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Cuba entra en su cuarto año de contracción y se asoma al abismo económico

La empresa estatal socialista continúa debilitándose, mientras el sector privado —pese a operar en condiciones adversas— ya aporta cerca del 29% de los ingresos tributarios del Estado. Foto © PLC

Redacción Central

La Habana. PLC | La economía cubana cerró 2025 con una caída del 5%, según las estimaciones del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), consolidando tres años consecutivos en números rojos y una contracción acumulada superior al 15% desde 2020. Esta cifra no es solo un dato contable: es la confirmación de que Cuba atraviesa una de las crisis estructurales más prolongadas de su historia reciente, sin señales de recuperación y con perspectivas aún más sombrías para 2026, año en el que la CEPAL proyecta una caída del PIB del 10,3%, la peor de toda América Latina.

El informe del CEEC describe un país atrapado en una crisis múltiple: desequilibrios macroeconómicos, inflación elevada, pérdida de capacidad productiva, emigración masiva, deterioro demográfico y una creciente dependencia del financiamiento externo. La economía interna ha perdido reflejos: ya no responde a estímulos, no genera ingresos suficientes y no logra sostener los servicios básicos. La contracción del turismo, la caída de las exportaciones y el desplome energético han terminado de estrangular la actividad productiva. En 2025, la generación eléctrica cayó un 13,7% respecto al año anterior, un golpe directo a empresas estatales, negocios privados y hogares.

La crisis energética es hoy el corazón del colapso. La falta de combustible, la obsolescencia del sistema electroenergético y la ausencia de inversiones han convertido los apagones en un fenómeno estructural. El CEEC advierte que, bajo estas condiciones, el camino hacia el desarrollo está “prácticamente postergado”. La economía cubana no solo retrocede: pierde capacidades esenciales y se desliza hacia una zona de inviabilidad.

A ello se suma la falta de implementación de reformas productivas que el propio Gobierno ha reconocido como pendientes. Aunque en 2026 se aprobaron 176 medidas para descentralizar y liberalizar la economía, los expertos alertan sobre la brecha entre diseño e implementación, un patrón histórico del modelo cubano. La empresa estatal socialista continúa debilitándose, mientras el sector privado —pese a operar en condiciones adversas— ya aporta cerca del 29% de los ingresos tributarios del Estado. Es un avance significativo, pero insuficiente para compensar el deterioro general y, además, inaccesible para la mayoría de la población debido a los precios.

El retroceso económico también está marcado por factores sociales: la emigración masiva ha vaciado sectores productivos, el envejecimiento poblacional reduce la fuerza laboral disponible y la pobreza y la desigualdad crecen sin contención. Cuba se enfrenta a una tormenta perfecta en la que cada variable empuja hacia abajo y ninguna hacia arriba.

El Gobierno había previsto un crecimiento del 1% para 2025 y repitió la misma meta para 2026, pero no logró cumplirla. La distancia entre las metas oficiales y la realidad económica es hoy un síntoma más del agotamiento del modelo. Sin financiamiento externo, sin reformas profundas y sin capacidad energética, la economía cubana no tiene motores para despegar.

La caída del 5% en 2025 no es un episodio aislado: es la confirmación de que Cuba ha entrado en un ciclo de contracción prolongada, con un Estado que pierde capacidad de sostener sus estructuras y una población que enfrenta un deterioro acelerado de sus condiciones de vida. La isla se acerca a un punto crítico en el que la crisis deja de ser coyuntural y se convierte en permanente.

La pregunta ya no es cuándo crecerá Cuba, sino cuánto más puede caer antes de que el sistema económico deje de funcionar. En 2026, todo indica que la respuesta será aún más dura que la del año anterior.


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