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El éxodo empresarial acelera el colapso económico del régimen cubano

La retirada masiva de inversores extranjeros ha dejado de ser una tendencia gradual para convertirse en un fenómeno abrupto que está reconfigurando el mapa económico de Cuba. Foto PLC/IA

La Habana. PLC / La retirada masiva de inversores extranjeros ha dejado de ser una tendencia gradual para convertirse en un fenómeno abrupto que está reconfigurando el mapa económico de Cuba. En cuestión de semanas, la isla ha perdido a sus principales operadores turísticos, a su mayor inversor minero y a los procesadores financieros que permitían cualquier transacción internacional. El resultado es un aislamiento económico sin precedentes, provocado por el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y por el deterioro estructural del país.

La salida de Meliá, anunciada oficialmente ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España, marca el final de más de tres décadas de presencia hotelera española en la isla. Iberostar siguió el mismo camino, cerrando o suspendiendo la gestión de todos sus hoteles. La canadiense Blue Diamond, también abandonó el país. La retirada simultánea de estas compañías destruye el principal motor económico de Cuba: el turismo.

El golpe más severo llegó desde el sistema financiero internacional. Visa y Mastercard dejaron de operar en Cuba después de que el banco extranjero que procesaba sus transacciones cortara vínculos con Fincimex, el brazo financiero de GAESA, para evitar sanciones derivadas de la Orden Ejecutiva 14404 firmada por Estados Unidos. La desconexión implica que Cuba ya no puede recibir ingresos por bienes y servicios pagados con tarjetas internacionales, lo que en la práctica corta todas las conexiones financieras de la isla con el exterior. Es un aislamiento financiero total.

La minera canadiense Sherritt, la mayor inversión extranjera en Cuba, anunció su salida inmediata tras las sanciones estadounidenses, cerrando un ciclo de presencia que había sobrevivido a crisis anteriores. La presión de Washington, que incluye un bloqueo petrolero desde enero y sanciones directas contra GAESA y el Ministerio de Turismo, ha provocado que empresas de todos los sectores —turismo, minería, logística, aviación, banca— rompan vínculos con el régimen para evitar quedar atrapadas en sanciones secundarias que congelan activos y bloquean operaciones en el sistema financiero estadounidense.

El impacto interno es devastador. Los apagones superan las veinte horas diarias, el transporte está paralizado, las fábricas han detenido su producción y la escasez de combustible ha inutilizado incluso los generadores privados. La caída del turismo, la desconexión financiera y la pérdida de socios estratégicos han empujado a la economía cubana a una recesión profunda.

La retirada empresarial no es solo un síntoma: es un acelerador del colapso. Cuba pierde ingresos, pierde socios, pierde conectividad y pierde capacidad de maniobra. La estrategia de Estados Unidos —cerrar metódicamente todas las fuentes de divisas del régimen— está teniendo un efecto multiplicador. Cada empresa que se va arrastra a otras, cada sanción bloquea un sector, cada desconexión financiera profundiza el aislamiento.


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