CUBA TURISMO
Estocolmo. PLC | Entre enero y julio de 2026, la isla recibió solo 419.863 visitantes extranjeros, una caída del 63% respecto al mismo periodo del año anterior. La cifra, que en otros tiempos habría sido impensable para un destino que llegó a superar los cuatro millones de turistas anuales, refleja un deterioro que se acelera mes a mes y que ha dejado al país operando con apenas una fracción de su capacidad histórica.
El impacto es visible en la infraestructura hotelera. El 73% de las habitaciones del país permanece cerrado, según datos confirmados por operadores internacionales y agencias de viaje. La parálisis no responde únicamente a la caída de la demanda, sino a la retirada masiva de las cadenas extranjeras que durante décadas sostuvieron la oferta turística cubana. La salida de estos actores ha vaciado la estructura operativa del sector y ha dejado a la isla sin los estándares de servicio que exigía el mercado global.
Blue Diamond Resorts, hasta hace poco la cadena extranjera de mayor expansión en Cuba, abandonó sus 62 hoteles tras meses de operar en condiciones que la empresa calificó como insostenibles. Iberostar cerró 12 de sus 18 instalaciones y completó su retirada en julio. Meliá, la marca que durante años fue sinónimo del turismo cubano en Europa, clausuró sus 34 hoteles el 24 de julio, después de registrar pérdidas significativas asociadas a su presencia en la isla. La salida de estas compañías coincide con la aplicación de sanciones de Estados Unidos contra el conglomerado militar GAESA, propietario de la mayoría de los hoteles administrados por firmas internacionales. Las sanciones han limitado el acceso al combustible, han afectado la conectividad aérea y han elevado los riesgos operativos para cualquier empresa vinculada al sector.
El desplome del mercado canadiense, históricamente el principal emisor de turistas hacia Cuba, ilustra la magnitud del retroceso. Entre enero y julio, Canadá aportó 350.737 visitantes menos que en 2025. La caída no se explica solo por factores económicos o por la competencia de otros destinos del Caribe. Las alertas de viaje emitidas por Ottawa y Londres, que recomiendan evitar desplazamientos no esenciales a Cuba debido a la crisis de suministros y a la inestabilidad operativa, han tenido un efecto directo en la demanda. La reducción de vuelos, la falta de combustible para operaciones internas y los apagones prolongados han deteriorado la percepción del destino y han afectado la capacidad del país para sostener un producto turístico mínimamente competitivo.
La contracción del turismo tiene efectos que trascienden el sector. La reducción de ingresos en divisas golpea la capacidad del Estado para financiar importaciones esenciales, afecta el empleo en las principales zonas turísticas y debilita la cadena de suministros que dependía de la actividad hotelera. La retirada de las grandes cadenas internacionales ha dejado un vacío que no puede ser llenado por operadores locales, cuya capacidad logística y financiera es limitada en el contexto actual.
El turismo, que durante décadas funcionó como la vitrina económica de Cuba y como uno de sus principales motores de crecimiento, enfrenta hoy un escenario marcado por la desconexión aérea, la escasez de combustible, el deterioro de la infraestructura y la pérdida de confianza empresarial. La combinación de estos factores ha empujado al sector a una fase de repliegue que redefine el mapa económico del país y que plantea interrogantes sobre su capacidad de recuperación en el corto y mediano plazo.
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