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Witkoff, el mediador incómodo que nadie quiere en la mesa

Pero la impaciencia no es solo ucraniana. En Moscú, donde Witkoff y Jared Kushner han viajado repetidamente desde enero, el Kremlin también muestra señales de agotamiento.El presidente ruso Vladimir Putin se reúne con el enviado especiale del presidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff en Moscú. Foto: Oficina de prensa del Kremlin.

Redacción Central

Estocolmo. PLC | El desgaste alrededor de Steve Witkoff, enviado especial de Estados Unidos para la guerra en Ucrania, ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho político palpable. Tanto en Kiev como en Moscú, la figura del magnate inmobiliario —convertido por Donald Trump en improvisado diplomático— se ha vuelto un obstáculo más que un puente en un proceso de paz que ya de por sí avanza con dificultad. Fuentes citadas por The Kyiv Independent describen un clima de creciente irritación, intentos discretos de apartarlo y una sensación compartida de que el mediador estadounidense no está a la altura del momento histórico.

La frustración ucraniana viene de lejos. Desde el primer día, el nombramiento de Witkoff fue recibido con escepticismo: un empresario sin experiencia diplomática, con vínculos personales con Trump y una relación demasiado cercana con Vladímir Putin difícilmente podía encarnar la neutralidad que exige una negociación de alto nivel. Funcionarios ucranianos describen reuniones erráticas, una comprensión superficial del conflicto y una actitud que roza la frivolidad. Uno de ellos lo resume con crudeza: «No dejan de decirnos que “tenéis que poner fin a esta guerra”, como si, joder, no quisiéramos ponerle fin». Otro participante en las conversaciones asegura que Witkoff ha abandonado reuniones sin explicación y que «parece más interesado en los restaurantes y otras cosas» que en la arquitectura del acuerdo de paz.

Pero la impaciencia no es solo ucraniana. En Moscú, donde Witkoff y Jared Kushner han viajado repetidamente desde enero, el Kremlin también muestra señales de agotamiento. Según fuentes con acceso a inteligencia ucraniana, funcionarios rusos lo acusan de malinterpretar mensajes clave de Putin destinados a Trump, de cometer errores “diplomáticos” y de no haber logrado presionar a Kiev para que acepte concesiones territoriales. En otras palabras: Witkoff no cumple las expectativas de ninguna de las dos partes, y ambas parecen coincidir en que su presencia complica más de lo que ayuda.

El contexto tampoco favorece su misión. La aprobación en el Congreso estadounidense del paquete de sanciones más amplio desde el regreso de Trump a la Casa Blanca ha tensado aún más el ambiente. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, lo expresó con claridad: «La aplicación de nuevas sanciones estadounidenses complicará sin duda los esfuerzos por encontrar una solución pacífica en Ucrania». Las sanciones golpean sectores estratégicos —energía y defensa— y apuntan directamente a Putin y a altos cargos rusos, enviando un mensaje que contradice la narrativa de “flexibilidad negociadora” que Witkoff y Kushner intentan sostener.

Mientras tanto, el proceso de paz sigue sin avances tangibles. La visita de los enviados a Moscú y Kiev a principios de septiembre, presentada por Trump como un intento de reactivar las conversaciones, no produjo resultados visibles. El viaje a Kiev, realizado en tren después de que Rusia bombardeara los aeropuertos de la capital pese a un acuerdo informal de no atacar mientras los estadounidenses estuvieran presentes, simboliza la distancia entre la retórica diplomática y la realidad militar. Ni siquiera el tono optimista de Kushner —centrado en la idea de una “situación en la que todos ganen”— logró ocultar la ausencia de propuestas concretas.

En este escenario, la figura de Witkoff se ha convertido en un síntoma de un problema mayor: la improvisación diplomática de la Administración Trump, que ha delegado en dos hombres de confianza —sin trayectoria en política exterior— la tarea de resolver uno de los conflictos más complejos del siglo XXI. La acumulación de fracasos, desde Oriente Medio hasta Ucrania, ha erosionado la credibilidad de ambos enviados y ha alimentado la percepción de que Washington no está gestionando un proceso de paz, sino una operación política con fines internos.

Las iniciativas para sustituir a Witkoff, según The Kyiv Independent, ya están en marcha. No está claro quién podría ocupar su lugar ni si la Casa Blanca está dispuesta a admitir que su apuesta personal ha fracasado. Lo que sí parece evidente es que, mientras el enviado especial pierde apoyo en todas las capitales implicadas, la guerra continúa sin señales de un alto el fuego y la diplomacia estadounidense se enfrenta a una crisis de confianza que ella misma ha contribuido a crear.


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