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Un país al borde del estallido: Cuba vive sus 24 horas más tensas del año

Manifestación en Cuba con fuego y participación ciudadana en la calle.

Foto: X. Cortesia Javi.

La Habana. PLC. Cuba atraviesa en las últimas 24 horas uno de los momentos más tensos del año. Las protestas y cacerolazos se han extendido por varios barrios de La Habana y por provincias como Artemisa, Mayabeque y Santiago, impulsados por apagones que superan las treinta horas consecutivas, la falta de agua y la acumulación de basura en las calles. Los videos que circulan muestran a vecinos exhaustos golpeando cazuelas en plena madrugada, jóvenes gritando “Libertad” y calles convertidas en vertederos improvisados ante la ausencia total de servicios municipales.

La Unión Eléctrica ha reconocido que el país enfrenta un déficit de generación que deja sin electricidad a más del 60% del territorio, con regiones que apenas reciben dos horas de servicio al día. La termoeléctrica Antonio Guiteras volvió a salir del sistema, sumando otro fallo a una cadena de averías que ya forma parte del paisaje cotidiano. La Habana, que durante años fue protegida de los cortes más severos, vive ahora jornadas de más de veinte horas sin luz, una señal clara de que la crisis ha desbordado incluso los mecanismos de control habituales.

La tensión social es palpable. Economistas y analistas advierten que el país se acerca a un punto de ruptura. La contracción económica acumulada, la inflación descontrolada y la falta de divisas han dejado al Estado sin capacidad para sostener los servicios básicos. La población, agotada por años de deterioro, empieza a reaccionar con una mezcla de desesperación y hartazgo. Las protestas de las últimas horas no son masivas, pero sí constantes, espontáneas y cada vez más extendidas, un patrón que recuerda los días previos al 11J.

Mientras tanto, el Gobierno mantiene silencio o recurre a explicaciones técnicas que ya no convencen a nadie. La narrativa oficial insiste en culpar a factores externos, pero la realidad en las calles habla por sí sola: un país que se oscurece, literalmente, mientras la vida cotidiana se vuelve insostenible. La sensación general es que el verano podría traer un estallido mayor si no se produce un cambio sustancial en la gestión de la crisis.

En este contexto, las últimas 24 horas han dejado claro que Cuba se encuentra en un punto crítico. La combinación de apagones prolongados, servicios colapsados y protestas crecientes dibuja un escenario inestable, donde cualquier chispa puede convertirse en un nuevo episodio de contestación social. El país avanza hacia un territorio desconocido, y lo hace sin luz, sin respuestas y con una población cada vez menos dispuesta a esperar.


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