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Doce coches de Policía despliegan un operativo para disolver la protesta en Fontanar

Los cacerolazos, cada vez más organizados, se multiplican pese a las multas, la vigilancia y la represión. Foto captura redes sociales.

La Habana. PLC | La Habana vuelve a ser el escenario de una tensión que ya no se disimula. En Fontanar, un barrio del municipio Boyeros, decenas de vecinos bloquearon la Avenida Rancho Boyeros golpeando cazuelas y gritando “¡Queremos luz!”, hartos de apagones que superan las 20 horas y de días enteros sin agua. La protesta, repetida por segundo día consecutivo, terminó con la intervención de una decena de patrullas, golpes y al menos dos detenidos —una mujer y un joven— según testigos.

Los manifestantes impidieron el paso de vehículos y colocaron contenedores de basura en la vía. La policía llegó acompañada de boinas negras y boinas rojas, fuerzas especiales del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas, desplegadas para sofocar disturbios. La electricidad, cortada desde hacía más de 24 horas, fue restablecida de madrugada solo para volver a desaparecer horas después.

El malestar no es exclusivo de Fontanar. En los últimos días, vecinos del Vedado cerraron la Avenida 26 tras más de cuarenta horas sin electricidad; en El Fanguito, un operativo con más de treinta agentes rodeó el barrio durante un cacerolazo; y en Arroyo Naranjo, madres bloquearon una calle con sus hijos en brazos. La crisis eléctrica es estructural: el Sistema Electroenergético Nacional apenas pudo cubrir 1.000 MW frente a una demanda de 3.250 MW, dejando un déficit de 2.190 MW.

La desigualdad en los cortes añade combustible al descontento. Mientras barrios enteros pasan días sin corriente, zonas residenciales con casas de alquiler y piscinas —como Río Cristal y Abel Santamaría— apenas sufren interrupciones, según denuncian los vecinos. La percepción de privilegios en medio del colapso alimenta la indignación.

La crisis energética arrastra consigo otras emergencias. Con el calor del verano y la escasez de combustible, se han agravado los problemas sanitarios: proliferan enfermedades transmitidas por mosquitos y se reportan muertes que, en condiciones normales, podrían haberse evitado. La vida cotidiana se ha vuelto una carrera de resistencia en un país que atraviesa su peor crisis económica desde 1959.

Los cacerolazos, cada vez más organizados, se multiplican pese a las multas, la vigilancia y la represión. En junio, Cubalex registró 253 protestas en la Isla, la cifra mensual más alta desde que comenzó a documentarlas en 2022. La calle habla, y lo hace con más fuerza que nunca.

En Fontanar, un vecino lo resumió con una frase que ya se escucha en toda Cuba: “Quitaypón, quitaypón… ya no da tiempo ni a hacer el arroz”. La desesperación se ha convertido en un lenguaje común. Y cada apagón prolongado es una chispa que puede encender otra noche de protesta.


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