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La prensa internacional coincide: el centenario de Fidel Castro llega con la Revolución en su peor crisis, entre apagones y malestar social

Medios internacionales han comenzado a retratar la efeméride como un contraste doloroso entre la propaganda y la realidad. Foto © PLC

La Habana. PLC | La conmemoración del centenario de Fidel Castro ha coincidido con un momento que la prensa internacional describe como el más crítico para la Revolución en décadas. Mientras el Gobierno despliega homenajes, coloquios, exposiciones y discursos para exaltar la figura del líder histórico, el país atraviesa apagones masivos, escasez severa y un deterioro social que ya no puede ocultarse ni siquiera en los espacios digitales oficialistas. La distancia entre la narrativa del poder y la experiencia cotidiana de los cubanos es hoy más visible que nunca.

Medios internacionales han comenzado a retratar la efeméride como un contraste doloroso entre la propaganda y la realidad. TN (Argentina) afirma que Cuba vive “su peor momento bajo la agobiante presión de Trump”, destacando que el régimen intenta usar la figura de Fidel para contener el malestar social por los apagones y la escasez. Euronews describe la situación como “un colapso energético sin precedentes”, recordando que el país ha sufrido varios apagones nacionales en cuestión de días. Al Jazeera señala que la crisis eléctrica y la falta de combustible han llevado a Cuba a “una fase de deterioro estructural”, mientras El País (España) recoge testimonios de cubanos que pasan “las 24 horas sin corriente” y denuncian que la vida cotidiana se ha vuelto insostenible.

La estrategia del régimen es clara: reforzar el mito fundacional en un momento en que la legitimidad del sistema se erosiona aceleradamente. Pero el contexto es adverso. Los apagones prolongados, que en algunos barrios superan las 24 o 30 horas, han generado protestas nocturnas, cacerolazos y reclamos públicos que se multiplican en La Habana, Santiago y otras provincias. La escasez de alimentos y agua, el colapso del transporte y la precariedad sanitaria alimentan un clima de frustración que ninguna efeméride logra disipar.

La prensa internacional subraya el contraste entre la celebración oficial y la realidad del país. BBC Mundo destaca que el centenario de Fidel ocurre en una Cuba “marcada por la desesperanza y la migración masiva”. The Guardian señala que el régimen intenta proyectar estabilidad, pero enfrenta “una crisis de gobernabilidad sin precedentes”. France 24 reporta que la población joven, menos vinculada emocionalmente al mito revolucionario, es la que más protesta y la que menos tolera la retórica oficial. Incluso Reuters ha publicado que la crisis energética y la escasez han puesto al Gobierno “en su momento más vulnerable en décadas”.

Granma publica panegíricos dedicados a Fidel sin permitir comentarios visibles, en un intento de blindar el discurso. Pero en Cubadebate, donde el control es menos hermético, aparecen críticas aisladas de lectores que denuncian circuitos eléctricos con más de diez días sin servicio, barrios enteros a oscuras y una sensación generalizada de abandono. La narrativa épica convive con testimonios que describen una Cuba exhausta, donde la vida cotidiana se ha vuelto insostenible.

El centenario se convierte así en un espejo incómodo. La figura de Fidel, utilizada como símbolo de resistencia, contrasta con un país que enfrenta su peor crisis energética en décadas, con apagones nacionales repetidos y una infraestructura al borde del colapso. La escasez de alimentos y agua golpea a todos los sectores, y la población joven —la menos vinculada emocionalmente al mito revolucionario— es la que más protesta y la que menos tolera la retórica oficial.

La prensa internacional coincide en que el régimen intenta convertir la efeméride en un acto de cohesión ideológica, pero el contexto social y económico impide que el mensaje cale. La celebración del centenario ocurre en una Cuba donde las bibliotecas cierran por falta de libros, donde las librerías venden panfletos en lugar de literatura, donde la cultura se reduce a propaganda y donde la vida diaria se desarrolla en la oscuridad literal y política.

El aniversario de Fidel Castro no ha logrado revitalizar la narrativa revolucionaria. Por el contrario, ha puesto en evidencia la fragilidad del sistema que él construyó. La Revolución celebra a su fundador, pero el país que él dejó enfrenta su peor momento en décadas. Y esa contradicción, cada vez más visible, marca el tono de un centenario que llega no como homenaje, sino como diagnóstico. En lugar de proyectar fuerza, la efeméride expone el agotamiento de un modelo que ya no puede sostener ni su propia narrativa. Cuba entra en el centenario de Fidel no como una nación que celebra su historia, sino como un país que enfrenta, en la oscuridad, las consecuencias de ella.


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