La economía cubana vuelve a mostrar señales de inestabilidad severa. En apenas 48 horas, el mercado informal de divisas registró una caída simultánea del dólar, el euro y el MLC, un movimiento inusual en un país donde la tendencia dominante ha sido la depreciación constante del peso. El dólar retrocedió 15 pesos y se ubicó en 670 CUP; el euro cayó 20 pesos hasta 770 CUP; y el MLC descendió 10 pesos, situándose en 490 CUP. No se veía un ajuste conjunto de esta magnitud desde hacía meses.
El movimiento llega justo después de la publicación del paquete de 176 medidas económicas aprobado por la Asamblea Nacional y de la creación de un grupo asesor integrado por economistas críticos, una señal de que el Gobierno intenta mostrar apertura técnica en medio de la crisis. Sin embargo, la reacción ciudadana ha sido de escepticismo generalizado. En redes sociales, el anuncio ha sido recibido con ironía, dudas y un sentimiento extendido de que el paquete no aborda los problemas estructurales que han llevado al país a su peor crisis económica en tres décadas.
Mientras el mercado cambiario se sacude, otro indicador clave confirma el deterioro: el turismo vive un desplome histórico. Entre enero y mayo llegaron 359.491 visitantes, un 58% menos que en el mismo periodo del año anterior. Las imágenes de Varadero y La Habana Vieja prácticamente vacías se han convertido en símbolo de un sector que fue durante años uno de los pilares de la economía nacional. La salida de grandes cadenas hoteleras —Meliá, Iberostar, Blue Diamond, Archipelago International— y la escasez de combustible han profundizado el colapso. Entre 20.000 y 30.000 trabajadores del sector están afectados directa o indirectamente, según estimaciones de especialistas.
El turismo, que en otros tiempos funcionó como amortiguador de crisis, hoy refleja la magnitud del deterioro económico. La caída de visitantes implica menos divisas, menos empleo y menos capacidad del Estado para sostener subsidios y servicios básicos. En paralelo, la contracción del mercado informal de divisas no se interpreta como una recuperación del peso, sino como un ajuste temporal provocado por la incertidumbre y la expectativa de cambios regulatorios.
Las 176 medidas —que incluyen la autorización de bancos privados, casas de cambio no estatales, operadores privados de remesas y un mercado cambiario digital basado en subastas— buscan ordenar un sistema que lleva años funcionando en la informalidad. Pero la falta de credibilidad institucional y la ausencia de reformas profundas en producción, propiedad y gobernanza económica limitan el impacto real del anuncio.
Cuba entra así en una nueva fase de turbulencia: un mercado cambiario volátil, un turismo en caída libre y un paquete de medidas que, por ahora, genera más preguntas que respuestas. La economía sigue atrapada entre la escasez, la desconfianza y la falta de señales claras de recuperación.
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