Foto: Los padres de Fidel y Raúl Castro en si finca de Birán.
ORÍGENES DEL MAL
ESPECIAL PARA PLC
Por Pedro Valdés Madán
El general Raúl Modesto Castro Ruz cumplió ayer 95 años y en solo 70 días, el 13 de agosto de 2026 se cumplirán 100 años del nacimiento de su hermano, Fidel Hipólito Castro Ruz.
Estos dos individuos han sido dueños absolutos del destino de Cuba por casi siete decenios, y es evidente el desastroso resultado que han logrado en todos los sentidos: material, espiritual y moral.
Ante un hecho de esta naturaleza, vale la pena profundizar en el origen y la historia de la familia Castro Ruz, pues es una historia tan sórdida y oscura, que se ha ocultado a los cubanos.
Esa es la causa de que no existan libros, series de televisión o filmes al respecto.
La dura realidad es que la trampa solapada y la traición calculada y fría, constituyeron la base y el común denominador que propició que la estirpe Castro Ruz se adueñara del destino de la República de Cuba.
Cuantos cubanos conocen los orígenes y la verdadera historia de la familia Castro Ruz?
De antemano debo decir que, para quien pretende esconder parte de este pasado turbio o manipularlo, esta será una narración incómoda, pero necesaria.
Empecemos por el padre.
Ángel Castro y Arguiz, nació en 1875 y fue el segundo de los seis hijos de un matrimonio de campesinos gallegos extremadamente humildes.
A los 17 años se alistó en el ejército español para combatir la insurrección en Cuba, a donde llegó en 1892. O sea, el padre de Fidel y Raúl Castro Ruz, arribó a Cuba como soldado del ejército colonial para guerrear contra los patriotas mambises que luchaban por la independencia de la isla del colonialismo español.
Participó en la parte final, que fue la más sangrienta y dura de la contienda, y según el historiador cubano Carlos Márquez Sterling, formó parte de la columna del coronel Cirujeda, que dio muerte en el combate de San Pedro al Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales.
A pesar de que el rey de España de la época proclamó en diversas ocasiones que para evitar la independencia de Cuba, la corona gastaría hasta la última peseta y la vida del último soldado, en 1898 Estados Unidos intervino en la contienda, España perdió la guerra y tuvo que retirar deshonrosamente a sus tropas de la isla, por lo que el soldado Ángel Castro y Arguiz tuvo que regresar a la empobrecida Galicia.
Al llegar de vuelta a su aldea natal gallega, comprobó que la novia que había dejado al partir a Cuba, no lo había esperado y se había casado con otro poblano. Aturdido por esa realidad y viendo la pobreza que reinaba en la comarca gallega, Ángel Castro y Arguiz regresó a La Habana, procedente del puerto de La Coruña, el 4 de diciembre de 1899, a bordo del vapor francés Mavane.
Según diversos historiadores uno de los primeros trabajos del joven Ángel en su nueva etapa en Cuba fue ir por los cañaverales vendiéndole limonada a los cortadores de caña.
Era muy trabajador, un excelente jugador de cartas, tuvo muy buena intuición en los negocios y consiguió empleo como contratista con la empresa americana United Fruit Company, cortando madera en los bosques del oriente cubano, para luego plantar inmediatamente caña de azúcar. Además, de forma particular, se dedicaba a la crianza de gallos jerezanos de pelea, lo que le comenzó a generar muy buen dinero.
Las ganancias de aquel negocio las invirtió comprando terrenos en el lugar agrícola de Birán, cercano a Holguin.
En 1911 Ángel Castro se casó con María Luisa Argota Reyes, a quien conoció en la ciudad de Santiago de Cuba y con la que tuvo cinco hijos; tres murieron de niños y dos sobrevivieron: Pedro Emilio y Lidia Castro Argota.
Posteriormente fundó su propia hacienda “Manacas” en Biran, consiguiendo éxito económico y convirtiéndose finalmente en un rico terrateniente de Oriente, en la hoy provincia de Holguín.
Quien desee orientarse musicalmente en la geografía del lugar, puede simplemente tararear la mundialmente famosa canción de Compay Segundo “Chan Chan”, pues si “de Alto Cedro, vas para Marcané, llegas a Cueto, camino a Mayarí”, y estarás bordeando las tierras que en el pasado fueron propiedad de los Castros en Biran.
Sin dudas, Compay Segundo sabía muy bien con quien congraciarse al realizar esa composición musical.
