CEUTA-CRISIS MIGRATORIA
Madrid. PLC / Ceuta atraviesa una crisis migratoria sin precedentes que ha sacudido a España y ha desbordado a la Unión Europea. Más de 40.000 personas han entrado de manera irregular en la ciudad autónoma en los últimos días, la mayoría el jueves, según las primeras estimaciones de las fuerzas de seguridad españolas. Las calles de Ceuta se han convertido en un espacio de tránsito permanente: miles de personas deambulan sin rumbo, han dormido a la intemperie y continúan cruzando desde Marruecos en un flujo que no se detiene. El balance de muertos al intentar llegar a nado se ha elevado a 19, una cifra que refleja la magnitud del drama humano que se desarrolla en el estrecho.
La situación se ha deteriorado con rapidez. En apenas siete horas, según estimaciones de la Guardia Civil, unas 40.000 personas cruzaron ilegalmente la frontera, muchas bordeando el espigón del Tarajal y lanzándose al mar en condiciones extremas. En Melilla, el Gobierno local confirmó que entre 300 y 400 personas lograron entrar anoche desde Marruecos, lo que evidencia que la presión migratoria se extiende por todo el flanco sur español.
La respuesta institucional ha sido inmediata. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajó este viernes a Ceuta acompañado del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para evaluar la situación sobre el terreno. Las fuerzas de seguridad han desplegado operativos de emergencia, han vallado calles y han reforzado la presencia policial en los puntos más críticos. El Ejército ha sido movilizado para apoyar las labores de control y rescate, mientras buzos del GEAS y un buque de la Guardia Civil trabajan en la recuperación de cuerpos y en la vigilancia marítima.
Al otro lado de la frontera, la ciudad marroquí de Fnideq vive su propio colapso. Miles de personas, jóvenes y familias enteras, se han lanzado hacia la costa en una carrera desesperada por alcanzar territorio español. Muchos compraron flotadores en la medina antes de lanzarse al agua, aprovechando la niebla nocturna para intentar el cruce. La policía marroquí, desbordada, no logró contener el flujo pese a reforzar los controles. El caos se extendió por horas, con comercios cerrados por temor a altercados y el tráfico completamente bloqueado.
La crisis ha desencadenado un terremoto político en Europa. Finlandia se ha unido a Italia y ha planteado excluir a España del espacio Schengen, una medida de enorme gravedad diplomática que refleja la tensión creciente dentro de la UE. Francia, por su parte, ha reforzado el control de sus fronteras. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha calificado la situación como un peligro para la seguridad nacional y ha respaldado la suspensión temporal de Schengen con España. Madrid ha reaccionado convocando al embajador italiano para exigir explicaciones.
La magnitud del fenómeno ha pulverizado la capacidad de respuesta de Ceuta, una ciudad de apenas 80.000 habitantes. Los recursos humanitarios están colapsados, los centros de acogida desbordados y las fuerzas de seguridad operan al límite. Aunque algunos grupos han comenzado a regresar a Marruecos, el flujo continúa y la tensión en las calles es palpable. En las últimas 24 horas se han recuperado 18 cadáveres en el mar, y más de 700 menores se encuentran entre los recién llegados, según estimaciones de las autoridades.
Las causas de esta avalancha son múltiples y están en disputa. El Gobierno español atribuye el efecto llamada a una reciente sentencia del Tribunal Supremo que impide las devoluciones en caliente de migrantes interceptados en el mar. Interior sostiene que las redes de tráfico de personas están instrumentalizando el fallo judicial. Marruecos, en cambio, culpa a organizaciones criminales de organizar la avalancha. Lo cierto es que la frontera sur de Europa ha vuelto a convertirse en escenario de una crisis que combina desesperación humana, tensiones diplomáticas y fallas estructurales en la gestión migratoria.
La emergencia en Ceuta no es solo un episodio fronterizo: es un síntoma de la fragilidad de la arquitectura migratoria europea y de la vulnerabilidad de España ante presiones externas y fallos internos. Mientras miles de personas continúan cruzando el estrecho y Europa debate medidas extraordinarias, la ciudad autónoma vive horas decisivas que podrían redefinir la política migratoria del continente.
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