La Habana se hunde entre basura y silencio oficial
La crisis urbana en La Habana ha alcanzado un punto que ya no puede describirse como deterioro, sino como colapso. La capital enfrenta un nivel de abandono tan profundo que el Estado ha comenzado a enviar jóvenes del Servicio Militar Activo a recoger basura con palas, sacos y carretillas improvisadas en plena calle. Reclutas de 18 y 19 años, que deberían estar en unidades militares o en entrenamiento, trabajan ahora como recolectores de desechos ante la incapacidad del sistema de saneamiento para funcionar.
La imagen es contundente: uniformes verde olivo entre montañas de basura, jóvenes cargando desechos a mano, brigadas improvisadas intentando contener un problema que crece más rápido de lo que pueden recogerlo. No es un operativo puntual. Es la nueva normalidad de una ciudad que se desmorona.
La causa inmediata es la falta de combustible. De los 106 camiones recolectores que deberían operar en La Habana, solo 44 están en funcionamiento. El resto permanece detenido por falta de diésel, piezas o mantenimiento. El resultado es devastador: 23.814 metros cúbicos de basura quedan sin recoger cada día, acumulándose en esquinas, solares, avenidas y zonas residenciales. La ciudad huele a descomposición. La basura atrae moscas, ratas y enfermedades. Y el Estado, incapaz de garantizar un servicio básico, recurre a soldados adolescentes para intentar contener la crisis.
La situación se agrava con escenas que hace apenas unos años habrían sido impensables. En varios barrios, vecinos se ven obligados a cocinar animales en plena calle, sobre fogones improvisados, porque no tienen gas ni electricidad. La combinación de apagones prolongados, falta de combustible y escasez de alimentos ha empujado a la población a prácticas de supervivencia que recuerdan a zonas de desastre humanitario.
El Gobierno, sin embargo, mantiene un discurso desconectado de la realidad. Habla de “afectaciones temporales”, de “esfuerzos colectivos”, de “resistencia creativa”. Pero la calle muestra otra cosa: una ciudad que ya no puede sostener sus servicios esenciales, una población exhausta y un Estado que recurre a medidas desesperadas para evitar que el colapso sea aún más visible.
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