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Cuba entra en su semana más oscura: tres días sin luz, agua ni gas mientras la crisis energética se agrava

La reconexión avanza con extrema lentitud. En La Habana, la UNE informó que solo 108 de los 286 circuitos han recuperado el servicio, lo que equivale a 38% de la capital. Más de 325.000 clientes permanecen sin electricidad. Foto cortesía de Alas Tensas.

CUBA-APAGONES

La Habana. PLC / Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia reciente. Durante tres días consecutivos, casi toda la isla quedó sin electricidad, lo que arrastró la interrupción de agua, gas, servicios bancarios, transporte y comunicaciones, según reportes de la Unión Eléctrica (UNE) y agencias internacionales.

La reconexión avanza con extrema lentitud. En La Habana, la UNE informó que solo 108 de los 286 circuitos han recuperado el servicio, lo que equivale a 38% de la capital. Más de 325.000 clientes permanecen sin electricidad.

El país enfrenta además apagones prolongados que superan las 20 horas diarias en la capital y varios días consecutivos en provincias del interior, mientras la UNE advierte que hasta 70% del territorio nacional podría quedar desconectado simultáneamente en los horarios de mayor demanda.

Familias enteras duermen en pasillos o portales para escapar del calor sofocante. Los bancos estatales registran colas interminables porque los apagones paralizan los pagos digitales y la extracción de efectivo. “Sin luz, sin agua y sin gas”, relató una madre habanera a EFE, resignada ante la falta de respuestas y el temor a expresar públicamente su malestar.

El Gobierno reconoce que la situación del Sistema Electroenergético Nacional es “crítica” y “extremadamente tensa”.

Estudios independientes estiman que Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar su sistema energético, una cifra inalcanzable para una economía estatal que podría contraerse 6,5% este año tras cinco años de caída acumulada.

La isla vive así una semana marcada por la oscuridad, el agotamiento y la incertidumbre. La electricidad vuelve por horas y desaparece sin aviso. Las noches se llenan de velas, mosquitos y calor. Y el país entero, atrapado entre la obsolescencia interna y la presión externa, enfrenta una crisis que ya no es solo energética: es social, económica y profundamente humana.


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