Trailer del documental Federico García Lorca: Asesinato en Granada, producido por la televisión sueca. Cortesía del realizador Humberto López y Guerra
CULTURA
Por Jacobo Machover
París. PLC – Cultura / El 18 de agosto de 1936, hace 90 años, fue fusilado Federico García Lorca, junto con otros tres compañeros de infortunio, en el barranco de Víznar, cerca de su pueblo natal, Fuentevaqueros, situado en la provincia de Granada.
Hace tiempo, yo había ido a visitar ese pueblo, cuya biblioteca municipal había sido inaugurada por Lorca en 1931 con un extraordinario discurso sobre los libros, en el que criticaba sin tapujos la concepción leninista, basada en la masificación (económica) de la cultura, y hacía el elogio de Dostoyevski reclamando a gritos, cuando estuvo relegado a Siberia durante la época zarista : « ¡Libros! ¡Libros! ¡Quiero libros para que mi alma no muera! »
Así era Federico : un hombre capaz de criticar todos los poderes, sin temor en usar palabras que le salieran del alma. Si lo llamo Federico, es porque, al salir de su pueblo natal, quise visitar el barranco de Víznar, donde fue ultimado. Creí haberme perdido yendo allí en coche. Les pregunté a unos vecinos en el camino dónde quedaba el lugar. Me lo indicaron enseguida, con ese magnífico acento andaluz, precisando : « allí donde mataron a Federico ». Me fascinó esa familiaridad con su poeta. Me siento desde entonces con el derecho de apropiármelo de esa misma manera.
Recientemente, estaba leyendo su obra teatral póstuma « El público », publicada en 1978, en plena transición democrática, por Seix Barral. La había visto en 1988 en una puesta en escena, la primera en francés, de Jorge Lavelli, en el Théâtre de la Colline en París. Me quedé estupefacto, con una sensación fortísima, no siempre agradable, por su radical cuestionamiento del teatro mismo. Se trataba de un « diálogo » entre el público presente y un director de teatro, con la aparición, casi fantasmagórica, de varios caballos (de mentira) y de « tres hombres envueltos en una misma tela », entre otros personajes. Nada que ver con las obras emblemáticas del autor, como « Bodas de sangre » por ejemplo. Hasta el lenguaje era poco poético. Sobre todo, era una reivindicación abierta de la homosexualidad.
¿De dónde podía provenir ese atrevimiento? De Cuba, naturalmente. El poeta había efectuado una grata estancia de tres meses en la isla, después de haber estado en Nueva York, en 1930. En La Habana frecuentó asiduamente la casa de los hermanos Loynaz (Dulce María, Flor, Enrique, Carlos Manuel), su « casa encantada » del Vedado. Allí disfrutó de una libertad sin límites, tan alejada de la mojigatería revolucionaria y de la represión feroz de la homosexualidad por el castrismo. No es pues ninguna casualidad que Federico volcara sobre las hojas de papel del hotel donde se alojaba el borrador de esa pieza teatral que nunca pudo ser representada en España bajo el franquismo.
Sólo espero que el triste aniversario de su asesinato sea la ocasión de descubrir la obra más polémica y marginal del inmenso poeta Federico García Lorca, que tanto nos falta pero que sigue vivo en la memoria de todos, ya sean andaluces o cubanos, los que llevan la libertad atada al cuerpo.

Jacobo Machover (La Habana, 1954) es escritor, periodista y profesor universitario radicado en Francia desde 1963. Figura central del exilio cubano, se ha dedicado a documentar la represión del castrismo, desmontar mitologías oficiales y preservar la memoria de las víctimas. Autor de obras clave como “La cara oculta del Che” y “El libro negro del castrismo”, es una de las voces más respetadas en Europa sobre Cuba y el totalitarismo en la isla. Su novela “Memoria de siglos” ha sido reeditada recientemente por la editorial Betania.
Integrante del equipo editorial de Prensa Libre Cuba.
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