CUBA-ECONOMÍA
La Habana. PLC | La economía cubana ha entrado en una fase crítica que ya no puede describirse como coyuntural. Los datos oficiales publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información, ONEI, confirman que la inflación interanual alcanzó en julio el 20,70%, consolidando un repunte que golpea con especial fuerza a los alimentos, las bebidas no alcohólicas y el transporte. El aumento mensual del índice de precios al consumidor, de 2,56%, muestra que la tendencia no solo persiste, sino que se acelera. Los alimentos, que representan más del 60% del impacto inflacionario, subieron un 26,36% respecto al año anterior, una cifra que por sí sola explica la sensación de asfixia que domina la vida cotidiana en la isla. En el mercado informal, donde los cubanos realizan la mayor parte de sus compras, los precios son aún más altos, aunque no aparecen en las estadísticas oficiales, lo que lleva a economistas independientes a advertir que la inflación real podría ser significativamente mayor.
La crisis no es nueva. Desde la reforma monetaria de 2021, los precios en el mercado formal se han cuadruplicado, según reconoce la propia ONEI.
El deterioro se refleja también en la estructura del consumo. Productos esenciales como el aceite envasado oscilan entre 1.400 y 2.800 pesos por litro en el mercado formal, mientras la leche en polvo se vende entre 900 y 1.500 pesos la libra. Estos precios, ya de por sí elevados, son superados ampliamente por los del mercado informal, donde la escasez y la especulación marcan la pauta. El peso de los alimentos en la cesta de consumo hace que cualquier variación tenga un impacto desproporcionado en la inflación general, y en julio representaron más del 63% del incremento total. El transporte, los bienes y servicios diversos y los artículos para el hogar también registraron aumentos significativos, aunque menores en comparación con los alimentos. La salud y las comunicaciones fueron los únicos sectores con variaciones mínimas, pero su peso en el gasto familiar es reducido y no compensa el alza generalizada.
La economía cubana se encuentra atrapada en una espiral inflacionaria que combina factores estructurales y coyunturales. La falta de producción interna, la dependencia de importaciones, la dolarización creciente, la contracción del sector estatal y la caída del poder adquisitivo conforman un escenario en el que la inflación no es solo un indicador económico, sino un síntoma de un sistema que ha perdido capacidad de regulación. Las medidas adoptadas por gobiernos provinciales —precios topados, inspecciones, multas y controles comerciales— no han logrado frenar la tendencia. En algunos casos, incluso han agravado la escasez al desalentar la oferta privada y empujar más productos hacia el mercado informal.
Las proyecciones para este año son alarmantes. La CEPAL estima una caída del PIB del 6,5%, mientras el economista independiente Pedro Monreal calcula que la contracción podría llegar al 15%. La economía estatal está prácticamente paralizada, los apagones afectan hasta al 67% del país en los momentos de mayor demanda y la población enfrenta una crisis de abastecimiento que se extiende a alimentos, medicinas y combustibles. La inflación, lejos de ser un fenómeno aislado, es la expresión visible de un deterioro más profundo: la incapacidad del Estado para sostener la producción, garantizar servicios básicos y estabilizar los precios.
Redacción Prensa Libre Cuba
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