CUBA-CONTRABANDO
Por Carlos Cabrera Pérez -Prensa Libre Cuba
Madrid. PLC | Hace cuatro siglos, Francis Drake asaltaba galeones españoles en busca del oro que sostenía a un imperio. Hoy los barcos no llevan banderas piratas, sino nombres de sociedades anónimas, y los tesoros ya no son lingotes, sino divisas y contenedores bajo sospecha. El eje geográfico sigue intacto, pero el trasiego marítimo hacia y desde Cuba se ha ralentizado por la Administración Trump, que vigila de cerca los opacos despachos castristas en Ciudad de Panamá, donde una vieja red empresarial verde oliva funciona casi sin interrupción desde la época de Omar Torrijos, con la misión de burlar el embargo y los radares de Estados Unidos.
La Habana siempre ha jugado con matices geopolíticos en su comercio internacional y, ahora más que nunca, necesita oxígeno financiero y suministros estratégicos, especialmente combustibles. Pero Washington acaba de pillarla con dos barcos extranjeros cargando combustible en sus compartimentos más recónditos.
Para entender cómo opera este engranaje de importación estratégica hay que observar a los actores privados e internacionales que sostienen el puente logístico entre Cuba y quienes navegan en medio de la galerna Trump. Antillas Sea Agency S.L., empresa española con sedes en Barcelona y Valencia, funciona en la práctica como un brazo ribereño de GAESA en Europa. La propia compañía confirma que Cuba es uno de sus tráficos más relevantes y acaba de abrir sucursal en Panamá. En un escenario de severa escasez interna, Antillas se encarga de que los contenedores refrigerados con insumos médicos e ingredientes activos para vacunas cubanas sorteen escollos y pasen aduanas. No hay indicios de participación en tráfico de petróleo ni actividad irregular.
La Corporación de Transportes Marinos S.A. (CTM), registrada en Panamá, es un peón indispensable para los militares castristas. Su cometido es proveer a los buques clientes y coordinar rotaciones bicentenarias por aguas atlánticas, enlazando Port Everglades, Port Miami, Halifax, Barcelona y Valencia con los muelles del Mariel. Amparada en las leyes corporativas panameñas, CTM diluye la huella de propiedad estatal cubana, permitiendo contratar fletes internacionales y operar en divisas. Tampoco hay evidencias de su participación en contrabando de petróleo, que vincula a los barcos interceptados con otra sociedad cubana en Panamá, Global Ship Supply.
Para Cuba sería vital una alianza estratégica entre Antillas Sea Agency y CTM, porque debe garantizar que el flujo de insumos médicos y vacunas no se apague mientras navieras tradicionales evitan tocar puertos cubanos por temor a sanciones de la OFAC. A priori, la triangulación corporativa hispano‑panameña‑cubana asegura a GAESA un canal logístico protector de sus objetivos de supervivencia. Pero el truco del combustible escondido en los compartimentos de lastre de dos buques no cisternas cayó como un tanque de melaza sobre los operadores, reforzando la vigilancia de Estados Unidos y poniendo en aprietos a México, principal aliado de Cuba en la región.
Fuentes extranjeras vinculadas al comercio con Cuba aseguran que representantes de GAESA les han ofrecido involucrarse en el tráfico de petróleo, pero han rechazado la propuesta para proteger sus intereses y porque les resulta rentable su actividad lícita.
En junio se produjo un cambio relevante en la estructura societaria. La directora comercial de TC Mariel comunicó a sus clientes el traspaso de su patrimonio a Coral Marítima S.A., sociedad adscrita al Grupo Empresarial de Transporte Marítimo Portuario (GEMAR). Coral creó la filial Terminales Portuarias CORAL S.A., que asumió la gestión de la terminal el 1 de julio. El puerto del Mariel es el principal punto de entrada y salida del comercio marítimo cubano, propiedad de GAESA a través de Almacenes Universales S.A. (AUSA), que otorgó la gestión de su terminal de contenedores a PSA, gigante de Singapur que huyó ante el empuje del León de la Metro.
PSA contrató en Panamá a Any Rodríguez Lastres, quien trabajó ocho años en la Terminal de Contenedores de Mariel y llegó a directora comercial. Hoy es speaker de PSA en el istmo y es hija de Ania Guillermina Lastres Morera, general de brigada y presidenta ejecutiva de GAESA. La escogencia de Panamá para la joven no es improvisada: responde a la trayectoria empresarial de su madre, previa a su desembarco en GAESA, como demuestran registros que la acreditan como directora o secretaria de Anlamex Corp., Acintex S.A., Lukenwest Holdings S.A. y Alisan S.A., parte del rastro de los cuadros económicos del FARINT en otras tierras que reclaman sus discretos forrajeos.
