Cuba atraviesa una nueva fase de tensión marcada por apagones prolongados, protestas ciudadanas y un deterioro visible de los servicios básicos. En las últimas horas se han reportado cacerolazos en El Vedado y movilizaciones en La Lisa, en La Habana, donde vecinos reclamaron electricidad, agua y alimentos tras largas interrupciones del servicio eléctrico.
La crisis energética vuelve a situarse en el centro del malestar social. En algunas zonas de La Habana se han denunciado cortes de más de 50 horas, mientras que la prensa oficial provincial de Matanzas reconoció apagones superiores a 70 horas en determinados circuitos.
El Gobierno intenta contener la situación con el anuncio de la reincorporación de varias unidades termoeléctricas durante julio, aunque el propio panorama descrito por medios oficiales apunta a averías, déficit de combustible y una capacidad de generación insuficiente.
El descontento, sin embargo, rebasa el problema eléctrico. Testimonios recogidos en distintos municipios describen una crisis cotidiana atravesada por la escasez de agua, alimentos, inflación y pérdida de confianza en la capacidad del Estado para ofrecer soluciones.
La isla entra así en un momento de creciente presión interna, con protestas barriales que reflejan el agotamiento de una población golpeada por cortes de luz, carencias materiales y falta de respuestas inmediatas. La promesa oficial de una recuperación parcial del sistema eléctrico durante julio no ha logrado disipar la incertidumbre ni contener una protesta social que vuelve a hacerse visible en las calles.
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