Deportes. La Habana (PLC) — La suspensión repentina de los campeonatos nacionales de béisbol en las categorías Sub-12, Sub‑15 y Sub‑18 cayó como un jarro de agua fría sobre los peloteros más jóvenes de Cuba, que ven cómo se esfuma uno de los pocos espacios competitivos que aún les quedaban en la Isla. La decisión, anunciada por el periodista oficialista Carlos Hernández Luján, se atribuye al “cerco energético impuesto por Estados Unidos”, una explicación que llega en medio de apagones que superan las veinte horas diarias y que han paralizado buena parte de la vida cotidiana.
La cancelación de los torneos no solo afecta la preparación de los atletas, sino que profundiza la sensación de abandono que desde hace meses denuncian entrenadores, familiares y especialistas. El portal Swing Completo subrayó que los jóvenes pierden la posibilidad de “sumar innings en un escenario de primer nivel”, un elemento clave para su desarrollo técnico y para cualquier aspiración futura de competir internacionalmente.
Ante el vacío que deja la suspensión, la Comisión Nacional de Béisbol ha diseñado un plan de emergencia: enviar funcionarios a las provincias para seleccionar, de manera directa, a los jugadores que integrarán las delegaciones a los próximos torneos internacionales. Cuba deberá conformar equipos para el Panamericano Sub‑12 en Mazatlán, el Mundial Sub‑15 en Mérida y el Panamericano Sub‑18 en Santo Domingo, todos programados entre agosto y octubre. Según Hernández Luján, especialistas nacionales y provinciales realizarán pruebas físicas y técnicas para evaluar el estado de los aspirantes y definir las preselecciones.
El procedimiento, sin embargo, deja fuera a quienes necesitan más tiempo de juego para consolidarse. Sin campeonatos, sin competencia real y sin un calendario estable, los jóvenes con menos visibilidad quedan prácticamente descartados. La situación no es nueva. En abril, un endocrinólogo del Hospital Abel Santamaría, en Pinar del Río, denunció en un foro público de Facebook que las Pequeñas Ligas habían quedado a la deriva pese al esfuerzo de entrenadores y familias. Ni el Inder ni la Comisión Nacional ofrecieron apoyo logístico, afirmó, y recordó que desde hace años son los padres quienes costean implementos, transporte y alimentación. “Los más afectados son los niños, que entrenan en condiciones pésimas y cuya única motivación son estos campeonatos”, lamentó.
La falta de oportunidades dentro del país está empujando a los talentos más prometedores a buscar futuro fuera. Solo entre abril y mayo, tres jóvenes peloteros emigraron a República Dominicana con la esperanza de firmar con organizaciones de Grandes Ligas. Iván Castillo, de 13 años, integrante del equipo Cuba U12; Raider Sánchez, de 19, con experiencia en el Premundial U‑23 y el Clásico Mundial; y Enmanuel Barrera, de 17, figura destacada en las categorías U‑15 y U‑18, abandonaron la Isla en busca de un camino que el sistema deportivo cubano ya no parece ofrecerles.
A la par, continúa la sangría de firmas internacionales. En pocas semanas, Naikys Piedra cerró contrato con los Chicago Cubs; Cristian Rego con los Philadelphia Phillies; Luis Almeida con los Pittsburgh Pirates; y Pedro Santos con los Southern Maryland Blue Crabs. Oscar Colás se incorporó a los Saraperos de Saltillo, Jonathan Valle a los San Francisco Giants, Andy González a los Houston Astros y Yadier Zamora a los Dodgers. Una lista que crece al ritmo del deterioro interno.
La crisis energética, la precariedad material y la falta de un proyecto deportivo sostenible han convertido al béisbol juvenil en otro termómetro del desgaste del país. Mientras las autoridades insisten en culpar a factores externos, miles de familias ven cómo se estrecha el horizonte de sus hijos. En un deporte que durante décadas fue símbolo de identidad nacional, la nueva generación crece entre apagones, incertidumbre y la convicción de que el futuro, si existe, está lejos de casa.
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