CUBA-CRISIS ECONÓMICA
Redacción Central
Cuba. PLC Análisis | La economía de Cuba se encamina hacia uno de sus peores años desde el derrumbe provocado por la pandemia. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta una contracción del producto interno bruto cubano del 10,3% en 2026 y anticipa que la caída continuará en 2027, con otro retroceso del 5,1%. No se trata simplemente de una mala coyuntura: ninguna otra economía incluida en las proyecciones regionales del organismo presenta para este año un desplome comparable.
El contraste es contundente. Mientras la CEPAL calcula que América Latina y el Caribe crecerá un 2,2% en 2026, Cuba retrocedería un 10,3%. Haití, con una caída prevista del 1,9%, y Jamaica, con un 1,2%, aparecen también en terreno negativo, pero muy lejos de la magnitud cubana.
La gravedad de la previsión adquiere otra dimensión cuando se observa la trayectoria de los últimos años. La CEPAL calcula que el PIB cubano ya cayó un 3,8% en 2025. Para 2027 tampoco anticipa recuperación, sino una nueva contracción del 5,1%.
El dato confirma algo que desde hace tiempo perciben los cubanos fuera de cualquier estadística: la crisis ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un deterioro prolongado de la capacidad productiva del país.
El desplome energético ocupa un lugar central. La falta de combustibles afecta a la generación eléctrica, el transporte, la industria y los servicios. Los apagones no son solamente una consecuencia visible de la crisis. Se han convertido también en uno de sus multiplicadores: una economía sometida a interrupciones eléctricas prolongadas tiene enormes dificultades para producir, transportar mercancías, mantener servicios y desarrollar una actividad empresarial normal.
A ello se suma el derrumbe del turismo, durante décadas presentado por el Gobierno como uno de los motores estratégicos para captar divisas.
Entre enero y junio de 2026, Cuba recibió 387.591 visitantes internacionales, un 60,7% menos que durante el mismo período del año anterior, según los datos recogidos en la información económica publicada este domingo. Los descensos golpearon mercados fundamentales: Canadá cayó un 70,3%, Rusia un 66,8%, España un 57,7% y Estados Unidos un 53,8%. La ocupación hotelera durante el primer trimestre se situó en apenas el 12,9%, frente al 23,7% del año anterior.
Estas cifras adquieren especial gravedad por las enormes inversiones realizadas durante años en infraestructura hotelera. El país ha destinado considerables recursos a ampliar la capacidad turística mientras se deterioraban simultáneamente la infraestructura eléctrica, la vivienda, el transporte, la agricultura y otros sectores esenciales.
El resultado expone una contradicción cada vez más difícil de ocultar: Cuba dispone de habitaciones hoteleras que no consigue llenar mientras carece de energía suficiente para mantener funcionando con normalidad buena parte del país.
A la caída del turismo se añaden los problemas de otros sectores tradicionalmente generadores de divisas.
El níquel, el azúcar y la exportación de servicios atraviesan también dificultades. La producción azucarera, que durante décadas constituyó uno de los símbolos de la economía cubana, ha descendido hasta niveles que han obligado al país a importar más azúcar de la que exporta. La falta de combustible ha afectado asimismo las actividades mineras.
Todo converge en el mismo problema: Cuba produce poco, exporta menos de lo que necesita para financiar sus importaciones y dispone de una cantidad insuficiente de divisas para comprar en el exterior la energía, los alimentos, las materias primas y los insumos que no consigue producir internamente.
El círculo es particularmente peligroso. Menos producción significa menos exportaciones. Menos exportaciones significan menos divisas. Menos divisas reducen las posibilidades de importar combustible y materias primas. Y sin combustible ni materias primas vuelve a caer la producción.
La economía termina alimentando su propio deterioro.
Las restricciones estadounidenses afectan el acceso a determinados mercados y operaciones financieras y forman parte de las dificultades externas que enfrenta la Isla. La propia información sobre el desplome turístico menciona el efecto de las sanciones junto con la crisis energética, las dificultades de combustible para la aviación y la suspensión de operaciones internacionales.
