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El regreso de la Guerra Fría al Ártico: Washington prepara dos nuevas bases en Groenlandia bajo el acuerdo con Trump

El pacto, que será firmado durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, busca cerrar meses de tensiones provocadas por las presiones de Donald Trump para obtener control sobre la isla, un episodio que generó una crisis diplomática dentro de la OTAN. Imagen generada por inteligencia artificial / PLC

Redacción Central

Estocolmo. PLC | Groenlandia vuelve a ocupar el centro del tablero geopolítico mundial. Más de medio siglo después de que Estados Unidos redujera drásticamente su presencia militar en la isla, el mapa estratégico de la Guerra Fría está a punto de reactivarse. Washington, Copenhague y Nuuk ultiman un acuerdo que permitirá a Estados Unidos ampliar de forma significativa su despliegue militar en el territorio ártico, reabriendo bases históricas y estableciendo nuevas posiciones en zonas remotas. El pacto, que será firmado durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, busca cerrar meses de tensiones provocadas por las presiones de Donald Trump para obtener control sobre la isla, un episodio que generó una crisis diplomática dentro de la OTAN.

El acuerdo permitirá a Estados Unidos abrir dos nuevas instalaciones militares además de la actual base espacial de Pituffik. La primera estará en Narsarsuaq, en el sur de Groenlandia, donde Washington operó la base Bluie West One durante la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría. La segunda se ubicará en Mestersvig, en la costa este, actualmente utilizada por la Patrulla Sirius, una unidad de élite danesa especializada en operaciones en algunos de los terrenos más inhóspitos del planeta. Ambas ubicaciones han sido confirmadas por fuentes con conocimiento directo de las negociaciones.

La firma del acuerdo está prevista para las 10:30 de la mañana, hora del Este, en Nueva York. Aunque el texto no se ha hecho público, los gobiernos de Dinamarca y Groenlandia han insistido en que el pacto respetará la soberanía del Reino de Dinamarca y el derecho de autodeterminación de los groenlandeses. La Casa Blanca, por su parte, ha afirmado que el acuerdo “garantizará y defenderá la seguridad de Groenlandia y de Estados Unidos”, mientras Trump sostiene que el pacto otorgará a Washington “control permanente” sobre la seguridad de la isla, una interpretación que Copenhague no ha confirmado.

El contexto político es decisivo. Trump ha reiterado en numerosas ocasiones que Groenlandia es esencial para la seguridad nacional estadounidense y llegó a plantear su adquisición, lo que desencadenó una disputa diplomática con Dinamarca y Groenlandia. Las encuestas muestran una oposición abrumadora entre los groenlandeses a cualquier transferencia de soberanía. Las amenazas y presiones alcanzaron su punto álgido en enero, obligando a los tres gobiernos a negociar un acuerdo que calmara las preocupaciones de Washington sin alterar el estatus político de la isla.

La importancia estratégica de Groenlandia es evidente. Su ubicación entre América del Norte y Europa la convierte en un punto clave para la vigilancia espacial, la alerta de misiles y el control de rutas marítimas árticas, cada vez más accesibles por el deshielo. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos mantuvo 17 instalaciones militares en la isla y más de 10 000 efectivos desplegados. Hoy solo queda Pituffik, con unos 150 militares. La incorporación de Narsarsuaq y Mestersvig ampliaría la presencia estadounidense a zonas muy diferentes del territorio, reforzando su capacidad operativa en un Ártico donde Rusia mantiene una infraestructura militar considerable y donde la OTAN busca aumentar su vigilancia.

Dinamarca ha insistido en que la seguridad del Ártico debe permanecer bajo el paraguas de la OTAN, evitando que el acuerdo se convierta en un asunto bilateral entre Washington y Copenhague. El Gobierno danés considera que el pacto fortalecerá la seguridad del Atlántico Norte y del Ártico, y que la cooperación trilateral permitirá estabilizar la región sin comprometer la soberanía del Reino. Groenlandia, por su parte, ha subrayado que el acuerdo reconoce sus intereses y su papel en la cooperación internacional. El simbolismo es inevitable. Narsarsuaq, que en su día fue un nodo vital entre Norteamérica y Europa, podría volver a albergar tropas estadounidenses más de siete décadas después de su cierre. Mestersvig, aislada y sometida a condiciones extremas, abriría una nueva puerta para la presencia militar de Estados Unidos en la costa este de la isla. Si las fuentes consultadas están en lo cierto, el martes marcará el inicio de una nueva etapa en la historia militar del Ártico: una secuela de la Guerra Fría adaptada a un mundo donde el deshielo, los recursos estratégicos y la rivalidad entre potencias vuelven a convertir a Groenlandia en un territorio decisivo


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