Coral Marítima tiene base panameña mediante CTM, con domicilio social en la ciudad natal de Rubén Blades y oficina en el FOCSA, donde vende servicios marítimos en Mariel y otros puertos cubanos conectados con Cartagena, Colón y Europa, sin precisar destinos, coordinados con su consignataria Antillas Sea Agency. Pero Ania Guillermina sabe que poner todos los activos en una sola plaza comporta riesgos y diseñó una segunda posición de fuego en Londres, donde opera Allicom LTD, compañía británica constituida en 2019 y aún activa. Otras fuentes indican que el rastro cubano en Europa se extiende a Suiza, Luxemburgo y Liechtenstein, además de España.
La base de los negocios de los guardias está en Panamá, donde también opera Caribbean Eryo Shipping Company (CEYSC), manejada por los guardias Forcades y González, aficionados a República Dominicana y actualmente enfrascados en renovar los certificados estatutarios del Grace, acreditación que certifica que el barco cumple normas internacionales de seguridad, construcción, equipo y protección ambiental.
La presencia cubana en Panamá es tan vieja como la revolución. En 1959, el capitán rebelde César Vega desembarcó en Playa Colorada para encabezar una guerrilla, pero un disparo —proveniente de una mulata que quitaba el hipo— abortó el intento y Vega se quedó a vivir con su hallazgo de ébano, como narra Juan Benemelis en Las guerras secretas de Fidel Castro. Años después, Ricardo Cabrisas nombró a Roberto Castro representante de empresas en Panamá. Recién llegado, acosó a una secretaria nativa de la DGI y terminó exhibiéndose de forma grotesca. En 1989, durante la invasión estadounidense, una escuadra de la BERE dejó abandonada una antena en la zona del Canal y huyó a Cuba vía Colombia.
Más recientemente, el coronel Raúl G. Rodríguez Castro aprovechó viajes privados para tratamientos de reproducción asistida y se desplazaba en helicóptero al parqueo de Albrook Mall para pacotillear a mansalva, ante la mirada incómoda de panameños y diplomáticos cubanos.
Para los panameños informados, las andanzas castristas no son novedad, ni tampoco las cargas marítimas camufladas como el combustible escondido en los compartimentos de lastre del Grace y el Jaira Provide. En 2013, Panamá interceptó el barco norcoreano Chong Chon Gang, procedente de Cuba, con armas no declaradas bajo 200 mil toneladas de azúcar. Cuba admitió la propiedad de la carga, calificándola de “armamento defensivo obsoleto” enviado a Corea del Norte para ser reparado. El material incautado incluía complejos de misiles antiaéreos, aviones MiG‑21 bis, motores, radares y munición. El Grupo de Expertos del Consejo de Seguridad de la ONU concluyó que el envío fue la mayor violación de sanciones internacionales a Corea del Norte detectada hasta la fecha, evidenciando un esfuerzo coordinado entre La Habana y Pyongyang para eludir el embargo militar.
Para la casta verde oliva y sus subguaras offshore, casi todos los caminos conducen a Panamá, donde una arquitectura empresarial añeja y no siempre cuidadosa da cobertura a negocios homologables a la práctica internacional y otros al pirateo que tanto gusta a los muñequitos de Línea y A. Los mismos que acaban de ser pillados intentando trasegar combustible hacia Cuba en cargamentos valorados en 2,8 millones de dólares, según Homeland Security Investigations (HSI). El reporte detalla que los cargamentos incautados contienen una mezcla de destilados químicos y biodiésel listos para ser exportados ilegalmente a la isla, en un esquema diseñado para evadir sanciones estadounidenses. Portavoces de Homeland, Aduanas (CBP) y la Oficina de Industria y Seguridad ofrecerán una rueda de prensa en Miami para detallar la operación y mostrar parte de la incautación.
Los barcos cambian de nombre, de bandera y de operador; las sociedades también. Pero las rutas permanecen y los trasiegos opacos dejan huellas imborrables para ventaja de Estados Unidos, que vigila los movimientos de guayabitos y ratones verde oliva mientras engrosa la lista de sancionados por querer bailar en casa del trompo.
Vamo a vel la ola marina, vamo a vel la vuelta que da.
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La segunda parte da mucho detalle sobre quién dirige qué empresas y muy poco sobre el punto jurídico. El autor admite que no tiene pruebas de que Antillas Sea Agency o CTM participaran en el comercio de petróleo, así que solo dos empresas panameñas quedan vinculadas a los buques. La incautación de 2,8 millones de dólares en biodiésel en Port Everglades y Houston es real, pero eran exportaciones que salían de puertos estadounidenses, donde se aplica la ley de EE. UU. Los comunicados que he visto no la relacionan con el Grace. La comparación con el Chong Chon Gang tampoco se sostiene. Ese buque estaba en aguas panameñas y había incumplido sanciones de la ONU, no un embargo unilateral de EE. UU. Nada de esto demuestra que EE. UU. contara con el consentimiento de Comoras ni que el Grace fuera apátrida cuando lo abordaron, así que mi opinión no cambia.