EE.UU-CUBA NEGOCIACIONES
Miami. PLC |A comienzos de 2026, Cuba estuvo más cerca que nunca de firmar un acuerdo energético con Estados Unidos que habría transformado por completo la relación bilateral y el mapa de poder dentro de la isla. Según reveló el Miami Herald, la administración Trump propuso a La Habana un pacto que garantizaba inversión estadounidense en la infraestructura energética cubana y un suministro estable de petróleo, en un momento en que el país enfrentaba apagones de días y reservas al borde del colapso. Pero la operación, conducida por canales alternativos y negociada directamente con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro, terminó hundiéndose entre la vacilación del régimen y la presión política de Miami.
El contexto era explosivo. El 3 de enero, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, dejando a Cuba sin su principal proveedor de petróleo gratuito. Treinta y dos oficiales cubanos murieron protegiéndolo. México cortó envíos tras una orden ejecutiva de Trump que declaraba emergencia nacional respecto a Cuba y amenazaba con aranceles a sus proveedores. Expertos calculaban que la isla tenía semanas de combustible. En ese vacío, Washington ofreció convertirse en el proveedor principal de petróleo de Cuba, alineado con la doctrina hemisférica del presidente Trump.
La propuesta incluía un elemento disruptivo: la privatización de CUPET, la empresa estatal que controla refinerías, almacenes y distribución de gasolina, gestionada en parte por CIMEX, brazo del conglomerado militar GAESA. Para Estados Unidos, el objetivo ideal era que inversores estadounidenses tomaran control total de CUPET. Para Cuba, aceptar implicaba depender de una empresa norteamericana para su supervivencia energética. Se discutieron alternativas, como una empresa mixta o la entrada de inversores de terceros países, pero todas exigían resolver las reclamaciones de ExxonMobil sobre propiedades confiscadas por Fidel Castro, cuya demanda fue autorizada por la Corte Suprema en junio.
El acuerdo habría sido un terremoto político en La Habana. Según la fuente citada por el Herald, la administración Trump vinculó la operación a la salida de Miguel Díaz-Canel, considerado “incompetente” por funcionarios estadounidenses. La idea de que Washington condicionara el suministro de petróleo al relevo del presidente designado por el régimen era inaceptable para la familia Castro. Aunque “El Cangrejo” se mostró dispuesto a reformas económicas profundas, dejó claro que Estados Unidos no podía dictar cómo se gobernaba Cuba. Ni él ni su familia abandonarían el poder.
La filtración de las negociaciones desató una tormenta en Miami. Políticos republicanos cubanoamericanos —Carlos Giménez, Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar— negaron que hubiera conversaciones con la familia Castro y advirtieron que no aceptarían un acuerdo que mantuviera al régimen en pie. Temían una repetición del caso venezolano, donde el pacto entre Trump y Delcy Rodríguez dejó intacta buena parte del aparato chavista. La presión pública convirtió el acercamiento en un riesgo político para Rubio y para la administración.
En Cuba, la figura de Rodríguez Castro quedó expuesta. Sin cargo oficial, su rol en negociaciones secretas provocó críticas inusuales dentro de la isla y perfiles mediáticos que revelaron su estilo de vida. Díaz-Canel, fortalecido por los sectores más duros, adoptó un discurso de “resistencia” frente a Estados Unidos, reforzando la línea de confrontación.
Con el clima enrarecido, Washington abandonó la vía negociadora y redobló la estrategia de sanciones. El 7 de mayo, Rubio sancionó a GAESA. El 20 de mayo, el Departamento de Justicia acusó formalmente a Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. En junio, CUPET fue sancionada por “convertir la energía en arma de control social”. La semana pasada, dos entidades vinculadas a CUPET fueron añadidas a la lista negra.
Mientras tanto, Cuba sigue sin petróleo suficiente. Desde enero solo ha recibido un cargamento ruso en marzo. El gobierno culpa a Estados Unidos por los apagones, pero Rubio respondió en Colombia que la crisis se debe a la pérdida del petróleo venezolano y a décadas sin inversión en la infraestructura eléctrica. “Incluso con petróleo venezolano, Cuba sufría apagones constantes”, dijo.
A pesar del estancamiento político, inversores estadounidenses buscan ocupar espacios dejados por empresas extranjeras que abandonan la isla por temor a sanciones. Dos grupos rivales respaldados por capital estadounidense compiten por la participación de Sherritt en una empresa minera conjunta con Cuba, y según fuentes citadas por el Herald, funcionarios cubanos ya aprobaron la operación. El petróleo estadounidense también fluye hacia Cuba, aunque no en la cantidad necesaria: hasta julio, las exportaciones de combustible a entidades privadas cubanas sumaron 157 millones de dólares.
El acuerdo energético que pudo cambiar la historia reciente de Cuba murió entre desconfianza, presiones cruzadas y la negativa del régimen a ceder poder. La isla continúa atrapada entre apagones, sanciones y una crisis energética que se agrava cada mes, mientras Washington y La Habana mantienen canales abiertos que, según el propio gobierno cubano, “no muestran progreso”.
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