia, las detenciones arbitrarias y la criminalización de cualquier gesto de disenso. El aniversario coincidió además con un apagón eléctrico nacional, el segundo de la semana y el cuarto del año, que dejó a buena parte del país sin servicio en una fecha simbólica.

Mientras tanto, figuras emblemáticas del 11J como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo continúan desaparecidos o incomunicados, según denuncias de activistas. Desde dentro de la isla llegaron testimonios que insisten en que “la herida del 11J sigue abierta” y que la liberación de los presos políticos es la condición mínima para cualquier futuro democrático.

Fuera de Cuba, el aniversario tuvo otro tono. El exilio convirtió la fecha en una jornada de memoria, denuncia y articulación política. En Madrid se celebraron tres días de actividades bajo el lema “Hoy puede ser un 11J”, con debates, arte político, testimonios y un acto público en la Puerta del Sol. Allí se reunieron decenas de cubanos y españoles para recordar la protesta, denunciar la represión y reivindicar el 11J como un punto de inflexión nacional. Participaron activistas, expresos políticos y figuras del movimiento cívico, entre ellos Javier Larrondo, Solveig Font Martínez, Yunior García Aguilera, Manuel Alejandro Rodríguez Yong y Elías Rizo León, el joven que se hizo viral en 2021 ondeando una bandera cubana frente a la policía.

La periodista Iliana Hernández definió el 11J como “el verdadero día de la rebelión nacional”, mientras otros participantes recordaron que la diáspora tiene la responsabilidad de mantener viva la memoria de quienes no pueden hablar desde la isla. Hubo intervenciones artísticas, una instalación de realidad aumentada que recreaba escenas de las protestas y un llamado explícito a no normalizar la represión.

Cinco años después, el 11J sigue siendo una fecha incómoda para el poder y una fecha imprescindible para la ciudadanía. En Cuba, el régimen intenta borrarlo; en el exilio, se reconstruye, se estudia, se recuerda y se proyecta hacia el futuro. La distancia entre ambos espacios revela la fractura política y moral del país: mientras el gobierno insiste en administrar el olvido, los cubanos —dentro y fuera— insisten en que la libertad no es un recuerdo, sino una tarea pendiente.

El 11J no fue un accidente. Fue una advertencia. Y cinco años después, sigue siendo una promesa.


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