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Rubio endurece su diagnóstico sobre Cuba y afirma que la isla es ya “un Estado fallido”

El Secretario de Estados de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció ayer la imposición de sanciones a cinco entidades y ocho individuos del régimen cubano. Foto captura X Departamento de Estado EE.UU

Washington. PLC | Las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio en su entrevista con Brian Kilmeade han marcado un nuevo punto de inflexión en el discurso de Washington sobre Cuba. Rubio, una de las figuras más influyentes en la política estadounidense hacia la isla, describió al país como “un Estado fallido” y sostuvo que la crisis actual no es consecuencia de la política de Estados Unidos, sino del colapso estructural del modelo económico cubano y del fin del suministro petrolero gratuito procedente de Venezuela.

Rubio explicó que durante años el régimen cubano recibió crudo venezolano sin coste alguno, combustible que —según afirmó— no se destinaba a aliviar la situación de la población, sino que se revendía en el mercado internacional para obtener liquidez que terminaba “en sus bolsillos”. La captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 y las sanciones que cortaron los flujos tradicionales de petróleo desde Venezuela y México dejaron a Cuba sin su principal fuente energética. Aunque empresas estadounidenses han enviado cargamentos destinados al sector privado cubano, estos apenas cubren unos días de consumo nacional y no compensan la pérdida del suministro histórico.

El secretario de Estado insistió en que los apagones que hoy paralizan la isla no son un fenómeno nuevo ni atribuible únicamente a la falta de combustible. Según Rubio, el sistema eléctrico cubano lleva años en deterioro, operando con equipos de las décadas de 1940 y 1950 y sin inversiones significativas debido a un modelo económico incapaz de sostener la infraestructura básica del país. “Su sistema no funciona; no ha funcionado en cinco o siete años”, afirmó.

Rubio también recordó que la política estadounidense hacia Cuba está definida por ley, no por la voluntad de una administración. Invocó la Ley Helms-Burton de 1996, que establece que no puede haber una normalización plena entre ambos países sin avances verificables hacia una democracia funcional. “La política hacia Cuba está codificada. No depende de deseos políticos; depende de la ley”, subrayó.

En la entrevista, Kilmeade preguntó cuánto tiempo podría mantenerse el actual Gobierno cubano y qué importancia tendría para Estados Unidos una transición hacia un sistema representativo. Rubio evitó fijar plazos, pero fue categórico en su diagnóstico: la única salida para Cuba es colocarse en un camino “irreversible” hacia convertirse en un Estado funcional y, con el tiempo, democrático. Washington, aseguró, está dispuesto a desempeñar “un papel productivo” en ese proceso.

Las palabras del secretario de Estado llegan en un momento en que la crisis energética, económica y social de Cuba se profundiza, y cuando la región vive cambios políticos significativos. Rubio destacó que varios países de América Latina avanzan hacia sistemas más representativos, mientras Cuba, aislada de sus antiguos proveedores y atrapada en un modelo agotado, enfrenta una situación límite.

La entrevista con Kilmeade no introduce un giro radical en la postura de Rubio, pero sí consolida una narrativa que gana peso en Washington: Cuba no está en una crisis coyuntural, sino en un colapso estructural que exige una transformación profunda. Para el Gobierno estadounidense, esa transformación no puede producirse sin un cambio político real. Para La Habana, las palabras del secretario de Estado son una señal inequívoca de que el margen de maniobra se estrecha.


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