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El micrófono del poder: Criterio Compartido y la ilusión del diálogo

La estructura del programa revela su verdadero propósito: administrar la percepción pública en medio de una crisis profunda. La participación ciudadana se limita a preguntas filtradas, la transparencia se reduce a explicaciones justificativas y el consenso se construye desde arriba. Foto: Presidencia de Cuba

La Habana. PLC | Miguel Díaz‑Canel ha estrenado en Radio Rebelde su nuevo programa, Criterio Compartido, presentado como un espacio para escuchar a la población, promover la transparencia y construir consensos. El formato, conducido por el propio presidente junto a la periodista Bárbara Betancourt, promete llamadas telefónicas, estudios de opinión y participación de expertos. La narrativa oficial lo describe como un ejercicio de diálogo directo con los cubanos, una cabina abierta donde “cada voz importa” y donde el mandatario responderá inquietudes sobre precios, jubilaciones, producción de alimentos, crisis energética y transformaciones económicas.

Pero el programa nace con una contradicción estructural: pretende ser un espacio de escucha en un país donde la crítica pública se castiga, donde los medios están bajo control absoluto del Partido Comunista y donde la ciudadanía no puede elegir a sus gobernantes. La idea de un presidente que se sienta frente a un micrófono para “dialogar” con la población suena más a puesta en escena que a apertura real. En Cuba, la comunicación política no es un puente: es un monólogo. Y Criterio Compartido, pese a su envoltura participativa, reproduce ese esquema.

El primer episodio confirma la lógica. Díaz‑Canel dedicó buena parte del tiempo a defender las medidas económicas del Gobierno, justificar la crisis energética y responder a Trump con el repertorio habitual: bloqueo, injerencia, soberanía, revolución. El programa se presenta como un espacio para atender preocupaciones ciudadanas, pero funciona como un mecanismo para reafirmar el discurso oficial y blindar la narrativa del Estado. Incluso cuando se reciben llamadas críticas, el marco está diseñado para que el presidente conserve el control del relato, seleccione los temas y cierre cada intervención con una reafirmación ideológica.

La estructura del programa revela su verdadero propósito: administrar la percepción pública en medio de una crisis profunda. La participación ciudadana se limita a preguntas filtradas, la transparencia se reduce a explicaciones justificativas y el consenso se construye desde arriba. No hay pluralismo, no hay contraparte, no hay posibilidad de confrontar al poder con datos independientes. Criterio Compartido no es un espacio de debate: es un instrumento de contención política.

El Gobierno intenta presentar el programa como una innovación comunicacional, pero en realidad es la continuidad de un patrón histórico: cuando la crisis se agrava, el Estado cubano amplifica su aparato propagandístico y simula cercanía con la población. Ocurrió con las Mesas Redondas, con Desde la Presidencia y ahora con Criterio Compartido. La diferencia es que el deterioro actual es más profundo y la desconfianza social más extendida. La gente no necesita otro micrófono estatal: necesita instituciones que funcionen, servicios básicos que no colapsen y un sistema político donde su voz tenga consecuencias reales.

Criterio Compartido intenta proyectar un país donde el presidente escucha, responde y aprende. Pero la realidad es otra: los cubanos siguen sin poder elegir a sus gobernantes, sin medios independientes, sin tribunales autónomos y sin garantías para expresar públicamente lo que realmente piensan. En ese contexto, un programa radial conducido por el jefe de Estado no es diálogo: es control. No es participación: es gestión del descontento. No es transparencia: es narrativa.

El régimen presenta el programa como un gesto de apertura. Pero mientras la ciudadanía no pueda hablar sin miedo, mientras la crítica siga siendo delito y mientras la política siga siendo monopolio de un solo partido, cualquier “criterio compartido” será, en esencia, un criterio impuesto.


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