RUSIA-UCRAINA
Kiev. PLC | Ucrania ha cruzado un umbral estratégico que redefine la guerra iniciada por la invasión rusa en 2022. Después de años centrada exclusivamente en defender su territorio, Kiev ha decidido trasladar los combates al interior de Rusia con una ofensiva de largo alcance que busca paralizar la maquinaria bélica del Kremlin desde dentro. La nueva doctrina militar, presentada públicamente por el ministro de Defensa en funciones, el general de división Yevhen Chmara, marca un giro decisivo: Ucrania ya no solo resiste, ahora quiere desmantelar la capacidad de Moscú para sostener la guerra.
En una rueda de prensa celebrada el 12 de agosto, Chmara confirmó que las fuerzas ucranianas están ampliando rápidamente sus ataques profundos contra infraestructura crítica rusa. El objetivo es claro: golpear instalaciones de combustible, redes energéticas, nodos de transporte y bases navales situadas en lo más profundo del territorio ruso, obligando a Moscú a aceptar una paz justa mediante la interrupción sistemática de su red de abastecimiento. La estrategia combina misiles tradicionales, drones a reacción avanzados y drones marinos de superficie, integrados en operaciones sincronizadas que buscan saturar y confundir las defensas rusas.
Para demostrar la eficacia del nuevo enfoque, Chmara citó el ataque reciente contra Novorossiysk, la ciudad portuaria del mar Negro donde Ucrania ejecutó una operación combinada que dejó en evidencia la vulnerabilidad rusa. Según el ministro, “Rusia se mostró impotente ante la operación sincronizada de los recursos de ataque ucranianos”, un éxito que atribuyó a la mejor integración de las capacidades militares y al desarrollo acelerado de armamento de fabricación nacional.
El cambio estratégico no se limita al plano militar. Altos mandos ucranianos se reunieron con el presidente Volodymyr Zelenskyj para planificar la siguiente fase de ataques en territorio ruso. Tras la reunión, Chmara fue explícito: “Las operaciones ucranianas serán cada vez más difíciles de contrarrestar. Las armas ucranianas se fabricarán en serie a una escala cada vez mayor. Los ataques serán más precisos. Rusia arderá”. La frase, contundente y calculada, busca enviar un mensaje tanto a Moscú como a los aliados occidentales: Ucrania está preparada para escalar la guerra si es necesario.
Zelensky y sus asesores han comenzado a delinear una estrategia más amplia que combina presión militar, diplomática y psicológica. El presidente sostiene que los ciudadanos rusos deben sentir las consecuencias de la guerra en su propio territorio para generar presión interna contra el Kremlin. La idea es que el conflicto deje de ser una realidad lejana para la población rusa y se convierta en un factor de desgaste político para Vladimir Putin. En paralelo, Kiev insta a sus aliados a acelerar el suministro de sistemas de defensa antiaérea, cruciales para proteger las ciudades ucranianas mientras se intensifican los ataques de largo alcance.
La nueva doctrina ucraniana representa una escalada significativa que podría alterar el curso del conflicto. Llevar la guerra al interior de Rusia no solo desafía la narrativa del Kremlin, que ha intentado mantener la ilusión de normalidad dentro de sus fronteras, sino que también obliga a Moscú a redistribuir recursos, reforzar defensas y asumir que su retaguardia ya no es segura. Para Ucrania, es una apuesta audaz: demostrar que puede golpear donde más duele y que la guerra no terminará hasta que Rusia enfrente las consecuencias de su agresión.
El invierno que se aproxima será decisivo. Mientras Moscú se prepara para una temporada de desgaste, Kiev busca transformar la guerra en un conflicto donde la iniciativa ya no pertenece exclusivamente al invasor. La ofensiva de largo alcance es el primer paso de una estrategia que pretende cambiar las reglas del juego y llevar la guerra a un terreno donde Rusia nunca imaginó que tendría que defenderse.
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