Pero explicar una contracción del 10,3% exclusivamente por las sanciones resulta cada vez más insuficiente cuando prácticamente toda América Latina opera bajo un contexto internacional complejo y ninguna de las economías comparadas por la CEPAL se aproxima siquiera al deterioro previsto para Cuba.
Ahí aparece inevitablemente la responsabilidad del modelo económico y de las decisiones tomadas en La Habana.
La crisis no comenzó en 2026 ni puede atribuirse exclusivamente a la pérdida de petróleo, al turismo o a las sanciones. El país llega a esta situación después de años de insuficiente producción agrícola e industrial, escasez de divisas, distorsiones monetarias, baja productividad y una economía incapaz de generar los bienes y recursos que necesita.
La comparación regional resulta especialmente elocuente. Para 2026, la CEPAL proyecta crecimientos del 4,5% para Nicaragua, 4,4% para Panamá, 4% para Guatemala y República Dominicana y 3,9% para Costa Rica y El Salvador. Cuba, en cambio, aparece con un desplome del 10,3%.
Incluso el desempeño estadístico de Centroamérica cambia sustancialmente cuando se excluye a Cuba y Haití: la CEPAL calcula un crecimiento del 1,6% para la subregión en 2026, pero del 4% cuando ambos países quedan fuera del cálculo.
El problema ya no es, por tanto, simplemente cuánto crecerá o dejará de crecer la economía. Una contracción de esta magnitud se produce sobre una sociedad que lleva años soportando escasez, inflación, apagones, deterioro del transporte y pérdida del poder adquisitivo.
La CEPAL dedicó precisamente un estudio específico, publicado el 1 de septiembre, a la evolución macroeconómica cubana durante 2025 y sus perspectivas para 2026, examinando crecimiento, cuenta corriente, balance fiscal, inflación, políticas monetarias y cambiarias y sector externo.
La nueva previsión resulta todavía más significativa porque supone un fuerte empeoramiento frente a cálculos anteriores del propio organismo. La estimación de la CEPAL para 2026 había sido anteriormente de una contracción del 6,5%; la proyección posterior elevó la caída al 10,3%.
Ese cambio no es menor. Significa que el deterioro económico ha avanzado con una rapidez superior a la que se esperaba meses atrás.
Y el horizonte inmediato tampoco ofrece alivio. La previsión de una nueva caída del 5,1% en 2027 indica que la CEPAL no espera que el desplome de este año vaya seguido de un rebote económico inmediato.
Para millones de cubanos, sin embargo, esas cifras macroeconómicas adquieren otra traducción: menos productos disponibles, mayor deterioro del salario real, dificultades para transportarse, servicios públicos sometidos a crecientes restricciones y una economía familiar cada vez más dependiente de remesas, divisas o actividades ajenas al salario estatal.
La cifra del 10,3% debe leerse por eso como algo más que una previsión económica.
Es una señal de hasta qué punto se ha reducido la capacidad del país para sostener su propia economía.
Durante décadas, las autoridades cubanas han atribuido una parte sustancial de sus dificultades económicas al embargo y las sanciones estadounidenses. Es indudable que esas restricciones tienen consecuencias. Pero después de sucesivas reformas fallidas, retrocesos productivos y crisis monetarias, la magnitud del deterioro obliga también a mirar hacia dentro.
Un país no puede depender indefinidamente del petróleo subsidiado de un aliado, del turismo extranjero, de los ingresos enviados desde el exterior y de las importaciones para cubrir necesidades que su aparato productivo no consigue satisfacer.
La verdadera alarma de la previsión de la CEPAL no está únicamente en el 10,3%.
Está en que Cuba, mientras buena parte de la región crece, continúa retrocediendo y se asoma ya a otro año de contracción.
El Gobierno puede seguir enumerando factores externos para explicar la crisis. Pero una caída económica de esta dimensión convierte otra pregunta en inevitable: cuánto más puede deteriorarse el país antes de que las autoridades reconozcan que Cuba no necesita otro ajuste provisional, sino una transformación profunda de su modelo económico.
Descubre más desde Prensa Libre Cuba
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



























Sé el primero en comentar