Una tarde de verano llegó a la hacienda “Manacas” de los Castro una carreta que transportaba a una pobre familia que había recorrido más 800 kilómetros, desde Guane, Pinar del Rio, la provincia más occidental hasta Oriente.
Venían en la carreta Francisco Ruz, un inmigrante de ascendencia turca y su esposa Dominga, una criolla cubana y sus hijos.
Debido a la pobreza que había en el occidente de Cuba, se habían enfrascado en esa larga travesía, con la intención de lograr cualquier trabajo en Oriente.
La familia pasó la noche en los predios de los Castro y al amanecer, antes de partir sin rumbo a donde fuera, Francisco Ruz le pidió al dueño de la hacienda, don Ángel Castro, que le permitiera dejar allí a su hija más pequeña, Lina, pues estaba en muy mal estado debido a largo viaje y no tenía fuerzas ni salud para continuar.
Lina tenía entre 12 y 13 años y se aceptó que se quedara en calidad de empleada doméstica, por lo que viviría dentro de la casa familiar y recibiría alimentación.
A partir de ese incidente, comienza a desarrollarse un drama de telenovela barata en el seno de la hacienda de los Castro de Biran, pues el dueño de la propiedad, Ángel Castro comenzó una relación con la joven empleada, por supuesto, a espaldas de su esposa.
Nadie sabe la edad exacta de Lina cuando comenzaron los encuentros sexuales con su don Ángel, pero de lo que no cabe ninguna duda es que él tenía más de 40 años y ella era menor de edad.
La fogosa relación se mantuvo en secreto durante cierto tiempo, pero, como suele ser en estos casos, fue descubierta por la señora María Luisa.
En medio del escándalo de saberse burlada y traicionada por su marido en su propia casa con una niña-empleada, que por la edad podría ser su hija, exigió que la joven Lina abandonara inmediatamente la estancia.
Llegados a ese punto, ocurrió algo que sin dudas aumento el drama del suceso, pues don Ángel decidió que la que se iba de la casa no era la niña-empleada-amante, sino su propia esposa María Luisa, junto con los dos hijos que tenían en común.
María Luisa y sus dos hijos, Pedro Emilio y Lidia, se fueron a vivir a Santiago de Cuba y la noticia se convirtió en el boca o boca de la ciudad.
Comenzaron los difíciles trámites de divorcio, pues María Luisa exigía la mitad del valor de la hacienda “Manacas” y del resto de los recursos que había creado junto a su marido.
Ángel, que comenzó a vivir de hecho y abiertamente con su joven nueva mujer, se negó a partir su dinero y hacienda, por lo que comenzó un largo litigio, con abogados de por medio, mientras los pormenores de aquel sainete seguían siendo la comidilla de chismes y chistes del Santiago de Cuba.
Según varios biógrafos, el hijo mayor de la pareja, Pedro Emilio, contrato’ a Feliz B. Caignet, para que escribiera una novela radial llamada “Los Castros de Biran” que se transmitió por una emisora de Santiago de Cuba, donde ridiculizaba a su propio padre y la relación que había establecido con una mujer mucho menor que él.
Feliz B. Caignet se convirtió tiempo después en el más grande novelista de la radio cubana y mundial con la novela “El derecho de nacer”.
En la propia hacienda, mientras tanto, la vida seguía su curso y comenzaron a nacer hijos de la unión de Ángel y Lina, el tercero de los cuales fue Fidel, que nació en 1926, pero como Ángel seguía casado oficialmente con María Luisa, los hijos eran considerados bastardos y no podían ser reconocidos oficialmente por el padre, ni bautizados y registrados en la Iglesia.
En una hábil maniobra para evitar compartir con su esposa oficial el dinero y la hacienda de ambos al divorciarse, Ángel Castro fingió estar arruinado y traspasó todas sus propiedades a su socio Fidel Pino Santos.
Fue como agradecimiento a ese sucio favor de ese socio, que Ángel y Lina le pusieron su nombre, Fidel, al tercer hijo.
En sus primeros años Fidel Hipólito Castro Ruz recibió numerosas humillaciones y ofensas por parte de sus compañeros debido a no estar bautizado y aprendió a pelear, o como le dicen en Cuba a ese tipo de riñas, a fajarse contra el que se atrevía a llamarlo bastardo o hijo de puta, algo que en un adolescente con el fuerte carácter, amor propio y autosuficiencia que lo caracterizaban, sin dudas lo lleno de resentimiento por el resto de su vida.
No sería hasta el 26 de abril de 1943 que Ángel y Lina pudieron casarse legalmente en el Registro Civil del poblado de Cueto y cuando eso sucedió, Fidel tenía ya 17 años y al fin pudo ser reconocido oficialmente por su padre y ser bautizado.
