CUBA-GAESA
Estocolmo. PLC / En los últimos años, mientras la mayoría de los cubanos lidia con apagones, escasez de alimentos y hospitales sin insumos, el conglomerado militar GAESA ha acumulado una fortuna que desmiente el relato oficial de un Estado sin recursos. Filtraciones contables analizadas por el Miami Herald y medios como CubaNet y CiberCuba revelan que GAESA concentra más de 18.000 millones de dólares en activos líquidos y reservas, y que solo en el primer trimestre de 2024 obtuvo alrededor de 2.100 millones de dólares en beneficios netos. Estas cifras permiten, con cautela, estimar que en los últimos cinco años el conglomerado ha manejado decenas de miles de millones en ingresos y ganancias, en un país donde la población vive una crisis humanitaria permanente.
GAESA —Grupo de Administración Empresarial S.A.— controla sectores clave de la economía: turismo (Gaviota), comercio minorista en divisas (TRD Caribe), logística y almacenamiento (Almacenes Universales), banca y comercio exterior (CIMEX), además de remesas y servicios financieros. Los documentos filtrados muestran que, aun con la caída del turismo de más del 60 % respecto a 2019, el conglomerado mantiene depósitos multimillonarios: solo Gaviota habría acumulado unos 8.500 millones de dólares, mientras otras empresas del grupo suman varios miles de millones adicionales. En paralelo, el resto de la economía se “cae a pedazos”, como resume el economista Pavel Vidal, sin que esos recursos se destinen a aliviar la crisis.
La pregunta inevitable es: a dónde va a parar ese dinero. Los estados financieros filtrados indican que una parte sustancial de las reservas de GAESA se mantiene en cuentas propias y en instituciones financieras vinculadas al conglomerado, dentro y fuera de Cuba. Sin embargo, no existe transparencia pública sobre la estructura bancaria internacional que utiliza el grupo. Se sabe que el régimen ha operado históricamente con bancos en Europa, América Latina y paraísos fiscales, y que empresas vinculadas al comercio exterior cubano han utilizado estructuras offshore para sortear sanciones y restricciones del embargo. Lo que muestran los documentos es la existencia de un “Estado dentro del Estado”: un aparato económico militar que acumula reservas en divisas sin supervisión institucional ni obligación de rendir cuentas.
En el plano internacional, la banca cubana ha tenido presencia en plazas como Panamá, España, Suiza y otros centros financieros, a través de sucursales, corresponsalías y empresas mixtas. Es razonable inferir que parte de los activos de GAESA se canalizan mediante estas redes, aprovechando estructuras societarias opacas y jurisdicciones con alta protección del secreto bancario. La opacidad es precisamente el mecanismo que protege esos flujos y dificulta su trazabilidad. Lo que sí está documentado es que GAESA no paga impuestos en divisas y recibe recursos del presupuesto estatal, lo que agrava la sensación de que el conglomerado funciona como un banco secreto del poder militar en una isla empobrecida.
El contraste político y moral es brutal. Mientras el discurso oficial culpa al embargo estadounidense de todos los males, los estados financieros filtrados demuestran que el dinero para amortiguar la crisis existe, pero se concentra en manos de un aparato militar‑empresarial que no responde ante la ciudadanía. La construcción de hoteles vacíos, la expansión de tiendas en divisas y la inversión en infraestructura turística se sostienen sobre una población que hace colas para conseguir pan, medicinas o combustible. GAESA se comporta como un gobierno paralelo: decide dónde se invierte, qué se construye y qué se prioriza, sin pasar por mecanismos de control democrático ni por un debate público sobre el uso de los recursos.
Es legítimo preguntar si parte de esos 18.000 millones de dólares ha terminado en cuentas privadas de la élite gobernante, y es razonable sospecharlo en un sistema sin transparencia ni controles. Pero la fuerza del análisis reside en mostrar el hecho central: en Cuba existe un conglomerado militar que acumula reservas internacionales comparables a las de países enteros, mientras la población vive en la precariedad. Ese es el núcleo político del problema.
En última instancia, GAESA no es solo un grupo de empresas: es la columna vertebral económica de un régimen que ha convertido la opacidad financiera en herramienta de poder. Entender sus cifras, sus redes y su lógica de acumulación es imprescindible para cualquier proyecto de transición democrática. Porque sin saber dónde está el dinero, quién lo controla y cómo se mueve, es imposible imaginar una Cuba futura en la que la riqueza deje de ser patrimonio de unos pocos y se convierta en base real de bienestar para la mayoría.
Descubre más desde Prensa Libre Cuba
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.














Sé el primero en comentar