Posteriormente Fidel decidió cambiarse su segundo nombre, Hipólito por el de Alejandro, inspirado en Alejandro Magno, el gran conquistador.
Es interesante resaltar aquí un hecho que ocurrió durante años en la hacienda de los Castro y que de manera fehaciente refleja su sagacidad para hacer dinero.
El renglón principal de producción de la hacienda “Manacas” era el azúcar de caña, que como es conocido es una producto que exige mucha mano de obra.
Con la intención de abaratar los costos de producción de forma radical, los Castro, a través de la amistad que los unía con el cónsul de Haití en Santiago de Cuba, establecieron una forma de explotación que rayaba en la esclavitud, trayendo haitianos cortadores de caña por varios meses cada año, durante la zafra.
Se les pagaba mayormente con bonos, no con dinero, para que los utilizaran solo en la tienda de alimentos propiedad del matrimonio Castro en los predios de su hacienda, por lo que la explotación era doble.
Esto ocurría mientras había muchos cubanos desempleados, pero que por ser nacionales y conocer las leyes y derechos del país, exigían un sueldo superior.
El fracasado sistema de escuelas donde los niños y adolescentes cubanos han sido obligados a combinar el estudio con el trabajo agrícola diario, los contingentes de médicos y constructores que el régimen totalitario castrista ha enviado durante decenios a trabajar a medio mundo, en condiciones de semi esclavitud y sin derechos o libertad, tienen su origen e inspiración en la pérfida forma de producción y explotación que los Castro establecieron con los haitianos en su hacienda de Biran.
No quedan dudas que esta forma de total explotación de colectivos enteros, a los que se les brinda una alimentación precaria y mínima, y se les priva de todo derecho a protesta y justicia, es algo que tanto Fidel como Raúl Castro Ruz aprendieron desde la cuna y lo han aplicado durante los casi 70 años que han regido como dueños y señores de toda Cuba.
El éxito económico que logró la familia Castro Ruz es incuestionable.
A inicios de años 50 del siglo pasado, la empresa familiar lograba producir cuatro millones de arrobas de caña y poseía incluso un tren de carga y sus propias líneas de ferrocarril.
Como conclusión podemos afirmar que esta es la historia de dos generaciones de una familia que de alguna manera repitió un mismo camino y tuvieron un común denominador: surgieron de la nada en un ambiente desconocido y a fuerza de esfuerzo, férrea voluntad, mucha picardía, engaño y malicia, lograron imponer su voluntad, adueñarse del lugar y convertirse en poderosos, en los más poderosos.
El padre, Ángel, llegó a una tierra como soldado a matar y subyugar a los nativos que tenían ansias de libertad e independencia, y al final de su vida, era él mismo ciudadano de esa tierra y rico hacendado.
La madre, Lina, era una niña cuando al borde del desamparo y la muerte entró como empleada doméstica en una familia establecida y prospera y, seduciendo con su juventud al hombre de la casa, despojó a la esposa de sus derechos, la obligó a abandonar el hogar y se convirtió ella misma, en la poderosa nueva dueña del hogar y del lugar.
El hijo, Fidel, multiplicó por mucho la obra de sus padres, pues de salir de una infancia acomodada, pero con el estigma de ser un hijo bastardo y la sorda, pero permanente burla de la sociedad, a base de múltiples metamorfosis ideológicas, abundante oportunismo y confabulándose siempre con grandes poderes, logró adueñarse de todo un país imponiendo su voluntad y logrando el Poder Total.
Los hermanos Castro llegaron al poder jurando ser anticomunistas, no tener ambiciones políticas y estar dispuestos a ofrendar sus vidas en el intento de que la República recuperara la democracia.
Todo era una falso.
Los hermanos Castro se confabularon con el criminal sistema stalinista soviético para eternizarse en el poder absoluto, con las irremediables desastrosas consecuencias que eso conlleva.
La gran diferencia de la obra de los Castro radica en los resultados.
Los progenitores, Ángel y Lina, dejaron al morir una herencia de riqueza y prosperidad.
Los hijos, Fidel Hipólito y Raúl Modesto, han logrado todo lo contrario: al morir en lo más alto del poder totalitario del país, imponiendo por la fuerza ser considerados y venerados como mesías, dejan a Cuba en la total miseria económica, espiritual y moral, con las familias separadas por la distancia ideológica y geográfica, y donde la única esperanza de cambio y mejora, radica en lograr hacer desaparecer el despótico sistema establecido.
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